La política cercana

Antonio Pérez Henares
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Hay representantes de la ciudadanía que lo son por vocación, convicción y servicio, aunque salgan muy poco en los 'papeles'

La política cercana

Los políticos son los principales responsables del desprestigio de la política. Se lo han ganado a pulso y han sido ellos, muchos de ellos, de todos los espectros ideológicos, sus comportamientos y hechos los que han conseguido que no poca gente haya acabado por aborrecer esa actividad de representación de la ciudadanía que se ha convertido en profesión y carrera y pura y simple ambición, consecución y mantenimiento del poder. Pero sería una tremenda injusticia el meter a todos en el mismo saco y declararlos a todos culpables por igual y sin distinción alguna.
 Hoy, por ello, quiero hablar de quienes se salen de esas pautas, de quienes están en la política por vocación, por convicción y por servicio. Y de ellos hay muchos, muchos más que de los otros, aunque no lo parezca, pero estos salen menos en los papeles y en las teles. Porque no suelen ser quienes ocupan las cúpulas partidistas ni posan en las grandes fotos del poder. No. Donde suelen estar estos es por los pueblos. Bueno por los pueblos y también por villas y ciudades, en la política cercana, en la de más a pie de calle. Ellos son, por supuesto que también lo hay en otros cargos y actividades, pero sobre todo alcaldes y concejales. Y de entrada una cosa, que no cobran. La política a una gran mayoría de ellos les cuesta disgustos y dinero. También les da la alegría de ver realizado su empeño de mejorar los lugares donde actúan y la vida de sus vecinos. Y eso les compensa.
 Porque hay una verdad muy desconocida, de las decenas de miles de cargos municipales que se van a elegir el día 26-M, la gran mayoría no percibe ingresos y como mucho le pagan los gastos. Vamos que en la política están por amor a ese arte y por ideología, en este caso en su aceptación más cercana al idealismo, aunque también hay caso por obligación y por cargar responsablemente con un peso con que no quiere cargar nadie. Que eso pasa en no pocos sitios.
 Esta política cercana y sacrificada, porque lo es, aunque también de satisfacciones y cumpla sueños y ganas de notoriedad, dignifica mucho más la política que las proclamas y los discursos tantas veces vacuos y hueros, cuando no directamente mentirosos, de sus jefes de partido. Y a ellos, en estas vísperas, y desde el creciente aborrecimiento y repudio a la olla política, cada vez más podrida, quiero expresar mi reconocimiento y la estima por ser ellos mas que ninguno de sus congéneres quienes pueden ayudar a mantener la fe, aunque sea mínima, en el sistema. Conozco a muchos alcaldes y todavía a más concejales y sé de su trabajo y en muchos casos ni agradecido ni pagado. Y aunque en algunos casos si perciban sueldos bien se lo ganan con creces. También caso en los que hacen un esfuerzo por seguir, para cuando dejen el cargo, ejerciendo sus profesiones, aunque sea de manera restringida, por ejemplo la de médico. Que algunos, ¡qué cosas! viendo el panorama nacional , las tienen y no quieren abandonarlas del todo. 
 En todos los sitios cuecen habas, desde luego, y cuanto más grande es el campo cultivo, más tentaciones aparecen. Tiempo hubo, y sigue habiendo, en que hacerse con la concejalía de urbanismo de según que localidades suponía, y aún supone aunque cada vez más vigilado, un premio gordo, para el partido y para el partidario en concreto que se hacía con el cargo. Casos de estos han llenado los juzgados y otros son moneda común de las gentes al constatar de algunos personajes que entraron con los bolsillos escuálidos y salieron con ellos reventones. Vamos que la corrupción, y cuanto mayor es el volumen de los dineros que circulan, no ha sido en absoluto ajena y en buena medida es ahí donde se inicio y propicio el cáncer. Eso no hace falta ni recordarlo porque por ahí sigue a cada paso oliendo la basura.