El líder que aspira a una remontada soñada

SPC
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Pablo Casado se ha consolidado al frente del PP, a pesar de la fragmentación del voto de la derecha, y ahora confía en ganar las elecciones

Cuando parecía aún lejana la sucesión de Mariano Rajoy eran varios los nombres que se repetían en las quinielas, empezando por el de Alberto Núñez Feijóo y sin olvidar a Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal. En muy pocas aparecía entonces el de Pablo Casado (Palencia, 1981). Pero como culminación a su meteórica carrera, el palentino se hizo con el liderazgo popular, dejando atrás a la generación de todos esos dirigentes llamados por unos, por otros o por ellos mismos a ocupar el puesto. Un puesto que ha consolidado con los meses, a pesar de haber cosechado en abril el peor resultado histórico del PP en las urnas. Sin embargo, desde entonces, la situación ha dado un vuelco y algunos sondeos sitúan a los populares a apenas tres puntos del PSOEel próximo 10 de noviembre. 
Diputado en la Asamblea de Madrid entre 2007 y 2009, con Esperanza Aguirre de presidenta de la Comunidad, dejó su escaño para ser director del Gabinete del expresidente Aznar. En el PP había entrado en 2003 y solo dos años después, en 2005, fue elegido presidente de Nuevas Generaciones, cargo que ocupó durante ocho años, hasta 2013. Dos años después, en 2015, dio el salto a la cúpula, primero como portavoz de la campaña de las municipales y autonómicas de mayo de 2015 y luego, cuando Rajoy decidió renovar la dirección tras los malos resultados obtenidos, como vicesecretario de Comunicación. Casado entró con ese cargo en un nuevo comité de dirección en el que había otras caras desconocidas a nivel nacional, como Fernando Martínez-Maíllo, Javier Maroto o Andrea Levy.
Desde su aterrizaje en la cúpula popular, Casado estuvo muy presente en los medios de comunicación, pero, además, tuvo una agenda repleta, en ciertos casos mucho más cargada que la de sus compañeros del comité de dirección, y acudía a todo acto social, económico o cultural al que fuera invitado. Parecía que se estaba preparando para su destino de líder.
Su breve carrera en la primera división de la política no ha estado exenta de escándalos, ya que corrieron ríos de tinta sobre la polémica sobre su currículum, la velocidad con la que aprobó asignaturas de Derecho o la forma en la que obtuvo títulos de universidades extranjeras. De todo ello se defendió con uñas y dientes para llegar donde está.
El actual presidente de los conservadores siempre presume de ser de la cuerda de Aznar hasta el punto de que en la anterior campaña lo rescató para tratar de atraer ese voto indeciso de derechas que, casi por primera vez en democracia, tenía tres alternativas donde elegir: PP, Vox y, en menor medida, Ciudadanos. La fragmentación del voto de ese espectro ideológico es una de las grandes batallas de Casado de cara a esta campaña. Su llamada al voto útil no surtió demasiado efecto en la anterior cita con las urnas, pero insistirá en ello. Los sondeos, de momento, le auguran un  importante crecimiento que podría dar al PP, incluso, el triunfo por delante del PSOE. 
El reto de Casado ante el 10-N no es baladí en el actual escenario político. Si recupera La Moncloa para el PP, su liderazgo quedará totalmente bendecido en Génova, pero un nuevo tropiezo le dejaría a los pies de los caballos.