Los tratamientos de reproducción asistida se disparan

Óscar Fraile
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Las mujeres que se someten a este procedimiento aumentan un 7,8% en dos años y el Río Hortega ya atiende una media de 14 consultas al día

Los tratamientos de reproducción asistida se disparan

El 80 por ciento de las 3.675 mujeres que fueron madres en Valladolid en el año 2017 tenían más de 30 años, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Sin embargo, en 1996, dato más antiguo que ofrece el INE, el porcentaje de las que superaban esa edad solo era del 59 por ciento. Unas cifras que ponen de manifiesto que las mujeres cada vez posponen más la decisión de ser madre. Y no siempre por voluntad propia. El deterioro del mercado del trabajo y el avance de la precariedad laboral han hecho en los últimos años que para muchas sea una utopía encontrar la estabilidad necesaria para tener descendencia. A este realidad se une el grupo de mujeres que, a diferencia de lo que sucedía hace décadas, prioriza su carrera profesional a una decisión que, aunque no siempre descarta, sí que suele posponer.
Sea como fuere, todo estos factores han hecho que la edad media para tener el primer hijo en Valladolid pase de los 25 años en 1978 a los 31,6 en 2018, según el INE, y que tener hijos cerca de los 40 sea frecuente. De hecho, más de 400 mujeres fueron madres en Valladolid pasada esa edad en 2017.
Muchas de las mujeres que quieren dar ese paso buscan la estabilidad económica en una lucha constante contra el tiempo. De este modo, las parejas y mujeres que recurren a técnicas de reproducción asistida no han dejado de aumentar en los últimos años. Según los datos facilitados por la Consejería de Sanidad, en 2018 se atendieron en primeras y sucesivas consultas a 3.353 pacientes, 1.835 en el Hospital Clínico Universitario y 1.518, frente a los 3.347 de 2017 y 3.109 de 2016. El año pasado el número de consultas, que no de pacientes, se elevó a 5.106 en el Río Hortega y 456 en el Clínico. Un incremento de la demanda que también se ve reflejado en las mujeres en lista de espera para la primera consulta. A finales de 2018 eran 119 (54 en el Clínico y 65 en el Río Hortega), casi el doble de los 68 que había a finales de 2017.
Pese a todo, se da la circunstancia de que Castilla y León es una de las comunidades con menor tiempo de espera para someterse a estos tratamientos en el sistema público. Si en Cataluña puede llegar a 24 meses y en Madrid a 18, según la Sociedad Española de Fertilidad, en el Río Hortega es de entre diez y doce y solo seis en el Clínico.
El jefe de la Unidad de Reproducción Asistida del Clínico, Luis Rodríguez Tabernero, confirma que el retraso en la concepción es el principal factor del aumento de la utilización de técnicas de reproducción asistida, aunque también influye la «pérdida de la vergüenza y el miedo» que antes tenía la población, basada en el desconocimiento. «Aunque cada persona es un mundo, a partir de los 35 años las posibilidades de que una mujer se quede embarazada bajan, y mucho más a partir de los 40, cuando la mayor parte de los ovocitos tienen anomalías cromosómicas», explica. Por eso recomienda a las mujeres que tengan pensado ser madres después de los 35 que congelen antes de esa edad sus ovocitos. Este procedimiento es gratuito en el sistema público. Tan solo hay que tener más de 18 años y menos de 40 y llevar más de un año intentando quedarse embarazada, en el caso de las parejas heterosexuales, que siguen siendo el perfil más habitual. «Aunque cada vez es más frecuente que vengan mujeres solas o parejas de mujeres», reconoce el doctor Tabernero.
Dentro de estos procesos hay varias técnicas. La más «sencilla» es la inseminación artificial, para la que se exige que la mujer tenga menos de 38 años y, evidentemente, carezca de problemas físicos que la impidan concebir. En el primer intento la tasa de éxito ronda el 25 por ciento, y después de cuatro intentos se eleva hasta el 80 por ciento. En cambio, en la fecundación invitro la tasa de éxito está entre el 35 y el 40 por ciento en cada ciclo. Tabernero también es el responsable de la Unidad de Reproducción Asistida del Grupo Recoletas. Según él, hay tres perfiles de mujeres que recurren a la sanidad privada: las que tienen más de 40 años, porque ya no se las atiende en la pública, las que se acercan a esa edad y no pueden asumir la lista de espera y las que no han tenido éxito en el sistema público y necesitan una donación de ovocitos, muy restringida fuera de las clínicas privadas. También acuden las que quieren congelar sus ovocitos. El coste de una inseminación artifical ronda los mil euros y el de una fecundación in vitro convencional, los 4.000, que se pueden incrementar si son necesarios tratamientos adicionales.