Los talleres de la capacidad

R. Gris
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091118JT_0086.JPG - Foto: Jonathan Tajes

La red integral que apoya a las personas con discapacidad de la provincia está formada por 16 centros. Doce se dedican a personas con discapacidad intelectual y otros cuatro están ocupados por enfermos mentales. Se ubican en diez municipios

Cosen, parten almendras, pintan, juegan con el ordenador... Las personas discapacitadas del Taller Ocupacional de Tordesillas Vicente del Bosque trabajan prácticamente sin descanso desde las ocho de la mañana hasta las tres de la tarde. Cada uno lo hace a su forma, a su estilo, pero la actividad es siempre constante. Los grados de discapacidad son diferentes y las labores distintas, pero las sonrisas en los rostros de todos los usuarios son casi idénticas. 
La Red Integrada que apoya a las personas con discapacidad de la provincia de Valladolid está formada por dieciséis centros de atención, de los cuales, doce se orientan específicamente a personas con discapacidad intelectual, son los Talleres Ocupacionales, Centro de Día y Viviendas Tuteladas y otros cuatro, se destinan a personas con enfermedad mental grave y prolongada, son los Talleres Prelaborales.
En el caso de Tordesillas son 20 las personas con alguna minusvalía que acuden de lunes a viernes a aprender un oficio. Hacen numerosas labores para la empresa Hislabor Decor, ubicada en El Montico, y gracias a ello han aprendido labores como coser a máquina o a enlazar borlas. Lo hacen sin prisa, con la paciencia necesaria debido a su condición, pero con la tenacidad suficiente como para obtener unos resultados óptimos. 
Los talleres prelaborales, ocupacionales y centros de día prestaron servicios durante el año pasado 216 días, con un horario de apoyo entre 30 y 35 horas semanales, concentradas fundamentalmente en horario de mañana, con una o dos tardes en las que se realizaban actividades productivas, de apoyo al proyecto vital personal o de ocio, dependiendo de los servicios.
Las viviendas tuteladas permanecieron abiertas todos los días del año, contando con apoyo permanente de profesionales, excepto el tiempo en que los usuarios han acudido a los talleres ocupacionales. 
De las 189 personas atendidas en la red integral durante el año pasado, 78 eran mujeres, lo que supone un 41 por ciento, frente a 111 hombres, que constituyen el 59 por ciento restante. Como datos curiosos destacan que en el taller prelaboral Pinoduero solamente hay un 10% de usuarias mujeres, y en el Ocupacional de Medina de Rioseco un 14 % de mujeres y por tanto un 86 % de hombres.
por edades. ?La distribución por edades se muestra a continuación: el grupo mayoritario (34 %) se encuentra entre los 45 y 54 años. La persona más joven tiene 17 años y se ha incorporado al Taller de Iscar, mientras que la de mayor edad tiene 72 y pertenece al Taller Ocupacional de Nava del Rey. Destaca también el dato de que el 4 % (8 personas), tienen más de 65 años.
Desde cada taller se han realizado distintas actividades productivas en función de las demandas del mercado, las oportunidades del entorno y las capacidades de las personas. En el caso del taller de Tordesillas, dos personas suelen acudir todos los veranos a la localidad de Villafrades para realizar las tareas de mantenimiento en el pueblo, consiguiendo así independencia personal y económica. 
Durante el año pasado, 21 personas accedieron al empleo, de las cuales doce han sido contratadas por diez ayuntamientos, a través de la convocatoria específica para la realización de obras y servicios de interés público y utilidad social de la Junta de Castilla y León, mientras nueve personas han suscrito contratos con seis empresas. Además, 57 personas realizaron prácticas en ocho entidades o empresas colaboradoras.
Vanesa Milán es una de las tres tutoras que trabajan en el centro. Explica que las personas discapacitadas comienzan a llegar entre las ocho y las nueve de la mañana, ya que se realizan rutas en autobús por parte de la Diputación que recogen en sus viviendas a los usuarios para trasladarlos hasta la calle San Pedro de Tordesillas, donde se ubica el taller. Llegan de toda la comarca. 
