"Lo platónico y la vida poco tienen que ver"

María Albilla (SPC)
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Entrevista a Ramón Campos, guionista y novelista

"Lo platónico y la vida poco tienen que ver" - Foto: JUAN LAZARO

Hay personas que no dejan nunca de imaginar historias y Ramón Campos es una de ellas. Así, en 2007 fundó con su esposa, Teresa Fernández-Valdés, la productora Bambú, de la que han salido series como Velvet, Las Chicas del Cable, Gran Hotel o Fariña. Pero Campos, esta vez en solitario, se ha visto seducido por el brillo de los diamantes en El orfebre. Es su primera novela y también la primera vez que se ha dejado llevar por su imaginación, sin que los ajustados presupuestos de una producción audiovisual manden. El resultado es una novela ágil y cinematográfica en la que cada vez que se pasa página, sucede algo.
¿Por qué decide dar el salto del medio audiovisual al papel? 
Porque encontré un manual de diamantista en una librería de viejo escrito en 1880 que me llamó mucho la atención, sobre todo por los detalles que aportaba. Al investigar un poco más, encuentro la historia de que a finales de ese siglo se había encontrado una piedra preciosa a los pies de una montaña en Sudáfrica y esa montaña, con la llegada de miles de mineros, se convierte en un agujero de 240 metros de profundidad. Vi rápido que era una buena trama, pero que era inasumible desde el punto de vista audiovisual. Así que pensé que la novela podría ser el mejor formato.
De hecho, viajó a Sudáfrica para entender adónde tenía que viajar Bernart, su protagonista. ¿Cómo fue esa experiencia? 
Fue durante la escritura del libro. Yo sabía que iba a acabar allí porque fue donde se encontró la Estrella de Sudáfrica y era parte de la historia. Empecé a documentarme sobre la Barcelona de la época, de Ámsterdam, de los barcos... y me fue bastante bien, pero según llegaba a Sudáfrica no tenía ni idea de qué color era la tierra. No tenía ni idea y no encontré casi nada de cómo era Kimberley en el XIX. ¡Me quedaba media novela! En una semana mi mujer y yo estábamos viajando hacia allí.
¿Y qué encontraron? 
Kimberley podía haber sido una ciudad riquísima. Salieron de allí 2.400 kilos de diamantes y es de las más pobres del país. Los turistas no pueden salir solos a la calle. Llama la atención cómo los europeos esquilmamos África a lo largo de la Historia y cómo nos hemos ido de allí sin dejarles absolutamente nada.
Los diamantes ya eran entonces de sangre... 
Sí, en aquella época ya lo eran, incluso entre los propios europeos que fueron hasta allí. Y lo eran también porque se esclavizó a muchísima gente para su extracción.
El protagonista viaja en busca de la mayor piedra jamás encontrada y lo hace por amor. Para lograrlo lucha, pelea, persevera... ¿Es un romántico o un insensato?
Es un romántico que se va a dar cuenta de que el amor utópico es eso, utópico, y poco a poco irá entrando en razón. Para mí, era importante que el viaje fuera una reflexión de que lo platónico y la vida poco tienen que ver. Una vez que aprendes eso, estás preparado para tomar decisiones.