Valladolid resiste la sangría demográfica de la España vacía

Óscar Fraile
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La provincia está entre las que menos población pierde de las siete comunidades más afectadas por este problema y mejora ostensiblemente los saldos migratorios

Valladolid resiste la sangría demográfica de la España vacía - Foto: J.Tajes

Miles de personas salieron a la calle a finales de marzo para reclamar atención para las zonas de España que se desangran por la despoblación. Eran ciudadanos de la denominada ‘España vacía’, un término que se popularizó en el año 2016 tras la publicación de un libro homónimo por parte de Sergio del Molino. No obstante, muchos de los que salieron a las calles preferían hablar de la ‘España vaciada’, una expresión con mayor intención para denunciar que este drama es consecuencia, según ellos, de las malas, o inexistentes, políticas para frenar este fenómeno.
Sea como fuere, lo que está claro es que Valladolid en particular, y Castilla y León en general, forman parte de esa España. Así lo demuestra la evolución demográfica de los últimos años, tal y como sucede en Castilla-La Mancha, Galicia, Asturias, Extremadura, Aragón y La Rioja. Aunque no todas las provincias de estas comunidades pierden vecinos al mismo ritmo. De hecho, algunas de ellas incluso han logrado ganar población en el último año. Es el caso de Guadalajara (+1,3 por ciento), Toledo (+1), Zaragoza (+0,9), Huesca (+0,3), La Rioja (+0,2) y Pontevedra y La Coruña, con subidas casi anecdóticas.
Valladolid, Soria y Burgos son las que menos pierden, con caídas muy suaves, que en el caso de la primera fue de 407 vecinos, al pasar de 519.851 a 519.444. Si el análisis se extiende al último lustro, Valladolid se sitúa en una posición muy similar. Es la séptima provincia con mejores datos de estas siete comunidades autónomas, al perder el 1,9 por ciento de vecinos, por detrás de Guadalajara (+0,9 por ciento), Zaragoza (+0,4), Toledo (-0,7), La Rioja (-0,8), Pontevedra (-0,9) y La Coruña (-1,2).
Uno de los factores que explica este comportamiento es la mejoría que ha presentado la provincia en sus saldos migratorios exterior e interior. Durante la crisis económica miles de vallisoletanos se fueron al extranjero para buscar una oportunidad, siguiendo el mismo camino que los inmigrantes que volvieron a sus países. Además, la llegada de foráneos se redujo, al dejar de ver en España el país de oportunidades que habían atisbado años atrás. De este modo, el saldo migratorio exterior de la provincia fue negativo durante los años 2012 (-536 personas), 2013 (-1.217), 2014 (-311), 2015 (-1.033), 2016 (-300) y 2017 (-771). Sin embargo, el año pasado se invirtió esa tendencia al llegar 1.263 personas más del extranjero de las que se fueron, según los datos del Instituto Nacional de Estadística.


Entre provincias. Algo similar ha sucedido con las migraciones interiores, es decir, aquellas que se producen entre provincias de España. El saldo del año pasado siguió siendo negativo, con 89 personas más que se fueron de las que llegaron, pero es una cifra que no ha dejado de bajar desde el saldo de -970 del año 2013.
El recientemente nombrado director del Comisionado del Gobierno frente al Reto Demográfico, el vallisoletano Ignacio Molina de la Torre, asegura que en su ciudad natal la despoblación tiene dos causas. Una de ellas es el crecimiento vegetativo negativo, «que se va a seguir dando en los próximo años». Los datos del INE lo confirman. El número de nacimientos en la provincia no ha dejado de bajar en los últimos ocho años para pasar de los 5.099 de 2010 a los 3.458 del año pasado. Bien es cierto que este dato también está condicionado por la pérdida de población. En cambio, las defunciones muestran una tendencia ascendente. Si a principio de esta década estaban en algo más de 4.500 al año, en el pasado ejercicio superaron las 5.000. La otra causa, según Molina, es «la pérdida de población por las migraciones, especialmente las interiores», como así se ha demostrado en los últimos años, aunque la tendencia empiece a cambiar ahora.


Crear condiciones. El director del Comisionado sostiene que la segunda causa es «más fácil de revertir» que la primera. «Cambiar una dinámica demográfica vegetativa es complicadísimo, donde hay más margen de actuación es en la creación de condiciones económicas y laborales para los jóvenes», sostiene. Molina es muy crítico en este punto porque considera que «en Castilla y León no se ha hecho lo suficiente durante décadas». Según él, «la falta de ordenación del territorio ha hecho que buena parte del mismo carezca de las condiciones funcionales necesarias».
También critica el hecho de que los representantes públicos fíen casi por completo la fijación de población a la hipotética llegada de nueva industria «de fuera» que pueda generar empleo. «No se apuesta por dinamizar el territorio y por poner en marcha pequeñas iniciativas de desarrollo aprovechando que se dispone de una barbaridad de recursos locales, tanto agroindustriales como turísticos», señala.
Otro factor «de base» que, según él, contribuye a que se pierda población es la falta de internet en el entorno rural. «¿Qué dinámicas económicas vamos a montar allí si no hay banda ancha?», se pregunta. Molina dice que este tema es «urgente» entre los que se tienen que solucionar.
Y es urgente porque Valladolid no ha dejado de envejecer en las últimas décadas. La pirámide de población muestra el protagonismo que van ganando los mayores en detrimento de los más jóvenes. Hace 20 años las personas con más de 65 años representaban el 16,6 por ciento de la población, hace una década ya eran el 18,1 por ciento y actualmente suponen casi el 23 por ciento. Es decir, una de cada cuatro personas. Por el contrario, los menores de 20 eran el 19,5 por ciento en 1999, pasaron a representar el 17,1 por ciento hace una década y hoy solo son el 15,6 por ciento de la población. 
¿qué hacer? El director del Comisionado del Gobierno frente al Reto Democrático opina que se pueden hacer cosas. Por ejemplo, en el sector agrícola. «Hay que pensar en todas las producciones de Castilla y León cuya transformación industrial se va fuera», asevera.
Molina insiste en que la pérdida de población no debería ser un problema si esta viene dada por el fallecimiento de la amplia población mayor de Castilla y León, siempre que los jóvenes se sigan quedando aquí, pero el conflicto es que este segundo factor no se da. «¿Qué capacidad de atracción tiene un territorio en el que ni los locales se quieren quedar?», cuestiona. Por eso, considera que hay que incidir en mejorar los servicios básicos. «Nosotros tenemos la idea de que tenemos muchos servicios en Castilla y León, y no es verdad, porque lo que existe es el nombre del servicio, pero no la garantía del mismo», añade. Por ejemplo, el hecho de que exista un consultorio en un pueblo con pocos habitantes no sirve de mucho si el médico solo va una vez a la semana... «y cuando va». «Es lo mismo que tener una escuela para niños de cero a tres años, pero sin servicios asociados para poder conciliar, como el programa Madrugadores o un comedor», finaliza.