El machismo repunta en las aulas

Óscar Fraile
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La empresa contratada por el Ayuntamiento para dar talleres sobre igualdad en los institutos alerta de un aumento de actitudes y comentarios machistas entre los alumnos, tanto chicos como chicas, y de la «normalización» de la violencia y los celos

El machismo repunta en las aulas

Dice Alberto (nombre ficticio) que en su casa no hay machismo. Que su padre «ayuda» a su madre en las tareas del hogar. Y añade que él controla los mensajes del móvil de su novia porque es lo normal. Más que eso. Es una prueba irrefutable del amor que siente por ella. Este alumno de un instituto cualquiera de Valladolid es el prototipo de estudiante que normaliza el machismo y la violencia hacia las mujeres sin considerarse una persona machista. Asume como normales unos roles de los que se ha ido empapando durante sus 15 años de vida, ya sea en casa, en la propia escuela, en Internet o en el entorno de los amigos.
Una actitud que, en contra de lo que se pudiera pensar, va en aumento en las aulas, pese a que siguen siendo una minoría los que la adoptan. Así lo aseguran, por ejemplo, desde la empresa Eco-Ocio, adjudicataria del contrato municipal para impartir talleres en los institutos de Valladolid sobre igualdad y para prevenir la violencia de género. «Lo hemos empezado a notar de forma más clara hace un par de cursos, y a partir de entonces solemos hablar entre nosotros de lo que dicen los alumnos en los diferentes centros», señala Isaac Prieto, el responsable de esta empresa, que encarga esta labor a personas con formación en igualdad de género, pero también con la suficiente empatía para conectar con los adolescentes.
Unos estudiantes que han crecido con esos mantras que dicen que los niños que lloran son unas ‘nenazas’, que los que corren mal lo hacen como un niña y que son ellos los que deben jugar al fútbol en el recreo porque ellas no saben hacerlo.
¿Y qué dicen los alumnos? Los responsables de Eco-Ocio han recopilado algunas frases en los talleres que demuestran el amplio margen de mejora que hay en esta materia. Algunas, por ejemplo, niegan que haya desigualdad: «Eso que dices ya no pasa, la igualdad es un hecho». Otros alumnos masculinos suelen replicar con la supuesta violencia que sufren los hombres y que, según ellos, tiene menos trascendencia mediática: «Siempre estáis con que pasan cosas, pero a los chicos también nos pasan» y «a nosotros también nos matan y nadie dice nada, ¿eso está bien?».
Otras de las frases recopiladas en estos talleres restan importancia a la desigualdad que sufren las mujeres: «¿Hay que sacar punta a todo?». Otras se hunden en la resignación: «Las cosas son así y no podemos cambiarlas, yo sé por qué hago las cosas, porque son así y punto».

VISIÓN DEL FEMINISMO

El auge del movimiento feminista también es objeto de comentarios en estos talleres. Y no precisamente amables. «El supremacismo feminista nos quiere marginar para meter mujeres hasta en política, aunque no valgan», señalaba un alumno. «¡Ahora con tanta chorrada no puedo ni maquillarme, y me tengo que dejar los pelos del sobaco porque tú lo digas!», recriminaba una estudiante a otra en otro instituto. Todas son frases de alumnos de Primero, Segundo, Tercero y Cuarto de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), es decir, de entre doce y quince años.
Desde la empresa que imparte estos talleres aseguran que uno de los problemas es que los adolescentes no tienen muy claro qué es la violencia de género. «Es la que sufre un hombre o una mujer», llegó a decir un estudiante. Pero no.  Naciones Unidas la define como «todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada». Por otro lado, la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género de España la define como «manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres que se ejerce sobre estas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aún sin convivencia».
A este desconocimiento se suma cierta desconfianza hacia las fuentes oficiales. Cuando en estos talleres se aportaban cifras del Instituto Nacional de Estadística y del Consejo General del Poder Judicial, algún estudiantes contestaba: «Esos datos... a saber».

