El retraso de bodas y comuniones deja 40 millones en el aire

Óscar Fraile
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Empresas de organización de eventos, fotógrafos, músicos y tiendas de vestidos, entre otras, se encuentran contra las cuerdas por la falta de ingresos, y con la incertidumbre de no saber si podrán afrontar la avalancha de eventos en el futuro

Una pareja brinda en su boda - Foto: D.V.

Cuando Estela Mostaza abrió su negocio hace un año y medio no tenía ni idea de que, en pleno proceso de consolidación, se tendría que enfrentar a la que probablemente es la mayor crisis del pequeño comercio en décadas. Ella regenta la tienda Mondo Sposa, dedicada a la venta de vestidos de novia. Si todo hubiera ido con normalidad, hoy su actividad debería ser frenética, toda vez que la época de celebración de estos eventos sería inminente. Estaría haciendo remates a los vestidos y en breve entregándolos... y facturando. Nada más lejos de la realidad. Hoy esta tienda de la calle Joaquín María Jalón está cerrada y Estela hace encaje de bolillos para seguir pagando las facturas sin tener ingresos. Las bodas que había hasta septiembre se están aplazando al año que viene, pero los cobros, como el alquiler del local y la cuota de autónomos, llegan con una puntualidad demoledora. El negocio solo ha ingresado 150 euros de adelanto por cada uno de los vestidos vendidos y la responsable está teniendo que acudir a las novias para negociar otro adelanto ante la falta de liquidez, porque el riesgo de cierre es real. «Esto no se puede mantener, a menos que pidas un préstamo ICO», dice. Pero eso supone arrancar con ese ‘lastre’ en 2021.
El caso de Mondo Sposa representa una ficha de todas las que se están tambaleando por el efecto dominó de los aplazamientos de bodas y comuniones. Hay muchos profesionales que se juegan un volumen importante de facturación en estos días. Desde fotógrafos hasta empresas de organización de eventos, pasando por músicos, restaurantes, agencias de viajes, etcétera. Según el portal bodas.net, el coste medio de cada enlace asciende a 20.500 euros. En 2018 se celebraron en Valladolid 1.670, según los últimos datos disponibles en el INE de año completo. Es decir, el volumen de dinero en juego supera los 34 millones de euros. A eso hay que añadir las comuniones. Según los datos de la Diócesis de Valladolid, entre el último fin de semana de abril y el primero de junio, unos 3.200 niños comulgan en la provincia. Si se tiene en cuenta que el coste medio de estos eventos asciende a 2.400 euros en la provincia, según la Unión de Consumidores, hay otros 7,6 millones en el alero. En total, más de 40 millones.
Los fotógrafos son otros profesionales a los que esta situación les afecta de lleno. La mayor parte de ellos han convertido su agenda en un puzle para cuadrar todas las propuestas de aplazamiento, porque, si no consiguen hacerlo, probablemente pierdan esa cliente. Jonathan Damián reconoce que «hay de todo, desde cancelaciones a aplazamientos», y añade que las comuniones «han hecho un destrozo terrible». Estos eventos y las bodas representan el 50 por ciento de sus ingresos. Damián reconoce que cuando todo vuelva a la normalidad podría producirse una avalancha de trabajo, pero no cree que sea necesario rechazar nada. Eso, si la economía lo permite, porque en el caso de que el presupuesto esté ajustado, una de las cosas de las que se suele prescindir es el reportaje fotográfico. Para el negocio no es ninguna broma. Este profesional reconoce que se juega más de 30.000 euros entre todo lo que tenía contratado para estos meses. De momento la empresa no ha tenido que pedir un crédito ICO gracias a la ayuda familiar, pero no lo descarta si esta situación se alarga.
Alberto González, de la empresa Tierra de Sueños & Eventos, reconoce que las cancelaciones y aplazamientos han reducido la facturación un 70 por ciento y que las bodas suponen un 20 por ciento de la actividad para ellos. «Los cuatro que estamos en la empresa no podemos trabajar, estamos sujetos a las ayudas del Gobierno, pero los gastos no bajan», dice. El futuro tampoco está nada claro. «Nuestro grueso de eventos son de abril a octubre y nuestro sector, el ocio, la cultura y los servicios, aún está en un limbo de normativas y restricciones», añade.
También ha sido un palo duro para los restaurantes, aunque muchos de ellos ya tengan bastantes reservas para bodas y comuniones a partir de septiembre. Manuel Delboy, gerente de El Hueco reconoce que ahora mismo no hay ingresos, aunque los gastos sigan corriendo. Pero su esperanza es poder recuperarlo todo a partir de septiembre. «Damos la posibilidad de aplazar la boda sin coste a cualquier fecha disponible de finales de este año o los cinco primeros meses del siguiente», explica. De momento no han tenido cancelaciones, solo aplazamientos.
Otro sector afectado es el de los músicos. Eugenio José Serna pertenece al cuarteto Dolci Corde, y reconoce que hay muchos cambios de fechas, incluso a diciembre. «Las contrataciones se han parado, solo hay consultas para el año que viene», asevera.

