«No queremos personas dependientes de las ayudas sociales»

M.Rodríguez
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La concejala de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Valladolid, Rafaela Romero, apunta que se han cuadruplicado las ayudas de emergencia, pero que el planteamiento es no hacer personas dependientes de las ayudas sociales. "Les damos un empujón"

«No queremos personas dependientes de las ayudas sociales» - Foto: Wellington Dos Santos Pereira

Las jornadas de Rafaela Romero, edil de Servicios Sociales, son un continuo desde la declaración del estado de alarma. Sobre este área del Ayuntamiento de Valladolid recae la presión de paliar los efectos de la crisis en la población más vulnerable y «no dejar a nadie descolgado». Un desafío que requiere una importante dotación presupuestaria y nuevos protocolos de trabajo.


¿Cómo se está articulando la gestión de esta crisis social?
La primera semana reorganizamos todos los servicios porque tenían que pasar a no ser presenciales. A partir de ahí, se reorganizaron los procedimientos administrativos de las ayudas. Se anuló lo que había y estamos ahora con procedimientos de urgencia, tanto que vale una fotografía para poder presentar los documentos que necesitan las trabajadoras sociales. Hemos ido hacia una simplicidad absoluta para llegar lo más rápido posible. Además, antes hacíamos las comisiones de prestaciones cada 15 días y ahora son todas las semanas. Hemos dado una vuelta importante a todo el sistema. 


¿Les han superado las peticiones?
Hemos atendido casi 7.000 llamadas y los trabajadores sociales han realizado otras 6.089 de seguimiento, más las que realizan educadores o los psicólogos que están en los equipos de familias y ahora están atendiendo otros casos urgentes, como los de personas mayores que se puedan encontrar angustiados.


¿Mantendrán estos protocolos o habrá que reforzar más el servicio?
Estamos viendo cómo vamos a reincorporarnos a la relativa normalidad que vamos a tener. Hay que ir pensando en la vuelta y cómo reorganizamos los sistemas. Vamos a tener que combinar la atención presencial con la telefónica porque resulta más rápido. Hay personas que no hay por qué tenerlas en el despacho, si tenemos su historial y la documentación necesaria. Se trata de ser muy efectivos.


¿Esta será una crisis social de proporciones desconocidas?
Creo que sí. Y quiero transmitir el valor de los servicios sociales públicos. Tenemos que aprender de la experiencia, ser muy ágiles en las respuestas y que estas se basen en derechos sociales. No podemos tener la tentación de volver a un sistema de beneficencia. Tenemos renta garantizada de ciudadanía y se está planteando una renta mínima vital, que será compatible con la garantizada. Tenemos un sistema de ayudas de emergencia, que haremos más rápido. Me gustaría que se mantuviera este estado de derechos. Lo que hay que hacer es reforzar los servicios sociales para que sean ágiles y respondan a las necesidades de las personas.


La semana pasada aprobaron 800.000 euros más para las ayudas a familias en riesgo de exclusión. ¿Habrá que modificar más el presupuesto municipal? 
Todas las semanas damos una vuelta al presupuesto y lo adaptamos. Se revisan las partidas y reajustamos gastos. Esta semana hemos recibimos más de 600.000 euros del acuerdo de medidas de urgencia pactado con los grupos municipales. Se destinarán a refuerzo de personal. Hemos solicitado nueve trabajadores sociales más hasta final de año. También se usará para ayudas de emergencia, que se han cuadriplicado. Hay que hacerlas con una valoración de la situación de las personas por un profesional. 
El objetivo es darles un empujón y que salgan. No es que permanezcan. No queremos hacerles dependientes de las ayudas sociales, queremos que se defiendan solos. Si tienen necesidad, en un momento determinado, de un empujón se lo daremos con las ayudas de emergencia. Ahora, estamos abordando, principalmente, temas de alimentación. La que reciben desde las ONG, mayoritariamente, no incluye productos frescos. Y son necesarios en la dieta y por eso suplementamos esa alimentación. 


¿Hay peticiones para afrontar los gastos de alquiler o recibos?
Nos va a venir una segunda tanda, muy importante, relacionada con temas de vivienda. Y trabajamos con VIVA para alargar el tiempo de las ayudas. Si desde Servicios Sociales podemos abordar dos o tres meses para pagar el alquiler o apoyo en el pago de hipoteca, desde VIVA quizás se pueda hacer con más tiempo. Si ese empujón a las familias es por seis meses o un año, tendremos menos riesgo de que se queden colgadas.


