El reto de vivir sin plástico

M.Rodríguez
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La iniciativa 'Julio libre de plástico' buscar reducir su consumo y un comercio más sostenible. Un kit básico de compra permite eliminar muchos residuos

El reto de vivir sin plástico - Foto: Jonathan Tajes

El plástico se ha convertido en uno de los grandes enemigos para la sostenibilidad medioambiental del planeta. Las imágenes de mares y océanos llenos de plásticos o de peces asfixiados por bolsas han conseguido gran un impacto social y que se multipliquen las iniciativas para reducir o eliminar su consumo. El reto de vivir sin plásticos puede ser, de momento, una filosofía de vida para algunos consumidores, muchos de los cuales secundan el ‘Plastic Free July’, una iniciativa que surgió en 2011 en Perth (Australia) para reducir el uso de plásticos de un solo uso. Una propuesta que el año pasado siguieron personas de 177 países y que tuvo un gran impacto en la reducción de residuos plásticos. 
El cambio de costumbres y de hábitos de consumo no se antoja fácil porque cada español usa 144 bolsas de plástico y genera 23 kilos de esta basura al año. Unos residuos que tratan de rebajar los gobiernos con la nueva legislación que se está aprobando en los últimos meses. Así, si primero se obligó a los comercios a cobrar por las bolsas de plástico, ahora la Unión Europa ha acordado que los plásticos de un solo uso, como platos, cubiertos, pajitas, bastoncillos para los oídos, palitos de plástico para sostener globos y plásticos oxodegradables y contenedores alimenticios y tazas de poli estireno. estarán prohibidos en a partir de 2021. Europa también se ha fijado el objetivo de que los Estados miembros recuperen el 90% de las botellas de plástico en 2029. En 2025 el 25% del plástico de las botellas deberá ser reciclado y el 30% en 2030.


Consejos. El problema del plástico convencional es que no se biodegrada, se descompone en partículas más pequeñas pero no cambia su composición química. Hay muchos que no se puede reciclar y los que se depositan en el contenedor de reciclaje se convierte en productos que no se van a poder reciclar de nuevo, como telas, lonas, cuerdas, contenedores, paneles, maderas plástica, papeleras... No se consigue crear lo que se denomina economía circular y sólo se alarga un poco la vida del material.
La economía circular se inspira de los procesos regenerativos de la naturaleza donde todo se aprovecha y el concepto de residuo no existe, «ya que aquello que un ser vivo no necesita, para otro es un nutriente de gran valor. Por lo tanto los residuos realmente se consideran recursos», explica Beatriz Quintana. Esta emprendedora vallisoletana ha puesto en marcha el proyecto Cultura Circular, con el que lleva meses impartiendo talleres en universidades, colegios o empresas para explicar la «capacidad de cambio» de la economía circular. Y ahora se ha sumado al reto de vivir un mes sin plástico y desde sus redes sociales ofrece consejos a sus seguidores de cómo hacerlo. «Necesitamos poco más que bolsas reutilizables de varios tamaños, algunos táper y otros contenedores de alimentos que tenemos por casa para evitar el plástico de un solo uso en las compras diarias».
En los talleres de Cultura Circular se explica a los asistentes, mayoritariamente mujeres, que no es tan difícil como para. «Es una cuestión de organización», apunta. Eso sí, Quintana critica que los supermercados «no lo ponen fácil» a los consumidores concienciados como ella y no ofrecen la posibilidad de no usar plásticos para comprar fruta, verduras, pescado o carne, entre otros productos. «En eso el pequeño comercio es mucho más flexibles», celebra. Y apunta que una opción son los establecimientos de venta a granel, que en los últimos meses están resurgiendo en la capital. 
«La venta a granel evita envases y también ofrece al consumidor la oportunidad de comprar lo que necesita», explica Jennifer Román, dependienta de Delicias a granel, en la calle Angustias. En este comercio hay centenares de referencias de arroces, especias, semillas, condimentos, frutos secos, azúcares, mieles, sales, aceites, esencias o legumbres. «El cliente puede traer su envase o usar las bolsas de papel», apunta Román. Aunque también tiene bolsas de plástico porque algunas personas las «reclaman». La dependienta apunta que comprar en este tipo de comercios de venta a granel «no es más caro» porque el cliente se lleva «la cantidad justa» y también porque hay productos «muy económicos». También explica que se apuesta por los productores locales, como en el caso de los legumbres, origen de la empresa familiar propietaria del mismo.
El fin de la cadena para intentar reducir los residuos de plástico en Valladolid pasa por el reciclaje. La empresa Ganamos reciclando es la primera en España en incorporar máquinas de reciclaje con incentivos para premiar a los usuarios mediante descuentos, que reciben de manera directa o instantánea cuando realizan el reciclaje. De momento, ha instalado máquinas en el mercado de Las Delicias, en el Clínico y en gasolineras de Renedo y Laguna.