 


 

Fernando del Campo y Silvia Milán (arriba a la izquierda), Tania Arranz y José Luis Lubeiro (abajo a la izquierda), José Antonio García, Saúl García y Ana Gil (arriba a la derecha) y Javier Viaña, Jade Viaña, Nuria Rodríguez y Álex Viaña (abajo, dereFernando del Campo y Silvia Milán (arriba a la izquierda), Tania Arranz y José Luis Lubeiro (abajo a la izquierda), José Antonio García, Saúl García y Ana Gil (arriba a la derecha) y Javier Viaña, Jade Viaña, Nuria Rodríguez y Álex Viaña (abajo, dere - Foto: El Día

Los afectados

 

Silvia Milán y Fernando del Campo (boda aplazada)

«Llevábamos mucho tiempo esperando, es desagradable»

Silvia yFernando se casaban el 26 de septiembre en Conil de la Frontera (Cádiz), su lugar de veraneo desde hace muchos años. Pero no podrá ser. Al menos en esa fecha. Si todo va bien, el enlace se celebrará el 25 de septiembre de 2021. Un año de margen porque ninguno de los dos quiere una boda con mascarillas, mamparas entre invitados y restricciones a los besos y abrazos propios de estos encuentros. «La dueña del restaurante ya nos dijo que las condiciones no iban a ser como siempre porque tiene la ‘Q’ de calidad y muchas exigencias de seguridad», explica Silvia. La reasignación de fechas de todos los servicios es una lata, pero lo peor es la decepción personal. «Llevábamos muchos tiempo esperando, esto es un poco desagradable», añade. Además, ya cuentan con que algunos invitados no podrán acudir en la nueva fecha, «aunque todos han entendido perfectamente que no era el momento». Ambos saben que, pese al aplazamiento de un año, la incertidumbre tardará en desaparecer. «Si llegada la fecha todo sigue igual, a lo mejor tomaríamos la decisión de casarnos aquí», reconoce Silvia. Porque también hay que tener en cuenta la situación económica familiar, que es más precaria que antes, teniendo en cuenta que Fernando regenta un restaurante que, como todos, lleva tiempo cerrado. «Lo que no ha trabajado en estos dos meses probablemente lo tenga que trabajar durante el resto del año», dice Silvia. Eso sí, lo que los dos tienen claro es que la boda se celebrará cuando se pueda hacer con todas las garantías. «En mi familia hay personas de riesgo y no queremos ponerles en peligro», añade la novia. Lo primero es lo primero, y Fernando y Silvia lo tienen muy claro. 

Tania Arranz y José Luis Lubeiro (boda aplazada)

«No queremos una boda con mascarillas y mamparas»

El calendario de Tania y José Luis tenía este año marcada en rojo una fecha muy especial: el 6 de junio. No era un día elegido al azar. El 4 de junio ambos celebran su «aniversario de novios» y quería una boda lo más cercana posible a esa fecha tan especial. «Lo decidimos hace más de un año y era algo muy pensado, elegimos 2020 porque era el sábado más cercano en un mes de junio», asegura Tania. Cuando a mediados de marzo se decretó el estado de alarma ninguno de los dos pensó que la situación se iba a tornar tan grave. «Pensábamos que esto duraría poco, que iba a pasar pronto», añade. Pero no. Con el paso de los días vieron que las noticias eran cada vez más preocupantes y a finales de marzo decidieron afrontar con seriedad el tema y tomar una decisión, «con mucho dolor y rabia». Metidos ya en el mes de abril, hicieron una llamada al restaurante que tenían reservado para sondear qué estaban haciendo el resto de parejas y pedir una opinión. Y en el negocio fueron muy sinceros: les dieron fechas alternativas a partir de agosto si es que no querían aplazarla a 2021. «Algo que hemos descartado porque hay gente mayor en mi familia, como mis cuatro abuelos, que nos gustaría que estuvieran y, por edad, no sé si va a ser posible dentro de un año y pico», explica Tania. Con todo, la novia es muy consciente de que «es fijo» que no se podrá hacer una boda como habían planteado al principio. «Por ejemplo, nosotros nos casamos en una ermita en Arroyo, y ahí la totalidad de los invitados no van a poder entrar, porque el cura ya nos lo ha dicho», señala. Pero esperan que la celebración sea más ‘tradicional’. «No queremos tener que utilizar mascarilla en el restaurante, aunque haya que tener las mesas un poco más separadas», concluye. 