¿Ha cambiado mucho el perfil de los beneficiarios? ¿Afecta a colectivos de rentas medias?
Nos va a llegar. Esta primera oleada es con gente que ya tenía abierto historial en los servicios sociales y empieza a llegar ya otro tipo, que va a necesitar más apoyo para temas como la vivienda o el pago de recibos. Entendemos que va a ser en un segundo momento porque ahora con el estado de alarma no se puede desahuciar a los inquilinos, ni embargar por impago de recibos.


Las entidades sociales apunta que hay cifras similares anterior crisis. ¿Les sucede lo mismo?
Se ha multiplicado por cuatro, pero la ola todavía no está en lo más alto porque nosotros tenemos un sistema de filtro: el historial de las personas y accedemos a sus datos personales, lo que nos permite evaluar su situación. Las ONG no están en ese nivel de control. Por eso es muy importante que nos estemos coordinando. Y respecto a 2008, cuando llegue al Ayuntamiento, hay más coordinación. Además, la Junta ha establecido con Cruz Roja el sistema de un reparto único a las familias, sin nuestro proceso de ver en qué situación están porque es urgencia. 
Eso sí, luego tienen que venir a los servicios sociales para gestionar nosotros su ayuda, en este caso para la alimentación. Esta coordinación es fruto del esfuerzo de estos cinco años para establecer una relación sólida con las entidades del tercer sector. Vengo de este sector, y prima el respeto y el conocimiento de que tienen un papel diferente a la administración. Nunca hago el suma y pega de lo que hacen otros, aunque lo esté financiando. Creo en el trabajo coordinado. Donde no llegamos pueden llegar las subvenciones y las entidades del tercer sector. 


¿Para que el Ayuntamiento llegue, cuánto dinero hará falta?
Es un tema que me preocupa poco porque las ayudas de emergencia son un derecho subjetivo, reconocido por la Ley. Ese dinero estará. Y tengo tranquilidad porque desde el primer segundo el alcalde me dijo que no me preocupara por el dinero. Cuando tienes un equipo de Gobierno que te dice que hagas el trabajo que tengas que hacer y ya se verán que cosas se dejan de hacer eso da mucha tranquilidad. Y cuando no lleguemos, la Junta tiene que respaldarnos. Teníamos un presupuesto corto en el acuerdo marco, con la idea de que íbamos a tener dificultades en Dependencia, y ahora no llegaremos en Dependencia y no vamos a llegar en ayudas de emergencia. En algún momento van a tener que dar un paso y reforzar el trabajo de las corporaciones locales.


¿Han hablado ya?
Esta situación nos ha pillado a todos por sorpresa. La Gerencia ha tenido muchos problemas con las residencias de mayores, que les ha ocupado mucho espacio. Creo que una vez que se estabilice eso, podamos abordar otras cosas. Hemos tenido dos reuniones con el gerente de Servicios Sociales todos los concejales de la región, pero no se ha hablado de dinero.


Las personas mayores han sido uno de los grandes damnificados en esta crisis. ¿Cambiarán las políticas de la tercera edad?
Lo veníamos diciendo desde antes porque la propia experiencia nos lo estaba diciendo. Se apostó por un modelo de cuanto más tiempo en casa mejor, que en eso estamos de acuerdo. Se organizaron servicios para que la gente pudiera mantenerse en su entorno, pero a partir de ahí todo los demás se estaba quedando desfasado. Las empresas que nos ofertaban determinados servicios nos decían que si pasamos los últimos cinco años de nuestra vida en una residencia, que es cuando se necesita atención las 24 horas del día, pero no hay unos servicios médicos vinculados. Y nos está pasando igual en los centros de día, que antes tenían una labor rehabilitadora pero, al final, estamos teniendo a personas con un grado de dependencia máximo. Se hace más una tarea de respiro para las familias que de rehabilitación. Hay que darle la vuelta a toda la ruleta de atención. 


¿Incluidos los centros de mayores?
Claro. Yo no son lo que eran. Tenemos a gente muy preparada, con otras exigencias, y hay que replantearse todo. Ya no están respondiendo las fórmulas al perfil que íbamos teniendo en los distintos servicios.
En la ayuda a domicilio hubo bajas al principio de la crisis por miedo al contagio tras las reclamaciones de las cuidadoras. ¿Se ha estabilizado la situación?
Siguen las bajas, pero cada vez son menos las bajas temporales. Estamos analizando con la empresa cómo podemos recuperar a todas estas personas. Siempre hemos seguido las recomendaciones de los servicios médicos. A veces, las reclamaciones de EPIs eran superiores a lo que se iba a hacer porque, de entrada, estamos atendiendo a gente sana. Aunque, curiosamente, hemos tenido unas cien altas de ayuda a domicilio porque los cuidadores que estaban contratados han desaparecido con la prestación vinculada. Y hemos tenido que hacer actuaciones de emergencia. Y esto me reafirma en que el servicio público es el que garantiza la atención.


