116 pueblos de Valladolid están en riesgo de desaparición

Óscar Fraile
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El informe, financiado por la Diputación, sostiene que la mayor parte de los vecinos ve con buenos ojos una iniciativa para la que los autores reclaman mayor implicación política

116 pueblos de Valladolid están en riesgo de desaparición

¿Pueden los refugiados y los miles de extranjeros que buscan una oportunidad fuera de su país solucionar el problema de despoblación que sufre el entorno rural? Esta es la pregunta que se hizo un grupo de investigadores vinculado a la Facultad de Educación y Trabajo Social de la Universidad de Valladolid antes de iniciar el trabajo que ha derivado en el estudio Despoblación rural y acogida de refugiados y migrantes en la provincia de Valladolid, financiado por la Diputación.
Un trabajo en el que se implicaron 27 personas y que pretende demostrar que, si esa acogida se hace de forma ordenada, en función de las necesidades de desarrollo de cada zona, y teniendo en cuenta lo que pueden aportar los que lleguen, esta acogida podría ser una doble solución para los problemas de estas personas y los de la provincia.
El estudio sostiene que en Valladolid hay 119 pueblos que están en riesgo de desaparición y en 57 de ellos ese peligro es muy elevado porque tienen menos de cien vecinos. Además, según la proyección de población que hace el Instituto Nacional de Estadística, recuerda que en 2031 la población se habrá reducido a 490.490 habitantes, frente a los 519.851 actuales. Los autores han realizado un pormenorizado análisis social y demográfico de la provincia, además de un trabajo de campo basado en encuestas y encuentros con vecinos y alcaldes para llegar a la conclusión de que este proceso de acogida podría ser la solución a la despoblación.
Además, los autores abogan por empezar por una experiencia piloto con unas cien familias en una misma zona para comprobar el resultado. Con una inversión pública que facilite el acceso de estas personas a una vivienda y un puesto de trabajo. Sería, en definitiva, arrancar un motor que con el paso del tiempo generaría más actividad económica, más necesidad de servicios y, en definitiva, mas vida.
El documento apunta también en sus conclusiones algunos pilares sobre los que se debe sustentar este proceso de acogida. Uno de los más importantes, el de la vivienda. «Todas las zonas en las que se ha recogido información se manifiestan muy positivamente en cuanto a que las personas migrantes y refugiadas deberían tener acceso a una vivienda», señala el estudio. Eso sí, también llama a ONG, instituciones y asociaciones a vigilar que no se cometan abusos contra estos extranjeros respecto a las condiciones de habitabilidad y los derechos que les deben asistir. El estudio también incide en que se debe fomentar la formación y el aprendizaje del castellano como lengua vehicular, ya que son dos aspectos fundamentales para la integración.


Encuestas. Por otro lado, las encuestas realizadas para hacer el estudio revelan que la mayor parte de los vecinos ve con buenos ojos la llegada de estas personas como tabla de salvación. «Hay una actitud de aceptación respecto a convivir con personas de otras culturas, lo cual nos indica que la provincia de Valladolid no presenta actitudes negativas ante la posible llegada de personas de otros países», dice el informe. Eso sí, parte de la población de Tierra de Campos también se queja de que los que han venido hasta ahora han contribuido a bajar los salarios, una opinión «basada en prejuicios».
La última parte del estudio detalla las claves para poner en marcha un plan de acogida basado en principios como la legalidad, la integración, la participación y la solidaridad. Un plan, ya remitido a la Diputación, que tiene varias fases: recepción y acogida, asentamiento, orientación y elaboración de proyecto de vida y seguimiento y evaluación del proceso.
El profesor de la UVa Jesús Aparicio, coautor del trabajo, asegura que «es factible» hacer lo que se propone. «Pero hay que tener voluntad política», añade, un factor que, según él, no existe, porque se trata de una cuestión que no da réditos electorales a corto plazo.
Vicente Matía, otro de los autores, señala que «no se entiende que no tengamos gente para sostener un sistema económico y social, con la cantidad de gente que hay en las fronteras esperando una oportunidad». Otro autor, Martín Rodríguez, destaca la cantidad de trabajos que podrían hacer estas personas: «Por ejemplo, hay montes destrozados y sin limpiar que suponen un peligro constante de incendio, cuyo coste sería mucho mayor de lo que implicaría dar trabajo a estas personas para que lo mantengan limpio».