Éxito de lo más difícil

Ilia Galán
-

La pasión de 'Il pirata', de Vicenzo Bellini, llena de ovaciones al Teatro Real con una historia de amor y fiereza

Imagen del escenario, con los actores y cantantes del Coro Titular del Teatro Real - Foto: Javier del Real

Aplausos inagotables y voces que gritan numerosos bravos no son normales en el Teatro Real y, sin embargo, Il pirata lo consiguió en su estreno, la ópera más difícil de cantar de las que suelen tocarse en el gran repertorio, la tercera compuesta por Bellini, con la que lograría el éxito que le consagraría con solo 26 años. Cuando uno visita Catania se queda admirado al ver la catedral y hallar su sepulcro como si se tratara del de un santo, en lugar eminente. Un ángel lo custodia, y el gran compositor y mujeriego que acabaría con innumerables éxitos sus días en Francia ahí yace. 
Cerca está su casa, donde exhiben, como reliquias, fotografías, máscara mortuoria... Plaza principal a él dedicada, el teatro operístico que lleva su nombre, como un templo, uno de los más lujosos del mundo, estatuas y monumentos públicos, como si de un gran héroe se tratara y así lo ha sido para la religión del arte y lo sigue siendo. 
Basta acudir al Real y ver el entusiasmo que levanta esta ópera con la que se dio paso al estilo romántico, algo más naturalista, con líneas melódicas menos adornadas, alejándose ya de Rossini, para poner en escena un drama de amor y rebelión, donde el tirano, Ernesto, fuerza a Imogeme para esposarla mientras su amado, perteneciente a una familia noble contraria, Gualtiero, se ve obligado a exiliarse y vivir como pirata. 
Javier Camarena, tenor (Gualtiero)Javier Camarena, tenor (Gualtiero) - Foto: Javier del RealEl telón se abre con tempestad romántica, el coro «ruega a ese Dios protector de los desamparados» para que salve a los náufragos de un barco que se hunde; entre estos está Gualtiero que, sin saberlo, es rescatado por su antigua amada, la duquesa, ya casada con su enemigo. Ella, reconociéndolo, pedirá comprensión, pues lo hizo para salvar a su moribundo padre de la prisión. Un hijo nació de esa unión, pero el amor rebrota y fuerza la situación hasta que el duque les descubre; un duelo hace que este muera y el pirata, que dice cómo «el amor es un rayo de luz en las tinieblas de su vida», loco de amor, no quiere huir y se entrega a los adversarios para juzgarle y conducirle al cadalso. 
Felice Romani, autor del libreto, es el mismo que redactó el de la pasada ópera estrenada en este teatro, L’elisir d’amore. Sus éxitos le llevaron a trabajar también para Rossini, Donizetti, Meyerbeer... Todo impregnado de romanticismo queda, música, trama y ambiente, aunque con suavidad itálica, relajada la tensión con una orquesta amable en momentos clave. Aunque el creador buscaba los contrastes abruptos, la tragedia que arroja a los extremos, rompe con los moldes morales o políticos. El pirata, como figura romántica, se encuentra en Maturin, Espronceda o en Byron, convertido en símbolo, a partir de Los bandidos de Schiller: la libertad frente al sistema, omitiendo los crímenes de aquellos forajidos. La acción, situada en la Sicilia medieval muestra fiero al pirata pero también amoroso.
Esta reposición, que podrá verse hasta el próximo viernes, llega desde La Scala de Milán, donde triunfó por vez primera en 1827. Quisieron conocerla por toda Europa: Nápoles, Bolonia, Viena, Dresde, Lisboa, Barcelona y solo después de Nueva York y México llegó a Madrid. Luego serían continuas sus representaciones hasta que a partir de 1843 desaparecieron los cantantes que podían llegar a su nivel y esto la hizo extraña en las tablas, por su mucha dificultad.
Sonya Yoncheva, soprano (Imogene)Sonya Yoncheva, soprano (Imogene) - Foto: Javier del RealExigencia continua ha sido de nuevo encumbrada por el tenor mexicano, Javier Camarena, que levanta entusiasmos con agudos magistrales, entregado a sus papeles y con finura exquisita en sus modulaciones, con increíble aguante que a muchos derrumbaría exhaustos, pero que él sobrelleva, sin amputar las temibles cavalette, aunque haya cortes de fragmentos, según es habitual en estas representaciones. Su papel fue diseñado como el central de la obra. Los extraordinarios éxitos conseguidos por este cantante en El Real, lo están consagrando como una gran figura, queridísima y admirada.


Desenlace sobresaliente

Sonya Yoncheva, (Imogene) con excelente coloratura y potencia hace un buen papel, aunque a veces es diva caprichosa a la hora de seguir la partitura, pero a su trágico final es fiel. Ella, como Camarena, declaró enfrentarse a uno de sus papeles más difíciles. En la escena de esa locura del final de la ópera es magistral el efecto de ese gran velo con el que la duquesa, herida de amor y muerte, se extiende en su canto por encima del sepulcro de su marido mientras escucha cómo ejecutan a su amado, el pirata. Final modelo será para las heroínas de la tragedia romántica, aunque hubo una primitiva versión donde es el pirata el que acaba con un asalto de los suyos y su posterior suicido. 
Tanto la dirección de escena, de Emilio Sagi, como la escenografía, intemporal, de Daniel Bianco, funcionan con un encanto estético que maravilla, algo más minimalista en el primer acto. Vestidos decimonónicos blancos y negros juegan como un ajedrez entre luces y árboles invernales que al fondo parecen, más que un paisaje de Sicilia, de un norte wagneriano. El coro, excelente, como es habitual, y la batuta de Benini, perfecta.


Escena final, con el magistral efecto del velo como alegoría del dolor amoroso
Escena final, con el magistral efecto del velo como alegoría del dolor amoroso - Foto: Javier del Real