Open Arms, salvar vidas en el origen

M. Rodríguez (EFE)
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El senegalés pueblo de Mbour es escenario de una iniciativa que da a conocer en primera persona la dura realidad de la migración ilegal

Los ‘capitanes de la información’ son voluntarios que explican la situación a los jóvenes que quieren huir de África. - Foto: María RodrÁ­guez

El niño iba vestido con un pantalón azul y una camiseta roja. Estaba en la orilla de una playa y había perdido la vida ahogado, decían las noticias, huyendo de la guerra.
Aquella imagen se grabó en las pupilas de Esther Ndour, una joven senegalesa de 35 años, motivándole a querer participar en algún proyecto que advirtiera de los peligros de la migración irregular, pero no sabía a qué puerta tocar.
El catalán Óscar Camps también había visto esa imagen del pequeño Aylan Kurdi, el niño refugiado hallado muerto en 2015 en una playa de la costa de Turquía. Tenía tres años, la misma edad que entonces su hijo pequeño, y decidió que no podía quedarse parado.
Mbour fue un punto de salida de muchos cayucos a principios de 2000. Mbour fue un punto de salida de muchos cayucos a principios de 2000. - Foto: María RodrÁ­guezCamps tomó el dinero que tenía ahorrado y se fue a rescatar a gente a la isla griega de Lesbos, fundando poco después la ONG Proactiva Open Arms, propietaria del barco con el mismo nombre y dedicada a proteger vidas en el mar.
Sin saber que la imagen que los conmocionó a ambos era la misma, el destino de Ndour y la organización se cruzaron en Mbour, un pueblo pesquero de Senegal que fue a principios de los años 2000 un punto de salida de los cayucos en los que cientos de jóvenes intentaron atravesar el Atlántico para llegar a las Islas Canarias soñando una vida mejor.
En este pueblo es donde la ONG comenzó a principios de año el proyecto Origen, que nació de los testimonios de personas rescatadas por Open Arms. Muchos reconocían que, si hubieran sabido la dureza de esa experiencia, nunca hubieran emprendido el viaje.
Por ello, el proyecto tiene tres objetivos: informar, formar e insertar laboralmente para que se conozca la dura realidad de la migración irregular y para que, quienes decidan quedarse, conozcan las oportunidades en su propio país.
«La migración irregular es un fenómeno muy antiguo, pero hoy con el endurecimiento de las políticas de los países de acogida mucha gente es expulsada o encuentra muchas dificultades en la travesía», explica Nicole Sene, coordinadora local de la iniciativa. «Así que les contamos lo que realmente sucede para que, si deciden migrar, lo hagan con total conciencia de lo que les espera», añade.
La idea es que Origen se expanda a otras ciudades de Senegal y tenga un «impacto macro».
En esta primera fase en Mbour, Open Arms comenzó a trabajar con 15 voluntarios, denominados capitanes de la información, para que se conviertan en líderes comunitarios sobre cuestiones migratorias. Divididos en equipos, explican en varias sesiones al mismo grupo de gente la realidad de la migración irregular más allá del imaginario colectivo, los peligros de la ruta emprendida, las dificultades en Europa cuando se logra llegar y, finalmente, el potencial de éxito que tienen en la nación africana.
«La mayor parte del tiempo constatamos, entre los jóvenes sobre todo, que dejan su país para ir a Europa con la idea de tener éxito porque no disponen de la información de que pueden quedarse aquí y alcanzarlo», explica Sene.
Por eso, «el proyecto Origen no se limitará solo a informar a la población, va a ser necesario proponer alternativas como el acceso a formaciones o el acompañamiento en el emprendimiento».
Para Esther Ndour, la llegada de la ONG a Mbour fue la oportunidad de aportar su granito de arena. «La gente que muere son hermanos y hermanas. Siempre he querido ayudar a alguien porque me siento bien y me gusta», declara.
Por su parte, Samba Ba, profesor de educación primaria desde hace 17 años, decidió unirse al proyecto porque compartir la información «va a ayudar a salvar vidas». «He vivido aquí en 2005, 2006, 2007 y 2008 cuando veíamos a los jóvenes de nuestro país irse en masa y morir en el Atlántico. Los recogían en las playas del Mediterráneo. Cuando te informas y ves que pasa eso, también nos hace preguntarnos. Cada uno ha perdido a alguien que conocía», reflexiona.

Europa no es ‘El Dorado’

Las condiciones de vida en Europa, para quienes logran llegar, es también uno de los temas que abordan. Por eso, la coordinadora de Origen en Mbour y tres capitanes de la información viajaron a Barcelona, con la intención de conocer de primera mano la realidad.
«Siempre se corre el riesgo de que digan ‘claro, es que vosotros venís aquí y nos decís que lo de allí está mal porque no queréis que nosotros vayamos’ y, en ningún caso, nuestro proyecto ni nosotros pretendemos eso. La migración es un derecho y lo defendemos», explica Arantxa Gurtubay, jefa de proyectos en Open Arms.
Por su parte, el profesor Ba asegura que durante su visita a Barcelona tuvo muchas sorpresas. Una de ellas, cuando le dijeron la tasa de desempleo en España, del 14 por ciento, que le pareció muy elevada, pues pensaba que era de un dos o tres por ciento.
También le sorprendió que hubiera personas sin domicilio fijo que duermen en la calle y utilizan los comedores sociales. «Creía que iban a ser solo africanos y cuando lo vi creo que solo uno era africano y todos los demás eran blancos, de Latinoamérica o europeos. Fue una sorpresa enorme», añade.
En las sesiones formativas también hubo información que les impactó, como el hecho de que haya más europeos que migran que africanos. «Creía que eran solo los africanos quienes migraban. Cuando ves la tele no se habla más que de africanos, africanos, africanos», admite la joven.
En este proyecto, los capitanes son empoderados a través de todos los datos que reciben y refuerzan sus capacidades para hablar en público con el objetivo de dar charlas amenas y argumentadas de lo aprendido en sus comunidades.
Estas charlas están apoyadas en material audiovisual elaborado por Opens Arms y Dunia Kato, una asociación de senegaleses en Barcelona, que muestra las duras imágenes y testimonios de mujeres violadas, hombres torturados o gente muerta en un barco que la ONG ha obtenido a lo largo de su trayectoria de salvamento en el mar.

Obtener un visado

Para Sene, es también importante no olvidar uno de los motivos que invitan a migrar de manera irregular: la dificultad de conseguir un visado.
En los países de África occidental, como Camerún o Ghana, las tasas de rechazo de visado para el espacio Schengen en Europa se encuentran en torno al 30 por ciento y hasta casi el 50 por ciento en naciones como Guinea y Nigeria. En el caso de Senegal, la negativa de los permisos solicitados en 2018 fue del 40,5 por ciento, según cifras de la Comisión Europea.
Ante la idea de muchas personas que piensan que, si se concedieran visados a todos los africanos vendrían en masa a Europa y dejarían su continente vacío, Sene responde con un original símil: «Cuando estuvimos en España solo Esther, que es cristiana, podía comer jamón. Nosotros somos musulmanes y se nos prohíbe», contesta la coordinadora, a quien esa delicia española le inspiraba muchísima curiosidad. «Esa prohibición -zanja- es la que nos empujaba a querer probar el jamón. Si no hubiera la prohibición, no se pediría todo el tiempo. Así que pienso que, aunque no se pueda ofrecer un visado a todo el mundo, sería bueno intentar suavizar esta política».