Vivir en el rincón 'pobre' de la provincia

R.G.R
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Los pueblos con la renta media por hogar más baja de la provincia se concentran en un área de 15 kilómetros: Valdunquillo, La Unión de Campos y Castroponce. Sus pocos habitantes argumentan que la mayoría viven solos y con pensiones muy bajas

El rincón ‘pobre’ de la provincia

Despoblados, envejecidos, sin servicios, deprimidos urbanísticamente, con soledad y cierta parte de tristeza y añoranza por los tiempos pasados. Se encuentran en la zona más al norte de la provincia, a casi una hora de viaje en coche desde la capital y prácticamente han perdido la esperanza de que la situación pueda revertirse. Se trata de los municipios de Valdunquillo, La Unión de Campos y Castroponce, apenas separados por quince kilómetros. Se podría decir que representan el rincón más pobre de la provincia de acuerdo a un amplio estudio del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre la renta de los hogares de los municipios de más de cien habitantes. Estos tres ocupan las primeras posiciones con rentas que no superan los 18.000 euros brutos anuales. Sus vecinos no se extrañan al conocer esta información. «Aquí ya no pintamos nada. Tenían que venir los políticos aquí a ver lo que hay», lamenta Bonifacia Castañeda, Boni para sus vecinos, delante de la puerta de su casa, en Castroponce. 
Las calles están prácticamente desiertas. Los vecinos tienen edades muy avanzadas y apenas salen de casa para ir al bar o hacer algunas compras a los tenderos ambulantes que visitan estas localidades una o dos veces por semana. Acuden al médico, que pasa consulta una, dos o tres veces por semana. Poco más hay que hacer en este rincón de la provincia, más volcado ya hacia León que hacia la provincia vallisoletana. 
Los vecinos tienen claro el motivo que les ha situado como los municipios ‘más pobres’ de la provincia. La mayor parte de las casas está ocupada únicamente por una persona, en muchas ocasiones viuda o viudo, con una sola pensión que procede de la agricultura o la ganadería. La inmensa mayoría de los vecinos vive solo, con un solo ingreso, una sola pensión. El ganado se ha ido concentrando cada vez en menos manos y los jóvenes se han marchado en busca de una vida mejor y ya no queda casi nadie que pueda sacar un negocio adelante. 
Eso ha ocasionado que los pueblos, poco a poco, con el paso de los años se hayan ido envejeciendo y no haya posibilidades de reactivar una economía basada de forma fundamental en el sector primario. 
«Ya me dirá usted a mí cómo lo hago. Tengo una pensión de 700 euros y si tengo que pagar a una persona 300 para que me atienda y haga las cosas de la casa, ¿qué me queda?», comenta Boni, con cara de tristeza, mientras mira a un lado y a otro de su calle y asegura que en ninguna de las casas aledañas reside nadie ya. «Todos se han marchado». 
Los vecinos relatan que la falta de empleo es el principal problema de sus pueblos. «Muchas personas se conforman con los 400 euros de ayuda del Estado y con eso sobreviven y otros muchos están jubilados y cobran la pensión», manifiesta Teodoro Sastre, pastor jubilado de Valdunquillo. Este municipio tiene el dudoso honor de ser  ‘el más pobre’ de la provincia, con una renta bruta anual por hogar que apenas sobrepasa los 17.000 euros. «Tengo una pierna mal y por eso estoy prejubilado». 
El pueblo presenta un buen aspecto en relación a las casas, aunque la despoblación es más que evidente. No se ve a nadie por las calles. «Seremos unos 150 más o menos», relata el alguacil del pueblo Guillermo Cuadrado, aunque en los meses de invierno esta cifra se rebaja de forma notable. Ha cerrado recientemente uno de los bares y ya solo queda uno. La tienda es móvil. Jesús Caramazana lleva toda la vida repartiendo con su camión por esta zona. Lleva un poco de todo, desde fruta hasta productos de limpieza y ve un futuro muy poco esperanzador para los vecinos de estas localidades. «Ya he mirado para jubilarme y no lo hago porque me quitan mucho y no me interesa, aguantaré como pueda un año que me falta», comenta mientras indica que las ventas «han caído en picado» por la falta de gente en los municipios. «Me puedo tirar aquí toda la mañana y no llego a unas quince compras», matiza. 
Este veterano repartidor insiste en la caída de las ventas durante los últimos años. «Son gente muy mayor que apenas necesitan cosas de comer porque ya se alimentan con muy poco y la verdad es que se hace muy poco gasto». Afirma que muchos vecinos son ya «muy mayores» y casi todos pensionistas. «Aquí dentro de unos años ya no queda nadie».   
La unión de campos. A tan solo cinco kilómetros de Valdunquillo, un poco más al norte, se encuentra La Unión de Campos, con una situación muy pareja. «Solo hay dos personas que tengan ganado en el pueblo, ovejas, los demás tienen tierras», comenta Antonio García.  «Antes había 20 pastores y ahora...», recuerda apesadumbrado. José María Rodríguez es otro vecino que asegura que la mayor parte de las casas está habitada por mujeres viudas. «Mira, en la casa de mi madre, contándola a ella hay otras siete que están en esta misma calle. Es normal que el nivel de ingresos sea menor». 
Relata que la economía del municipio se ha basado prácticamente en exclusividad a la agricultura y la ganadería. «La mayor parte de los vecinos han sido autónomos toda la vida y ahora están cobrando la pensión, pero aquí no ha habido nunca mucho más». 
María Paz Villacé es una de estas vecinas viudas que tiene su casa en el pueblo, donde vive ella sola. Subsiste de su pensión y es uno de los ejemplos de hogares con un solo ingreso para una persona de avanzada edad. Se siente cómoda en el pueblo, aunque reconoce que no tiene prácticamente servicios. «Tenemos una tienda, donde podamos comprar el pan, el aceite...». 
Castroponce el tercer municipio de la zona, está a 15 kilómetros de Valdunquillo y también cuenta con una de las rentas más bajas de la provincia. No se ve a nadie por la calle, las aceras de las calles son estrechas y los edificios del núcleo urbano están viejos y con un aspecto muy mejorable. Ocurre exactamente lo mismo que en los anteriores. Las calles están completamente vacías. Aparece un coche de la marca Mercedes que aparca junto a una vivienda. Se baja la propietaria, pero señala que no es del pueblo. 
La rentas son bajas. Milagros Castañeda espera al médico. Lleva más de una hora en el consultorio médico, pero de momento continúa la espera. «¿Quién dice eso de las rentas? A mí no ha venido nadie a preguntarme», sonríe. Explica minutos más tarde que su marido fue autónomo en León y que en el momento de la jubilación construyeron una casa en el pueblo donde residen desde entonces. «Este es un pueblo como cualquier otro», apunta. 
El tiempo transcurre de forma lenta en el que se podría denominar ‘rincón pobre de la provincia’. Una zona de Valladolid que va encaminada hacia la desaparición ante la falta de recursos económicos y demográficos. 



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