Por donde iba el tren burra

Jesús Anta
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Jesús Anta nos descubre algunos de los secretos de la Avenida de Gijón

Por donde iba el tren burra - Foto: Jonathan Tajes

En el nudo de carreteras que se forma en la plaza de San Bartolomé parte la avenida de Gijón. Es parte de la carretera nacional que comunica Madrid con Asturias (ahora hay otras alternativas). Y decimos que san Bartolomé es un nudo de carreteras por la lógica urbana de Valladolid: hasta mediado el siglo XIX no había más puente para entrar y salir de la ciudad que el Mayor. Por tanto, fue centro neurálgico de comunicación no solo con ciudades importantes como  Salamanca, Santander o Gijón, si no con poblaciones de las que se abastecía Valladolid: Cigales, Villanubla, Medina de Rioseco…
Comienza la avenida  dejando atrás (en San Bartolomé), una de las máquinas del popular tren Burra, que daba servicio al Ferrocarril Económico de Valladolid a Medina de Rioseco y que discurría en paralelo a la carretera de Gijón. Una comunicación ferroviaria que estuvo en servicio entre 1884 y 1969, y cuya estación principal estaba en esta plaza.
La avenida, como en general ocurre en las carreteras de acceso a las poblaciones, es una especie de polígono industrial lineal, pues  está pespunteada de talleres, grandes superficies comerciales sea de muebles o de automóviles, u otras actividades (como residencias de personas mayores) que requieren mucho espacio o no son compatibles con los usos residenciales del casco urbano. No obstante, también en la avenida se levantan bloques de viviendas.
Una de las construcciones más notables que hay en la avenida es la fábrica de harinas la Perla. Fue una de las harineras de Castilla que más tiempo estuvo en servicio: desde 1857 hasta 2006. En 1991 el edificio se declaró Bien de Interés Cultural y tiene una azarosa historia en la que no han faltado incendios, la adecuación como hotel hasta 2017, el abandono y la ocupación espontánea reivindicando su puesta al servicio de la ciudadanía.
Bajo la harinera desagua el Canal de Castilla cuyo último tramo, junto a la avenida, se ha acondicionado como parque donde antes había un puñado de huertas. Poco más adelante se yergue uno de los árboles más notables de Valladolid: una gran secuoya que parece escoltar la casa tirolesa que se esconde tras la tupida vegetación que medra en su entorno.
A la derecha está la dársena del Canal de Castilla: espacio singular donde los haya en Valladolid. De ella cabe destacar que entró en servicio en el año 1835 y que se convirtió en el primer foco industrial de la ciudad: talleres, fundiciones, fábricas de harina, etc. Aquello generó una actividad que contribuyó a  asentar población en su alrededor pues se consolidaron barrios como el de la Maruquesa, y fue naciendo el de la Victoria. 
En torno a la dársena, además de los restos de su actividad industriosa, hay viviendas, está el Archivo de la Confederación Hidrográfica del Duero, naves habilitadas para usos profesionales y almacenes arrendados para hostelería. Está en proyecto rescatar el puerto seco que había para la reparación de las barcazas que circulaban por el canal.
El barrio de la Maruquesa, que trepa por las laderas de fuente el Sol, se inició con viviendas trogloditas (algunas aún en uso), es decir que aprovecharon cuevas excavadas para le extracción de áridos destinados a la construcción. Hubo que hacer obras de consolidación para evitar derrumbes que pusieran en riesgo la vida de sus habitantes. En estos lares existió un  pozo de guardar nieve, y en lo alto una de las torres de la línea de telegrafía óptica (año 1846) que comunicaba Madrid con Irún. Y fue desde esta ladera donde hacia 1561 Wyngaerde dibujó la primera vista panorámica de Valladolid.
Poco más adelante está el Instituto Politécnico Cristo Rey. Regentado por los jesuitas, comenzó a funcionar en 1965 y se considera uno de los mejores ejemplos vallisoletanos de arquitectura moderna y funcional.
Apenas se deja a la izquierda uno de los accesos al barrio Girón, se encuentra el cementerio de las Contiendas. Se trata de una extensión ajardinada de 32 ha. que se habilitó en 1992 una vez que el cementerio del Carmen, de 1833, se acercaba a su saturación.  
A la altura de una gran rotonda, la avenida de Gijón da paso al término de Zaratán y encara la cuesta que sube a Torozos.