Valladolid 'come' más alimentos procesados y menos frutas

Óscar Fraile
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Los alimentos procesados ganan terreno a frutas y hortalizas

El desembolso 'per cápita' en la cesta de la compra ha pasado de 1.651 a 1.516 euros en ocho años y se reserva más espacio a platos preparados y bollería en detrimento de verduras frescas, pescado, carne y frutas

Los excesos con la comida en las fiestas de fin de año se han convertido casi en una tradición tan arraigada como la de poner el belén o el árbol de Navidad. Bajo la premisa de ‘un día es un día’, casi todo está permitido, semanas antes de volver al gimnasio, como cada 1 de enero. Pero lo cierto es que estos excesos sirven para poner el colofón a otros once meses en los que la alimentación saludable cada vez es menos frecuente. Al menos eso es lo que dicen el informe Alimentación en España que cada año publica la empresa pública Mercasa.
El de 2018 sostiene que el gasto per cápita de los vallisoletanos y el resto de castellanos y leoneses en alimentación es de 1.516 euros al año, casi un nueve por ciento menos que en 2008, la primera vez que se publicó este estudio en formato digital. Pese a esta caída, que se ha producido especialmente durante los últimos tres años, el gasto en alimentación en la Comunidad todavía está un 2,5 por ciento por encima de la media nacional.
Pero, más allá del dinero desembolsado, lo más preocupante es la distribución de la cesta de la compra. Si se comparan los datos del estudio de 2008 y del publicado este año, con datos de 2017, se observa que los alimentos procesados poco a poco van ganando terreno a la fruta, el pescado y la verdura fresca. El vertiginoso ritmo de trabajo de las sociedades occidentales, la escasez de tiempo para cocinar y el incremento de la oferta de platos preparados son algunos de los motivos que están haciendo que se impongan los malos hábitos alimenticios.
Basta con echar un vistazo a lo que ha pasado en los últimos años. En 2008 el pescado acaparaba el 14,9 por ciento de todo el gasto en comida; ahora, un 14,5 por ciento. Las hortalizan frescas también han bajado del seis al 5,4 por ciento. Y lo mismo ha pasado con la fruta, del 9,9 al 9,6 por ciento; y con la leche, del 5,6 al 4,2 por ciento. Es decir, se observa una tendencia a la baja en los alimentos saludables. Por el contrario, los vallisoletanos ahora reservan más presupuesto a la bollería, pastelería, galletas y cereales. Estos productos representan el 4,1 por ciento del gasto, frente al 3,7 por ciento de 2008. Lo mismo ha pasado con los chocolates y cacaos, del 1,2 al 1,6 por ciento; la cerveza, del 0,7 al uno por ciento; y las bebidas refrescantes, del 1,5 al 1,7 por ciento. Y la partida dedicada a platos preparados, quizá el producto más representativo de esta tendencia, también ha crecido ostensiblemente, al pasar del 2 al 2,9 por ciento.
En resumen, cada año se come peor. Y no es algo que digan solo las estadísticas. Lo avalan los profesionales. La nutricionista Marta Cendón explica que las familias «invierten poco en productos frescos» porque «la gente busca rapidez a la hora de comer». Por eso se abusa de los productos precocinados.
Tampoco ayuda el hecho de que cada vez haya más sitios para comer fuera de casa por poco dinero. «Porque ahí siempre nos dan comida rápida», dice. Otro factor que influye es el establecimiento de compra. Los supermercados ganan terreno al comercio de proximidad, es decir, a las fruterías. «Y la calidad no es la misma, en la mayoría de los casos, por eso la gente come cada vez menos, porque no está rico», añade la nutricionista.
La falta de tiempo para cocinar se une a la deficiente formación que tiene la población sobre aspectos relacionados con la nutrición. Al menos esto es lo que opina Cendón. «La gente compra galletas sin azúcar y cree que está comiendo algo saludable, y lo mismo pasa con los cereales del desayuno», explica. Según ella, las administraciones tienen mucho que hacer para cambiar esta tendencia. Por lo pronto, «incluir la figura del nutricionista en la cobertura de la Seguridad Social», aparte de fomentar la buena educación en los niños.
Mucha carne, poca verdura. Hay otros datos que dejan en evidencia los hábitos alimenticios de los castellanos y leoneses. Por ejemplo, es la Comunidad que destina un mayor porcentaje de gasto en alimentación a la carne: un 24,7 por ciento, frente a otras que no llegan ni al 20 por ciento. Un factor que puede tener que ver con la estructura productiva de Castilla y León, pero que también tiene consecuencias para la salud. «El consumo excesivo de carne roja es un factor que aumenta el riesgo de padecer cáncer de colon», señala Cendón.
En el año 2014 investigadores del Centro Nacional de Epidemiología elaboraron el ‘atlas del cáncer’ en España, con datos de un millón de muertes registradas entre 1989 y 2008. Pues bien, una de las conclusiones fue que el riesgo de morir por cáncer de estómago en Castilla y León, especialmente en provincias como Palencia y Burgos, es mucho más elevado que en otras zonas de España. El estudio apuntaba que en estas zonas «pueden consumirse más alimentos curados o ahumados y menos frutas y vegetales que en las zonas costeras».
Y, efectivamente, se consumen menos verduras frescas. El propio estudio de Mercasa dice que Castilla y León es la segunda comunidad con menor porcentaje de gasto alimentario dedicado a hortalizas frescas, con un 5,4 por ciento, solo por delante del 5,2 por ciento de Asturias.
Menos alarmante es el consumo de fruta porque, aunque el porcentaje sobre el total de la alimentación ha bajado respecto a 2008, lo cierto es que los vallisoletanos siguen consumiendo 15 kilos más al año por persona que la media española. También beben 25 litros más de leche y comen 15 huevos y seis kilos más de pan artesanal. La mala noticia es que en Castilla y León se comen siete kilos menos al año por persona de hortalizas frescas. También está por debajo de la media el consumo de bebidas refrescantes, agua mineral, patatas, derivados de lácteos y productos preparados.
Dentro de los 1.516 euros de gasto anual en alimentación por cada vallisoletano, los productos que se llevan la mayor parte del gasto son la carne, con 374 euros; el pescado, con 220; las frutas frescas, con 145; los derivados de los lácteos, con 107; el pan, con 92; las hortalizas frescas, con 82; y la leche, con 64.
Lo que se come, lo que se tira. Bien es cierto que no toda la comida que se compra se consume. De hecho, el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente puso en marcha en 2014 un panel para cuantificar los alimentos sin procesar que se desechan en los hogares españoles, por deterioro o caducidad, y los alimentos cocinados que se desperdician por sobrar o por deterioro. Una herramienta que ha servido para detectar, por ejemplo, que el 82,7 por ciento de los hogares españoles desperdicia en algún momento alimentos sin utilizar, mientras que el 26,8 por ciento hace lo propio con platos ya cocinados. El volumen de desperdicio se situó el año pasado en 26 kilos por persona.