El mundo en una pared

Maricruz Sánchez (SPC)
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Bajo el pseudónimo de 'Tvboy', el creador italiano afincado en España llena las calles de obras cargadas de sátira y crítica social

El mundo en una pared

Sus provocadoras creaciones se vuelven virales en las redes, a pesar de lo poco que duran en las paredes. Actúa como removedor de conciencias y su arte es una forma de activismo social, con obras muy reivindicativas y también de gran crítica política. Así es Tvboy (pseudónimo bajo el que se le conoce), un italiano residente en Barcelona desde hace 13 años que puebla las calles con sus satíricas viñetas. Trabajos en los que ha pintado besándose a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias; ha convertido en santo al director y fundador de la ONG Open Arms, Óscar Camps; y ha caracterizado a Franco como Frankenstein. 
Esa es la carta de presentación de un artista incómodo capaz de reflejar en una simple pared un complejo universo de ideas. Toda una declaración de intenciones que ahora adopta forma de libro, Tvboy: la calle es mi museo (Libros Cúpula), para reflexionar sobre el valor del arte urbano. A pesar de lo efímero de su condición, el milanés plasma en sus páginas cómo esta disciplina es capaz de llegar a millones de personas gracias a internet, contribuyendo a hacer del arte un espacio más democrático, al convertir los muros en galerías accesibles a todo el mundo.
Diseñador gráfico y multimedia, Tvboy ofrece, por primera vez sobre el papel, una atrevida e irónica reinterpretación de la sociedad actual, en un volumen que aúna, en perfecta alquimia, la cultura popular con el arte callejero. Obras que hacen posible la reconciliación entre rivales políticos y futbolísticos, y que ponen sobre la mesa temas de gran relevancia social.
El mundo en una paredEl mundo en una pared - Foto: TONY GENTILEPorque expresarse sobre una pared no es algo nuevo. Las cuevas de Altamira, las pintadas en los foros de la antigua Roma o los lemas y carteles que inundaron el barrio latino de París durante el Mayo del 68 son solo un ejemplo de que el ser humano siempre ha querido dejar constancia de su paso por el mundo mediante la intervención directa en el espacio público. Pero, si a ese afán se le añade una dosis más de protesta y se elimina la necesidad de pedir permiso para hacerlo, brota el germen de un nuevo movimiento, el Street art, que eclosionará sobre todo en el último tercio del siglo XXI. 
Es entonces cuando la idea de usar las calles y su mobiliario como un lugar donde expresarse con total libertad empieza a reconocerse como género. Y, aunque en el imaginario popular la figura del grafitero responde a la de un héroe surgido de las calles que consigue salvarse a través del arte de un universo marginal y violento, lo cierto es que esta idea no suele coincidir con la realidad de la mayoría de los creadores: personas con estudios de bellas artes, diseño o similares, a las que el componente autodidacta y el aprendizaje sobre el muro condicionen su trayectoria. 


Ejemplos de genialidad

Dos semanas antes de que tuviera lugar el primer encuentro entre el Papa Francisco y el presidente estadounidense, Donald Trump, apareció en la calle del Banco di Santo Spirito, en la orilla del río Tíber opuesta al Vaticano, el beso imposible de los dos dirigentes. En una versión moderna de ángeles y demonios, el Pontífice lucía la aureola de Santo mientras que el magnate hacía lo propio con unos cuernos rojos de diablo y un revólver en el bolsillo. En el cíngulo del Santo Padre aparece la frase La bondad perdona a la maldad. La obra, firmada por Tvboy, fue eliminada por la brigada del decoro del Vaticano.
El popular y misterioso personaje de El Greco fue elegido también por el artista para ocupar una de las columnas que dan acceso a la sede de la Embajada de Italia en España. En el grafiti , la espada original se ha sustituido por un café de la marca Starbucks y la sugerente mano en el pecho, que mantiene la posición característica de los dedos, sostiene un iPhone. Esta viñeta contiene la ironía de los nuevos tiempos: si en el cuadro original la mano en posición solemne simbolizaba el honor y el respeto, aquí se corrompe en el gesto irreverente de hacerle una fotografía al espectador sin pedirle permiso