Ana Gil (comunión aplazada)

«Lo entiendo, lo importante es la salud y la familia»

Ana Gil y José Antonio García llevaban mucho tiempo organizando la comunión de Saúl García, uno de sus dos hijos. Estaba prevista para el 16 de mayo, pero hace pocas semanas la Archidiócesis de Valladolid les comunicó por carta que no iba a ser posible celebrar ninguna comunión en mayo ni en junio y que todas se aplazaban a septiembre u octubre. Ellos todavía no tienen fecha asignada. Al menos no se lo han comunicado desde la parroquia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, lugar donde tiene previsto celebrarse... cuando sea. Afortunadamente para ellos, el baile de cancelaciones de servicios no ha supuesto ningún trastorno para la familia, pero sí mucho trabajo de llamadas y gestiones. Y, probablemente, renunciar a algunas cosas por seguridad, como los hinchables que tenían previstos para después de la comida. Nada garantiza que a partir de septiembre se pueda hacer un festejo sin restricciones, así que tendrán que improvisar. Y una de las opciones que manejan es celebrar la ceremonia religiosa cuando la parroquia les diga y posponer la fiesta con la familia y los amigos a otro momentos, cuando se pueda hacer de forma segura y sin temores. «Aunque a mí me hubiera gustado hacer todo el mismo día», reconoce. A Saúl este aplazamiento tampoco le ha generado ningún estrés. «Es un niño muy conformista, sigue tan ilusionado como antes porque sabe que va a llegar el día», dice su madre. Tampoco ella ni su marido se han llevado un gran disgusto. Son comprensivo con todo lo que está pasando y saben que «lo más importante es la salud y la familia», y no harían nada que les pusiera en riesgo. El resto es accesorio. La comunión llegará. La celebración también. Y con todos en perfecto estado para acompañarles. 

Nuria Rodríguez (comunión aplazada)

«Mi hija se ha llevado el disgusto del siglo»

Jade Viaña debería hacer la comunión el 23 de mayo, pero tendrá que esperar cuatro meses más de lo previsto, hasta el 27 de septiembre. Con un cambio importante, será en domingo en lugar de sábado, porque los restaurantes empiezan a no tener fechas libres. Podría parecer una anécdota, pero para la protagonista del día no lo es. «Se ha llevado el disgusto del siglo», dice entre risas su madre, Nuria Rodríguez. La niña es consciente de que en domingo la gente tendrá menos margen para alargar la fiesta y ella misma tendrá que ir al colegio al día siguiente. Aunque en el fondo sabe que se trata de «detalles menores» y «ha entendido perfectamente» las causas que obligan a hacer estos cambios. Toda esta situación implica hacer una serie de gestiones a la familia que conllevan una ‘pérdida de tiempo’ importante. Por ejemplo, con el vestido elegido. La tienda donde lo han comprado está llamando a las familias para que vayan a recogerlo y lo paguen, porque tiene problemas de liquidez. «Y te lo tienes que llevar a casa, pero yo tengo que hacer unos arreglos y no sé si le va a valer a la niña en septiembre», se queja Nuria. Afortunadamente, en el restaurante no les han puesto ninguna pega para el aplazamiento, ni tampoco el fotógrafo, al que ya han dado una señal. Tampoco han tenido problemas con los detalles que se suelen regalar en estos eventos, muchos de los cuales llevan grabada la fecha, porque todavía no los había comprado. De hecho, ella misma es la que está preparando el detalle a mano. De cara a la celebración, Nuria no tiene nada claro que en septiembre se pueda hacer con completa normalidad. «A día de hoy todavía no tengo claro ni que lo podamos celebrar, depende de cómo avance todo», concluye.