Cada uno sabe lo que tiene que hacer en cada momento. Un grupo se pone a coser a la máquina, otro a escachar almendras, otros a hacer labores para la elaboración de velas aromáticas, sacos de calor... Se conocen desde hace muchos años, ya que muchos de los usuarios entraron en el taller hace más de una década. «Hacen kilómetros y kilómetros de borlas para Hislabor», comenta Milán. 
Miguel Ángel es uno de los usuarios con un elevado grado de discapacidad, aunque eso no impide que trabaje como el resto. No obstante, reconoce que le gusta mucho escuchar música con sus cascos, especialmente «Cadena Dial. Me gusta la música española». Anda entre las mesas con una enorme sonrisa. Lleva dos años en el centro de Tordesillas. «Llegué con la Virgen de la Peña, durante las fiestas», habla sin perder en ningún momento la sonrisa. Vanesa Milán es la persona que mejor entiende cada una de las frases. «Hablan a su modo», matiza. 
Se podría decir que la actividad es frenética. Nadie levanta la cabeza ni la mirada de sus respectivas tareas y aquellos que lo hacen se atreven por la curiosidad que representa para ellos el hecho de que un fotógrafo se coloque junto a sus mesas de trabajo. Saben cuáles son sus funciones y las desarrollan con gusto.
Sara San José tiene 44 años y lleva más de una década en el centro. Es natural de Peñaflor de Hornija y se muestra muy orgullosa porque en el taller ha tenido la oportunidad de aprender a coser a máquina. Sabe que no es una experta, es consciente de ello, pero tiene unas nociones básicas y está «muy contenta». Se sienta delante de la máquina y comienzan los pespuntes. «He aprendido muchas cosas. A hacer perfiles para hacer luego los retales y lo que más me gusta es coser los saquitos». Se refiere a los sacos de calor. Ya sabe coserlos. Es todo un logro para ella. Se siente orgullosa. 
Su compañera de mesa se llama María del Carmen Cortijo. Es natural de Matilla de los Caños, pero vive en Tordesillas. En ese momento está ocupada haciendo un perfil precioso que luego intentarán plasmar en la tela. Su sueño es aprender a coser a máquina. «Quiero ayudar a Sara a hacer cosas bonitas en los sacos». La inquietud de los usuarios por aprender es enorme, tanto que no descansan ni cuando salen a las tres de la tarde y se acaba su jornada laboral. «Por las tardes, voy a un centro de educación para adultos para continuar aprendiendo». 
una veterana. María Fe es otra de las personas del taller con mayor grado de disparidad y de las más veteranas. Llegó hace 16 años. Se expresa con dificultad. «Solo quedamos tres desde el principio. Los demás han cambiado». Es la ‘encargada’ de escribir en el ordenador todos los documentos que se elaboran por los usuarios en el centro. «Cada vez que sacamos una noticia o hacemos el boletín del centro cada cuatro meses ella es la encargada de la redacción», comentan los responsables del centro.
Como reconocimiento al esfuerzo, realizado se entrega una compensación económica mensual a los usuarios de cada taller, que pretende contribuir a valorar su trabajo y a que se sientan miembros activos. 
Las cantidades económicas que se reparten dependen del resultado de las actividades productivas y de las circunstancias de cada centro, siendo revisados los criterios de distribución periódicamente. En algunos casos, se ha entregado además una compensación ‘en especie’ consistente en: cesta de Navidad, pago de alguna actividad, regalo, viaje o comida o compra de ropa de trabajo. «Ellos saben que si se esfuerzan y hacen bien las cosas tienen esa recompensa para sus gastos». Todos los productos que elaboran se venden posteriormente en mercados tradicionales y a través de las redes sociales. 
El tiempo pasa y ninguno descansa hasta que llega mediodía. A las doce, con puntualidad inglesa, dejan las herramientas y se levantan dispuestos a salir a la calle. Es la hora de almorzar. Salen disparados cada uno con el bocadillo. «Ya no entienden a nadie», bromea Vanesa Milán, conocedora que estos talleres representan una oportunidad de integrarse en la sociedad para estas personas. La forma de que se sientan importantes y crean que son tan válidos como cualquier otro.