ESPACIOS COMUNES

Otra de las experiencias de las personas que imparten estos talleres tienen que ver con la diferente percepción que tienen niños y niñas sobre el uso de los espacios comunes y las actividades deportivas. «Las niñas no juegan al fútbol porque no quieren, se lo decimos y no quieren», dicen ellos; «es mentira, no nos dejan o no nos pasan el balón», responden ellas, según explican desde de la empresa Eco-Ocio.
La mayor parte de este machismo incipiente aparece en las primeras relaciones, cuando alguno de los jóvenes interpreta el control de su pareja como una señal de afecto. Y, por lo tanto, está bien visto controlar los mensajes del móvil o ‘prohibir’ ciertas prendas para no atraer las miradas de los demás. «Además, son actitudes que se dan por igual en chicos y chicas», señala Prieto. Y aunque siguen siendo minoritarias, tampoco son residuales. «No es una cosa que pase en un chico de cada cuarenta, es probable que el 20 por ciento de los alumnos de cada clase piense así», añade.
Esta realidad demuestra que es muy complicado cambiar ciertas tendencias sociales, por muchas leyes que se aprueban o campañas de concienciación que se pongan en marcha. Los procesos de ‘reeducación’ siguen siendo lentos, y a veces tienen que remar contra corriente de lo que los niños ven en casa, en la publicidad y en los medios de comunicación, que tienen «mucha responsabilidad», según Prieto. El programa sobre igualdad y prevención de la violencia de género que imparte esta empresa consta de varios talleres, con nombres como ‘Enróllate con la igualdad’, ‘Ni príncipes ni princesas’ y ‘Una ciudad igualitaria’.

LOS PROFESORES

Mónica Domingo es profesora en Primero y Tercero de la ESO y reconoce que, aunque no existen problemas graves de convivencia en las aulas, sí que hay actitudes en ciertos alumnos que se pueden considerar machistas. «Algunas alumnas dicen que ellas no dejan que su novio vaya con otras chicas, como si eso fuera una cosa normal», señala. Ella coincide con Prieto al señala que esta forma de actuar suele aparecer cuando los jóvenes comienzan sus primeras relaciones de pareja, y no tanto entre los amigos. Es más, sostiene que esas relaciones sociales han pasado de lo más habitual hace años, que era que los chicos estuvieran por un lado y las chicas por otro, a los grupos mixtos actuales.
El trabajo en las aulas para corregir estas conductas es diario, aunque no siempre dé sus frutos. «Solemos dar charlas relacionadas como temas como sexo, atención a la diversidad, prevención del acoso, etcétera, y también contamos con alumnos mediadores que se encargan de vigilar otros aspectos que se nos escapan a los profesores a nivel de acoso», asevera. En cada grupo hay dos o tres mediadores, elegidos por sus propios compañeros, a los que los estudiantes pueden acudir si tienen algún problema y no se atreven a decírselo a los profesores. Estos alumnos, que han recibido una mínima formación, luego trasladan esos conflictos a los profesores en reuniones que se celebran mensualmente.
Todo ello para contrarrestar mensajes que les llegan a los jóvenes a través de otras vías. Por ejemplo, la música. «Los chicos cada vez están más solos en casa y tienen más acceso a las redes, donde hay vídeo agresivos y canciones con letras muy posesivas, en la que se trasladan mensajes como ‘tú eres mía’, ‘sin ti no soy nada’, ‘tenemos que estar juntos siempre’ y ‘el amor tiene que doler’», concluye esta profesora. 

 


 

EL APUNTE: «El 90% de los problemas en el instituto son por las redes sociales»

Las redes sociales y Whatsapp se han convertido en un territorio propicio para el acoso entre los más jóvenes, pese a los intentos de colegio e institutos de poner coto a estas actitudes. También son herramientas donde se difunden mensajes sexistas, muchas veces en forma de chiste. «El otro día comentaban un mensaje de Instagram que decía ‘se busca chica guapa, pero que sepa planchar’, y otro similar en el que ponía ‘se busca tío bueno, pero que me proteja’», explica el responsable de Eco-Ocio. Prieto reconoce que las redes sociales «se utilizan mucho para acosar» y chantajear. Por ejemplo, para amenazar a alguien con colgar en ellas fotos suyas sin su permiso. Lo mismo asegura Mónica Domingo, profesora de Primero y Tercero de la ESO en un instituto de Valladolid. Según ella, existe una barrera entre la teoría, que los alumnos suelen comprender bien, y la práctica. «Muchas veces hemos tenido charlas impartidas por la Policía en las que les avisaban, por ejemplo, de que en las redes sociales no se pueden meter con nadie ni colgar fotos de otras personas, porque es delito, y al día siguiente lo hacen tres», señala. Domingo añade que «el 90 por ciento de los problemas que hay ahora mismo en el instituto tienen que ver con las redes sociales». Por ejemplo, por las parejas de adolescentes que rompen la relación y después se dedican a descalificar al otro en estas plataformas. «Suelen colgar cosas que saben que van a hacer daño y ofender a la otra persona», explica. Unas prácticas que incluso pueden llegar a suponer problemas legales para los jóvenes.