El Camino del Cementerio, un lugar muy transitado

Jesús Anta
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El Camino del Cementerio, un lugar muy transitado - Foto: Jonathan Tajes

Jesús Anta repasa en su callejeando la evolución de esta calle y su entorno

Antes de que existieran más cementerios que el del Carmen y la incineración estuviera permitida, sin duda todas las personas, vivas o muertas, recorrerían el Camino del Cementerio al menos una vez.
El camino, hasta no hace tanto, era un lugar solitario y desde luego poco transitado salvo para acudir a entierros, a la iglesia de Carmen Extramuros o a su campa el día de la romería. Cierto es que había varias marmolerías, algún taller, y cuadras y fincas.
Ahora es un lugar concurrido y de agradable paseo debido a los numerosos negocios y servicios que se han ido estableciendo, o creciendo, en ambos lados del camino: talleres, una imprenta, colegios, un tanatorio, venta de automóviles, talleres de cantería, un gran supermercado, dependencias universitarias, dos residencias de estudiantes y otra de personas mayores, el borde de los barrios de San Pedro Regalado y Belén, algún establecimiento hostelero, y hasta una clínica podológica, amén de ser una vía de salida y entrada de la ciudad para conectar con las rondas. En definitiva, una calle frecuentada.
Más no debe pasarse por alto otro importante punto de atención, cual es el arbolado, que incluso en algún caso ha sido incluido en el catálogo de árboles notables de Valladolid. Básicamente encontraremos varias acacias de tres espinas en el puente sobre la Esgueva, algunas falsas acacias, cipreses y corpulentos ejemplares de almez. Un árbol que se conoce por otra media docena de nombres vulgares, que es la terminología que aquí he utilizado para citar los árboles.
Comienza el camino allí donde la calle Amor de Dios se divide en avenida Valle de Esgueva y camino del Cementerio, junto a un singular edificio de ladrillo que se conoce como ‘el picón’: unas dependencias sin prácticamente uso pertenecientes a la Confederación Hidrográfica del Duero. Pasado el centenario puente sobre la Esgueva, a mano derecha están la Residencia Deportiva ‘Río Esgueva’, y las renovadas instalaciones deportivas de los años 60 que ahora acogen competiciones del máximo nivel, por tratarse de uno de los pocos Centros Especializados de Alto Rendimiento que hay en España.
Allí donde el Ayuntamiento ha delimitado nuevas calles con nombres de jardines señalados de España, como Jardines de la Alhambra, hay grandes solares a la espera de viviendas y de un nuevo Centro de Salud para servicio de los barrios colindantes. Y prácticamente enfrente está la Casa de Beneficencia, que desde 1818 hasta 1979, año en el que se trasladó aquí, estaba en la calle Real de Burgos (en el edificio que ahora forma parte de la Casa del Estudiante).
El paseo de Belén, que desemboca en el camino del Cementerio, es el punto de partida del Campus Universitario Miguel Delibes, del que vemos la parte de atrás de diversas facultades universitarias. 
Pegado a nuestro camino, la Universidad inauguró hace dos años el Arboreto que rinde homenaje a Miguel Delibes y a los tres paisajes vallisoletanos más característicos, presentes en las novelas del escritor: la Tierra de Pinares, de Campos y los páramos del Cerrato y Torozos. Diversos paneles ilustran sobre la obra de Delibes y los paisajes con su flora y fauna. El nombre de arboreto recoge una tradición universitaria de principios del siglo XIX por la cual se plantaban especies vegetales que sirvieran para hacer prácticas por parte del estudiantado de ciencias y medicina… cuando la medicina era verdaderamente artesanal. Valladolid tuvo el suyo entre 1849 y 1909 en los jardines de la Facultad de Derecho, único edificio docente que existía entonces. 
Si el camino que estamos recorriendo tiene un destino este es, sin duda, el Cementerio Municipal llamado del Carmen. Sus orígenes se remontan a 1833, cuando en septiembre de aquel año se procedió al primer enterramiento en una huerta que el Ayuntamiento habilitó junto a la iglesia del Carmen de Extramuros. Y en 1843 concluyó la ampliación mediante la ocupación de unas cinco hectáreas (de las 35 que actualmente tiene el cementerio). Por eso en su reja de entrada figura esa fecha. Al cementerio quiso dársele cierta belleza y en la puerta principal se instaló el cuerpo bajo de la fachada del colegio o convento de San Gabriel, que estaba junto a la iglesia de San Agustín, actual Archivo Municipal.