La odisea de conseguir (562) medicamentos

A. G. Mozo
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La odisea de conseguir (567) medicamentos

La adquisición de Adiro, Trankimazin, Valsartán, Urbason... o los autoinyectores de adrenalina con los que frenar una anafilaxia en una quimera. La Agencia Española de Medicamentos tiene medio millar de referencias «con problema de suministro»

Las visitas a la farmacia se suceden. La receta de ayer no vale para hoy, y mañana habrá que volver a por otra que indique la prescripción de esa otra marca con la que regatear el perenne desabastecimiento. La lista de medicamentos con «problemas de suministro activo» -tal como lo define la Agencia Española de Medicamentos- no es una foto fija, sino que va variando casi a diario, en función de las partidas que llegan. Y las que no. Hay determinadas presentaciones que se han instalado ahí desde hace meses, convirtiendo en una odisea la visita a la farmacia. 
Adiro, un medicamento indicado en pacientes con problemas de circulación de la sangre para prevenir la formación de trombos, lleva desde marzo dentro de la lista y, aunque llega un 60 por ciento de lo habitual, no se prevé normalizar la situación hasta final de año. Valsartán, un conocido antihipertensivo, arrastra problemas de abastecimiento desde el pasado mes de diciembre y no se sabe cuándo volverá a la normalidad. Urbason ya supera su primer mes en la lista. Algo más lleva Trankimazin, aunque se prevé que todo se normalice a lo largo del mes de junio, según la Agencia. Y así hasta las 562 referencias que hay en la actualidad [consulta aquí el listado] y entre las que aparecen varias de las presentaciones de los autoinyectores de adrenalina con las que luchar contra el shock anafiláftico de alérgicos a avispas o alimentarias, entre otros .
ANAFILAXIA

«Jext, que venía siendo la marca de autoinyectores, salió el pasado año del sistema de financiación por no llegar a un acuerdo económico al igualar el precio de referencia con la adrenalina en ampolla», explica la presidenta de la Asociación Basada en la Lucha de los Alérgicos Alimentarios (Ablaa), Ana Isabel Rodríguez, quien recuerda que «desde ese momento empezaron los problemas y no ha dejado de haberles, porque hay veces que se encuentra Altellus 300 -otra de las marcas de adrenalina- y otras, Anapen 300». «Siempre se nos dice que son solo problemas de suministro, pero para nosotros esto que ocurre continúa siendo desabastecimiento. El Servicio de Medicamentos Extranjeros de Sanidad nos dice que una de las marcas lo tendrá disponible el próximo 10 de junio, pero qué hacemos hasta entonces, porque la adrenalina salva vidas en caso de reacción alérgica grave».
Y en esa situación que relatan desde Ablaa, pues se puede dar el caso de que una familia con un niño alérgico reciba (por despiste de su pediatra) una receta de Jext 300 y, al ir a la farmacia, le digan que ya está fuera del sistema y que debe volver al médico a por otra. Y que acuda y se le prescriban dos cajas de Altellus 300 -estos pacientes tienen que llevar un autoinyector siempre consigo y dejar otro en el colegio- y que cuando vaya a la farmacia se encuentren con que solo hay un Altellus 300 en el almacén y que la única opción para obtener otra de esas jeringas contra la anafilaxia sea pedir una nueva receta, esta vez de Anapen 300; y cruzar los dedos. «Varios socios de Ablaa han acudido a numerosas farmacias para comprar el autoinyector de adrenalina de 150 (indicado para niños de hasta 25 kilos de peso), pero a fecha 28 de mayo no han localizado ninguna unidad en toda Castilla y León, y, al final, se la han tenido que enviar desde otra farmacia de Madrid, donde solo había uno y con caducidad de noviembre», apunta la presidenta de la asociación de alérgicos alimentarios.
Una odisea ejemplificada a través de los autoinyectores de adrenalina, pero que afecta a medio millar de referencias y que, tal como explica el presidente de los farmacéuticos, tiene tras de sí una multiplicidad de motivos, que va más allá de los económicos que esgrimen desde la asociación de alérgicos con el ejemplo del Jext 300 y que se equipara a otros casos. «No hay una única causa concreta, sino que se ha generado una tormenta perfecta. Siempre ha podido haber desabastecimientos puntuales, de alguna especialidad, si bien el hecho de que en este momento todo converja y se produzca de manera más acusada es, con seguridad, por una serie de causas», detalla Carlos Treceño, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Valladolid, quien se refiere a diversos aspectos que concurren como la centralización de la producción en determinadas fábricas o países, a desajustes en la demanda y hasta al Brexit, ya que «puede implicar mayor acaparamiento y disminuir o aumentar la oferta en función del país». «O incluso que la patente haya caducado, que el precio pueda ser, por ello, algo más bajo y el mercado esté más ajustado y generar también desabastecimientos puntuales en algunas especialidades», apostilla Treceño.

CONCENTRACIÓN DE LA PRODUCCIÓN

El presidente de los farmacéuticos pone el ejemplo del Valsartán, producto cuya fabricación «se concentra, como de otros muchos, en factorías de China o India» y que «se genere un desabastecimiento por problemas como los que ha habido (se retiraron varios lotes del mercado) que antes no ocurría porque la fabricación estaba menos atomizada», argumenta Treceño, quien apunta también ejemplos como el «los problemas que ha habido con Bayer y su fábrica de Leverkusen con otro medicamento muy conocido como es el Adiro».
«La mayoría de desabastecimientos puede cubrirse con una sustitución por otra especialidad, con la misma forma farmacéutica, dosis, administración... que hace que el paciente, con una adecuada información, no llegue a sufrir ningún  problema», defiende el presidente del Colegio de Farmacéuticos de Valladolid, quien, a pesar de todo, prefiere «dar un mensaje de tranquilidad», ya que «son  muy puntuales las situaciones en las que un medicamento no tiene alternativa terapéutica» y apunta que, en esos casos, existen «alternativas, vía formulación magistral o a través de los medicamentos extranjeros para que el paciente tenga acceso a la medicación», porque, según defiende Treceño, «no cabe duda de que no disponer de un medicamento es un problema de salud pública que afecta a los pacientes, pero también a médicos y farmacéuticos».