Una cicatriz en Cachemira

Jaime León (EFE)
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La frontera que separa La India de Pakistán sufre violaciones continuas que hacen temer una posible guerra nuclear

Vecinos de Chakothi, tras un ataque indio. - Foto: DANISH ISMAIL

Como una cicatriz de 780 kilómetros, la Línea de Control (LoC) separa las potencias nucleares de La India y Pakistán en la disputada región de Cachemira, una frontera de facto que no evita las constantes violaciones del alto el fuego que han costado la vida este año de al menos 31 personas.
«A partir de ahí, es territorio indio», afirma un soldado paquistaní señalando unas piedras que marcan la LoC en un puesto del Ejército que cuenta con una especie de mirador con cristaleras desde el que se ve el lado indio en el sector de Chakothi, donde 800 soldados cubren 11 kilómetros de la LoC. A unos 60 metros más arriba ondea una bandera india, indicando la presencia de un puesto militar en la Cachemira controlada por Nueva Delhi, la única región del gigante asiático de mayoría musulmana.
Los soldados de ambos bandos pueden verse casi a simple vista.
Un niño mira a través de una verja en la región.Un niño mira a través de una verja en la región. - Foto: Danish IsmailEsta suerte de frontera fue establecida con el nombre de Línea del Alto el Fuego bajo los auspicios de la ONU en 1949 tras la primera de las dos guerras que han librado ambos países por el control de Cachemira, tras su independencia del Imperio Británico en 1947. En 1972, pasó a denominarse Línea de Control para subrayar su importancia y en el año 2000 el entonces presidente de EEUU, Bill Clinton, la calificó como «el lugar más peligroso del mundo», ante el temor a una nueva guerra tras el conflicto de Kargil en 1999.
Ahora, vuelve a ser un punto caliente desde que en septiembre La India derogara el estatus especial de la Cachemira que controla, acabando con su autonomía y dividiendo la región en dos territorios.
A partir de entonces se ha disparado la tensión con avisos del peligro de una posible guerra nuclear, según ha repetido el primer ministro paquistaní, Imran Khan, que insiste en comparar con Hitler a su homólogo indio, Narendra Modi.
Puesto militar en la Línea de Control, considerada el «lugar más peligroso del mundo» por Bill Clinton.Puesto militar en la Línea de Control, considerada el «lugar más peligroso del mundo» por Bill Clinton. - Foto: DANISH ISMAILEse repunte de la tensión se produce después de que en febrero los dos países vivieran su peor escalada bélica en décadas con bombardeos y derribos de cazas, y se ha traducido en nuevas acusaciones de violaciones del alto el fuego acordado en 2003.
Nueva Delhi informó de 1.248 infracciones de su vecino en la primera mitad del año y la muerte de cuatro personas. Desde el otro lado, cifran en 2.225 los incumplimientos, que han matado a 27 civiles y herido a 144.

Miedo y preocupación 

Así, los habitantes de Chakothi viven atemorizados.
«He mandado a mis dos hijos y a mi mujer a Rawalpindi (ciudad cercana a la capital) por la situación aquí», explica Raja Altaf, un tendero que afirma que no es fácil vivir en la proximidad de la India, que recurre, según agrega, a disparos a través de la LoC. 
El joven Asad Munir afirma no tener miedo, pero sí tristeza y preocupación por la situación en la Cachemira india, donde el Gobierno cortó las comunicaciones cuando derogó su autonomía para evitar posibles protestas. El joven explica, además, que su madre perdió una mano en un ataque indio que golpeó su casa en 2003.
Los militares paquistaníes acusan a sus rivales de atacar a civiles, mientras que ellos actúan de forma «profesional» y no disparan contra la población, aseguran. Según ellos, Nueva Delhi recurre a las violaciones del alto el fuego cuando el país se encuentra estable para desequilibrarlo y subrayan que nunca inician los enfrentamientos a través de la LoC.
La India, por su parte, acusa a Islamabad de «infiltrar» a terroristas en su territorio alimentando la insurgencia que desde finales de la década de 1980 ha sufrido Cachemira, una acusación que repitió esta semana, algo calificado de «locura» por el Ejército paquistaní.
Mientras las autoridades de ambos países se acusan de iniciar enfrentamientos y apoyar a terroristas, los civiles de los dos lados sufren las consecuencias de un conflicto de bajo nivel que se prolonga ya 72 años.