La hostelería se agarra a los sellos de garantía

Óscar Fraile
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Más de 150 negocios han obtenido ya el que otorga la asociación nacional, mientras que Diputación y Junta preparan los suyos y la Cámara no ha dado ninguno

De izquierda a derecha, Jesús Alejos (restaurante Ángela), Javier Cabrera (Astrolabio) y Nacho Chamoso (Astrolabio). - Foto: Jonathan Tajes

El sector de la hostelería ha tenido que librar muchas batallas en los últimos meses. Quizá la más importante haya sido la de equilibrar las cuentas después de un parón que obligó a la mayoría de negocios a suspender su actividad, pese a que las facturas seguían llegando puntuales mes a mes. Ahora bares y restaurantes, ya metidos en la fase 2, buscan la fórmula para que los clientes superen el miedo y vuelvan a sus locales. Y no es fácil, porque los ciudadanos se debaten entre las ganas de retomar la normalidad y la obligada prudencia.
Una fórmula para recuperar esa confianza es acreditar de algún modo que todo el personal del negocio conoce y cumple los estándares de seguridad e higiene para prevenir contagios de la covid-19. En esta línea, la Confederación Empresarial de Hostelería de España ha puesto a disposición del sector los sellos ‘Hostelería Segura’, que pueden conseguir todos los empresarios que realicen una formación y posteriormente acrediten los conocimientos adquiridos en un cuestionario.
En Valladolid ya lo han hecho 159 de los más de 300 que han iniciado los trámites para conseguirlo, y en España, 8.400 de los 10.696 inscritos. Entre los primeros que dieron el paso están el restaurante Buena Brasa, situado en la carretera de Zaratán; el mesón-casa rural Maryobieli, en Cogeces del Monte; el restaurante Ángela, ubicado en la calle Doctor Cazalla; el Bossanova Lounge Bar, en Boecillo; el café-bar Astrolabio, en la plaza de San Juan; y la buñolería Ideal, en la calle Enrique IV.
Todos ellos dieron de alta su negocio en la plataforma virtual de la Confederación Nacional, hicieron la formación, consistente en el visionado de unos vídeos de pequeña duración o la lectura de unos documentos, y posteriormente respondieron de forma satisfactoria al pequeño examen realizado sobre el tema. Aunque todos estos trámites los hicieron a través de la Asociación Provincial de Empresarios de Hostelería (Apeh). Para los socios de la misma es gratis (hasta el quinto empleado, porque a partir de sexto se paga nueve euros más IVApor persona), mientras que los no socios tienen que abonar 295 euros más IVA. Durante las últimas semanas algunos negocios no asociados se han interesado, y la Apeh ha creado una fórmula para que no tengan que pagar los 295 euros, que consiste en darse de alta en la Apeh y pagar 175 euros en concepto de adelanto de cuotas, de modo que realmente el curso también les sale gratis. De esta forma han conseguido 25 nuevos socios.
Cuando se completa la formación de toda la plantilla, el negocio tiene que firmar una declaración responsable de que va a cumplir con el protocolo y con medidas como la desinfección de las mesas entre unos clientes y otros y el uso de gel hidroalcohólico, entre otras muchas cosas.
Jesús Alejos, dueño del restaurante Ángela, ha sido uno de los primeros en obtener el sello. «El contenido del curso es muy interesante, ha sido positivo hacerlo», señala. Según él, este distintivo puede ser un reclamo para los clientes menos confiados. «Las terrazas son muy golosas, pero tenemos la duda de si la gente seguirá entrando dentro del local porque,  mirándolo como cliente, da un poco más de respeto», reconoce. Y la economía de estos negocios necesita clientes más que nunca, después de tres meses parados. «Nos han salvado los ERTE y que hemos tenido la suerte de poderlos cobrar, no como otra gente, pero el resto de gastos siguen», señala.
Nacho Chamoso, del restaurante Buena Brasa, también considera que el sello que han obtenido sirve para «dar seguridad sanitaria» al cliente. «Nosotros lo hicimos rápidamente, es muy sencillo», reconoce. Este negocio abrió su terraza el 29 de mayo, fecha en la que sacó a cuatro trabajadores del ERTE, la mitad de su plantilla. Chamoso asegura que, cuando el tiempo ha acompañado, la respuesta de los clientes ha sido muy buena, con lleno en la terraza, que es interior, donde tienen capacidad para unas 50 mesas al ser un espacio muy grande.
Javier Cabrera, del cafe-bar Astrolabio, también se animó a realizar el curso. Y no lo hizo solo para conseguir un recurso de marketing, su principal motivación era informarse de cara a la nueva realidad que ya está afrontando. «He aprendido cosas que ni siquiera me planteaba, como limpiar todos los productos que traen los proveedores... ahora todo es diferente», reconoce. Él tiene la prueba de que el sello funciona, porque, de hecho, algún cliente ya le ha comentado que eligió su local porque se sentía más seguro viendo el sello.
Eso sí, los tres hosteleros coinciden en que la actitud de los clientes ha sido ejemplar en los primeros días, con mucha comprensión y mucho respeto.
Otros sellos. El de la asociación de hosteleros no es el único sello que se ha puesto en marcha en las últimas semanas para el sector. También lo ha intentado la Cámara de Comercio de Valladolid con el distintivo ‘Comercio de confianza’, pero con escaso éxito. Fuentes de la institución reconocen que no se ha concedido ni uno en Valladolid y que no ha despertado gran interés. Para conseguir ese sello hay que acreditar que se cumple con el Protocolo y Guía de Buenas Prácticas de la Secretaría de Estado de Comercio del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo.
Por su parte, la Junta de Castilla y León trabaja en el sello ‘Turismo de Confianza’, al que se acogerán los alojamientos turísticos de Valladolid. Aunque ya se ha presentado públicamente, la aprobación del proceso de adhesión todavía está en exposición pública y el plazo para presentar alegaciones finaliza este lunes. El presidente de la asociación Hoteles de Valladolid, Francisco Posada, está muy al tanto de este sello, que podrán utilizar todos los negocios, sin ningún coste, solo con una declaración responsable de que van a seguir ciertas normas. Y no habrá inspectores que hagan comprobaciones posteriores. «Serán los clientes, mediante un código QR, los que evaluarán si en el hotel se cumplen esas garantías», explica Posada.
La Diputación de Valladolid también trabaja en el sello ‘Destino seguro’ para los negocios relacionados con el turismo de naturaleza dentro del paquete de medidas para ayudar a los negocios de aliviar el impacto de la covid-19. Eso sí, de hacerse realidad, porque todavía no está decidido, no será antes del mes de septiembre, con lo que el sector no se podrá beneficiar de ello este verano.

