Las mascarillas también se suben a la pasarela

Óscar Fraile
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Diseñadoras vallisoletanas llenan de imaginación y colorido este complemento y sus propuestas reciben un aluvión de pedidos por parte de los ciudadanos

Laura Ribón muestra algunos de sus diseños. - Foto: Wellington Dos Santos Pereira

El coronavirus ha generado un aluvión de cambios sociales que han llegado para quedarse, al menos a corto plazo. Por ejemplo, el uso de las mascarillas, un complemento destinado hasta ahora a algunos profesionales, sobre todo sanitarios, y personas con problemas de salud. Buena parte de la población ya ha asumido la necesidad de utilizarlas a diario, y el inicio de la desescalada y el final del confinamiento han dibujado escenas inéditas hasta ahora: miles de personas con ellas por la calle.
Y, como suele suceder, el incremento de la demanda ha generado variedad en la oferta. Así, algunas diseñadoras vallisoletanas se han lanzado a fabricar mascarillas con estampados elegantes, divertidos y personalizados. Se trata, en definitiva, de desterrar la imagen gris asociada a este complemento. Y la respuesta de los ciudadanos ha sido demoledora. Cientos de pedidos que han puesto al límite de su capacidad productiva a estas profesionales.
Es el caso de Esther Noriega. «Siempre he sido muy inquieta y, como la actividad de los vestidos está parada, me animé a hacerlas», dice. Y también por conciencia medioambiental, pues teme las consecuencias que pueden acarrear las mascarillas de un solo uso. «Un problema que vamos a tener en el futuro», vaticina. Las suyas son de algodón, de triple capa, lavables, con tres tallas y con un hueco para meter un filtro. Y con estampados para todos los gustos, desde motivos de la película Star Wars a mariquitas, pasando por ovejas, vacas, perros, gatos...
Raquel Castaño, en el centro, y Patricia López, posan en su taller de Mojados. Raquel Castaño, en el centro, y Patricia López, posan en su taller de Mojados. - Foto: Jonathan TajesElla comenzó a hacerlas para colaborar con el pueblo de su pareja, donde tuvieron esta iniciativa para proteger a los vecinos. También las hizo para ella y su familia. Ante la alta demanda, las puso a la venta a un precio de entre ocho y diez euros. Hasta la fecha ya lleva fabricada unas 500.
Laura Ribón también empezó a hacerlas para uso personal y para la familia y amigos. Un día le dio por publicar algunos diseños en sus redes sociales y... su teléfono se volvió loco. «Fue alucinante, no paraban de llegar mensajes», recuerda. Alguno a altas horas de la madrugada. Así que decidió comercializarlas. De hecho, ahora trabaja exclusivamente para hacer mascarillas, con jornadas que en algún caso han durado hasta once horas, en las que hizo unas 75 unidades.
Ella solo trabaja con tejido cien por cien algodón. «Son las que mejor se lavan y se pueden planchar a alta temperatura», dice. Sus clientes pueden elegir entre varios estampados y tallas, varias de ellas infantiles. Su precio: cinco euros. «Es asequible, aunque llevan mucho trabajo», concluye.
Algunas de las propuestas de la diseñadora Esther Noriega. Algunas de las propuestas de la diseñadora Esther Noriega. - Foto: El Día«Trabajando como chinos».

Raquel Castaño también empezó a hacerlas por solidaridad. Primero, para repartir entre los vecinos del pueblo en el que reside, Mojados; después, para los de las localidades cercanas. Residencias, mercados, farmacias, centros de salud, particulares... «trabajando como chinos», bromea. Con mucho estrés, pero «con mucho gusto» también. Una labor en la que también está implicada su hija Patricia López, estudiante de Diseño de Moda.
Cuando el desabastecimiento de mascarillas pasó, comenzó a cobrarlas. Porque parte de este trabajo es artesanal. Los diseños de Castaño se caracterizan por estar pintados a mano, y las mascarillas no han sido una excepción, pese al volumen de fabricación. Como sucede con el resto de prendas, las flores han seguido siendo su bandera. Eso sí, esta diseñadora señala que no gana «nada» con esto, por el volumen de trabajo que implica. Los precios de sus mascarillas ascienden a diez euros. «Hemos tenido una avalancha de pedidos, muchos fuera de Valladolid», explica. El material que utiliza también es algodón, con hueco para meter un filtro.
Por su parte, la diseñadora Irene de la Cuesta ha ido un poco más allá y ha llegado a diseñar mascarillas corporativas para algunas empresas, e incluso otras con una bandera de España para miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. De hecho, este modelo ha acabado siendo el que más éxito tiene.
Ella se puso manos a la obra cuando la Junta de Castilla y León dio la voz de alarma para pedir donaciones de equipos de protección. Aunque tuvo dificultad para hacerse con el material, cuando lo consiguió trabajó casi sin descanso hasta donar unas 2.700 a sanitarios de residencias, policías, guardias civiles, militares, empresas, personal de limpieza, además de su entorno personal.
Hasta que llegó un punto en el que no podía seguir permitiéndose una actividad solidaria que solo generaba gastos y ningún ingreso, de modo que empezó a comercializarlas. Así nacieron sus mascarillas ‘cukis’, con un cuerpo compuesto por materiales filtrantes de varias capas, aunque recubiertas con tela con diseños muy cuidados. «Equivalen a la eficacia de una FPP2 y siguen la normativa UNE 65:2020», asegura la diseñadora. Tienen hueco para filtro y son lavables en frío y en caliente.
Comercializarlas no implica que haya abandonado las donaciones. De hecho, esta actividad económica sirve para seguir costeando la altruista. «Seguimos donando a muchas entidades», dice. El precio individual de la mascarilla ‘cuki’ es de 15 euros, aunque hay ofertas de tres por 39, cinco por 59 o diez a 11,50 euros la unidad.
De la Cuesta las está vendiendo por toda España y sus diseños incluyen desde imágenes de Mickey Mouse a jirafas y sirenas, pasando por dinosaurios y calaveras.