Los árboles y el bosque

Óscar del Hoyo (SPC)
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Los árboles y el bosque - Foto: Ion Echeveste

Bajo un cielo plomizo, el vaporetto de la línea uno funciona con mucha dificultad. El acqua alta ha vuelto a convertir a la ciudad de los canales en un auténtico caos. Apenas hay turistas. Ni siquiera las pasarelas permiten acceder a la Plaza de San Marcos, que parece una enorme piscina natural, o al Puente Rialto. Son muchas las viviendas y los hoteles que están inundados. El nivel del agua ha subido hasta los 187 centímetros y se ha llevado por delante la vida de dos personas. Venecia sufre la mayor catástrofe de las últimas seis décadas.
Las góndolas llevan días amarradas. La joya del Adriático parece muerta, sin alma. Las crecidas en el mes de noviembre han sido siempre una constante, pero lo de este año es algo que no se vivía desde hace más de un siglo. La basílica ha sufrido las consecuencias de una marea que ha llevado el agua hasta la mismísima cripta. Mármoles y mosaicos se han visto afectados por la sal de un Mediterráneo que sube al mismo ritmo que lo hace el calentamiento global. La ciudad reclama medidas contundentes que reduzcan las consecuencias del efecto invernadero y el impulso de la construcción de los diques flotantes que impidan que acabe siendo engullida por el mar. 
Lo que está sucediendo en Venecia es un claro ejemplo de las consecuencias de un cambio climático que avanza de forma inexorable. Esta misma semana se ha sabido que las emisiones de dióxido de carbono -CO2- alcanzaron el pasado año un nuevo récord y, lo que es más preocupante, que la tendencia es que continúe repuntando si las políticas actuales se siguen manteniendo y no hay una apuesta firme por modificarlas.
Los acuerdos rubricados en París en 2015, que obligan a todos los Estados a presentar planes de recortes de sus emisiones de gases de efecto invernadero, culpables del sobrecalentamiento del planeta, se han quedado desfasados. Sólo un 20 por ciento de los países se encuentra en condiciones de cumplir con los mismos e incluso EEUU se ha retirado de los compromisos firmados. Por este motivo, la cumbre  del clima, que la próxima semana se inaugura en Madrid, será crucial para plantear acciones concretas y vinculantes que sirvan para dar un empujón definitivo a la transición de la economía gris a la verde.
Los últimos informes desvelan que la temperatura de la tierra ha registrado los índices más elevados de su Historia en los últimos cinco años, y, si los planes de recorte de los Estados no son más ambiciosos, el incremento será de más de tres grados antes de que termine el siglo XXI.
La necesidad de implantar de una forma decidida alternativas al plástico, mucho más respetuosas con el medio ambiente, será otra de las claves de la cita en la capital de España. El mundo se ha convertido en un enorme contenedor de desechos en forma de bolsas y envases sin retorno que se transformarán en veneno disuelto en el organismo de aquellos seres vivos que forman parte de la cadena alimentaria. Los microplásticos, que ya se han hallado en el 90% de la sal de mesa o en el intestino humano, son un grave problema para la salud y la subsistencia del planeta. Esta plaga, que acaba con la vida cada año de un millón de aves y 100.000 mamíferos, es un reto enorme que obliga a buscar soluciones, basadas en la concienciación sobre la importancia del reciclaje y que promuevan una industria que impulse proyectos enfocados a acabar con el plástico, donde la tecnología pasará de ser el problema a erigirse en la solución.
Más allá de datos y mensajes que pueden parecer alarmistas, el foco mediático de la Cumbre se centra en la asistencia de la precoz activista sueca Greta Thunberg, líder del movimiento juvenil contra la crisis climática. Con sólo 16 años, se ha convertido en un símbolo, llegando a acusar a los políticos de no hacer lo suficiente para revertir la situación. Los defensores de Thunberg alaban la labor de esta adolescente con síndrome de Asperger, que comenzó en agosto de 2018 cuando decidió hacer huelga durante las elecciones generales suecas para forzar al Gobierno a reducir las emisiones de carbono. Pero Greta también tiene detractores. Algunos no entienden la sobreexposición a la que se somete e incluso denuncian que es la cara amable del lobbie que conforman las empresas energéticas verdes.
El tibio sol lucha por mostrarse entre las nubes. La calma ha llegado a Venecia. El descenso del nivel del agua permite a los turistas volver a disfrutar de los góndolas. Mientras, Fion Fencirra trabaja en su pequeño laboratorio. Este irlandés de 18 años, ganador de Google Science Fair por su innovador invento que logra eliminar los microplásticos gracias a los ferrofluidos, apenas tendrá presencia en los medios. Su genial idea servirá para combatir el calentamiento global, pero el mundo, ese que padece un preocupante cambio climático, parece más interesado en cómo llega Greta hasta Madrid que en los revolucionarios descubrimientos de Fion. Y es que, una vez más, los árboles no dejan ver el bosque.