Poca exigencia para obtenerlos y sin controles posteriores

Independientemente del impacto que puedan tener estos sellos en la llegada de clientes, lo cierto es que los requisitos para obtenerlos no parecen muy complicados. En el caso de la hostelería, basta con el visionado de unos vídeos de corta duración y con responder después de unas preguntas «muy sencillas», según coinciden los que lo han hecho. En el resto de sellos basta con aportar una declaración responsable de que se va a cumplir con una serie de medidas. Pero lo cierto es que en ningún caso se van a establecer controles por parte de inspectores para acreditar que esto es así. Todo quedará a expensas de la profesionalidad del hostelero y de la buena fe del cliente.

Otros negocios también se apuntan a estos distintivos

La hostelería es, sin duda, el sector en el que con más fuerza han calado los sellos de garantía, toda vez que la alimentación y el tránsito de personal entre las mesas requieren unas mayores medidas de higiene. Pero no es el único. Hay otros que también han creado su propio sello para dar garantía a los clientes. Por ejemplo, las librerías. El Gremio de Libreros de Valladolid, en colaboración con el Ayuntamiento ha impulsado el sello ‘Libro-limpio-libro seguro’ para los negocios que cumplan una serie de normas. La librería El sueño de Pepa, situada en la Plaza Mayor y regentada por María José González, es uno de ellos. «Tenemos que mantener unas condiciones higiénicas, como disponer de gel hidroalcohólico en la puerta, guantes para los clientes, mascarillas, una limpieza más exhaustiva y una alfombrilla en la entrada impregnada con una disolución de agua y lejía», reconoce.