Han tenido que ampliar en 210.000 euros la partida inicial de 1,3 millones para las becas comedor.
Ha sido una tarea que nos ha ocupado la Semana Santa. Teníamos casi 1.300 niños, unas 1.000 familias, y lo hemos conseguido hacer en una semana con la Fundación Seur, que nos ha ayudado gratuitamente. Y se alargó otra semana porque no localizábamos a un bloque de cien familias. Ya tenemos en marcha otro contrato para poder renovarlo hasta finales de junio.


¿Podrán usar el remanente municipal para paliar los efectos del coronavirus?
Le hemos pedido a la Junta que el contrato para el catering de la Consejería de Educación, que no se ejecutará, nos lo pase a Servicios Sociales para afrontar este gasto. Además, hay que ver cómo afrontamos el verano con estas familias.


¿Podrán garantizar las coberturas sociales? ¿Pedirán también dinero al Gobierno central?
Es importante que podamos contar con ese presupuesto. Necesitamos tener margen de maniobra económica para poder abordar los gastos no previstos.


Todas estas actuaciones, ¿qué situación dibujan ahora mismo?
También hemos hecho un buen trabajo con las personas sin hogar. Hay quien nos dice que por qué no los metimos en un polideportivo, pero nos parece que es más digno tener a la gente con habitaciones dobles o triples. Son personas que no están acostumbradas a un confinamiento y un pabellón no nos parecía buena idea. Es verdad que hemos hecho un contrato caro, de animación, porque hemos contratado a titulados medios para que a lo largo del día puedan tener actividades dirigidas. Es una inversión en las personas.


¿Se han incrementado los usuarios del comedor social?
Sí. Estamos atendiendo a personas que están en infraviviendas, que han pedido alimentación. También se está dando a familias con más problemática que la económica, que con el catering se garantiza que los niños coman. 


¿Esta crisis blindará a los servicios sociales de las criticas?
El trabajo principal de los servicios sociales es no hacer personas dependientes. Hay que combinar las políticas sociales, de vivienda y de empleo. Y hay colectivos a los que hay que hacerles llegar apoyos desde el empleo, no desde servicios sociales. Nos estamos coordinando con la Agencia de Innovación para que determinadas ayudas lleguen desde allí. Hay gente que no tiene porqué entrar en el sistema de servicios sociales, ya que si tiene coyunturalmente una falta de liquidez se le puede ayudar desde el plan de empleo. Y en servicios sociales hay más seguimiento del que se ve. Tenemos controladas a las familias, lo que perciben y el patrimonio que tienen a la hora de dar una ayuda. En todos los grupos sociales hay gente que vive del engaño, pero no lo vamos a promocionar. 


¿Esta crisis demostrará que los servicios sociales no son siempre para los mismos?
Esta crisis va a afectar a todas las clases sociales. Y muchos necesitarán una ayuda y la tendrán desde el Ayuntamiento. Pero para desmontar mitos, por ejemplo, cuando nos hemos planteado qué hacer con venta ambulante hemos visto que el colectivo gitano no vive de la renta garantizada. Y en contadas ocasiones piden ayudas de emergencia. Son datos objetivos. No podemos hacer generalizaciones injustas. 


¿Cuándo dormirá tranquila la concejala de Servicios Sociales?
No lo sé. Ahora estamos pensando en la siguiente fase y dándole vueltas a todos los servicios. Los centros de mayores no van a poder funcionar como antes y habrá que implantar otros sistemas de funcionamiento. Hay que ver cómo le damos una vuelta a todo para ver los nuevos modelos a implementar. Tengo la sensación de que esto tiene un recorrido grande. 


¿Cuál ha sido la mayor alegría en este tiempo?
La del alojamiento para las personas indomiciliadas. Es lo que más me ha costado, pero me parece el colectivo más vulnerable, con muchas personas con enfermedad mental. 


¿Le ha sorprendido la efectividad del Banco del Tiempo para la gestión del voluntariado?
Ha sido espectacular. Y esto me cambia el sistema porque entendía que la administración no tenía que tener el voluntario. Pero en una situación de crisis hemos sido muy ágiles. Y me siento muy orgullosa del funcionamiento y de que hubiera voluntarios que querían estar con nosotros. Ahora tengo en la mesa estudiar cómo reforzamos el voluntariado desde los servicios sociales.