Pascual: «Viene una buena cosecha y con una uva excelente»

D.V.
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El presidente de la Denominación de Origen Ribera del Duero se muestra satisfecho por el estado de la uva a pocos días del arranque de la vendimia

Pascual: «Viene una buena cosecha y con una uva excelente» - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

La actividad es frenética estos días en la sede del Consejo Regulador de la Ribera del Duero. La cosecha está a la vuelta de la esquina y los productores, que ven venir otra vendimia que tiene todas las posibilidades de superar los 100 millones de kilos, se afanan en terminar los procesos administrativos antes de meterse al campo. La del 2019 será recordada como la primera añada con vinos blancos denominados Ribera del Duero, otro avance en un trabajo coral que lucha por crecer cuantitativamente sin perder su valor cualitativo. Se abren puertas, se plantan nuevas hectáreas y se buscan mercados que hagan sitio a los vinos criados en la vega del Duero. Ahí va una panorámica de la situación actual.
El reto sigue siendo recuperar el mercado perdido en 2017 pese a la cosecha histórica del año pasado. ¿Se va a cumplir la mejor previsión?
Recuperar todo es imposible porque fue un desastre, pero es cierto que hay un incremento importante. Estamos hablando de una subida de entrega de contraetiquetas del 17% sobre el año pasado. Los datos son interesantes. La cosecha hay que recogerla y ver qué pasa.
El año pasado se recogieron 125 millones de kilos. ¿Vamos a estar este año en cifras similares?
Nunca decimos nada porque es muy fácil equivocarse. Viene muy buena cosecha y muy buena calidad. Una uva excelente, pero para la cantidad habrá que esperar. 
En 2018 se crearon 11 nuevas bodegas en la DO. ¿Siguen abriéndose nuevos negocios?
Por ahora hay tres nuevas bodegas registradas, pero se están construyendo más. Todavía se dará de alta alguna antes de que termine el año. Son bodegas pequeñas que buscan más hacer algo diferente. No están llegando grandes grupos. Ribera da para hacer algo especial.
El año pasado se autorizaron 630 hectáreas más. ¿Hasta dónde va a seguir creciendo esto?
Consideramos que tenemos posibilidades de crecimiento y mientras lo pensemos así hay que seguir haciéndolo. No vamos a renunciar al desarrollo. Todo lo que se va sumando viene bien y seguirá siendo así. Cuando se considere que interesa echar el freno, se hará.
¿Cuál es el crecimiento previsto a corto plazo?
Calculamos que para el 2025 estemos en 26.000 hectáreas, unas 4.000 más de las que hay actualmente.
Hay colectivos del campo que están criticando que se abuse del ‘arranque’ como vía para crecer...
Lo que estamos haciendo está avalado por la mayor parte de las asociaciones y grupos empresariales que componen esta DO, que están de acuerdo en que eso se siga haciendo.
Hacienda quiso tener sus inventarios controlados cada cuatro días, saber hasta la última botella que sale de cada bodega en tiempo real. ¿Cómo quedó todo aquello?
Gracias a que hubo una movilización urgente de la Asociación de Bodegueros, a lo que se sumó el Consejo, se frenó que sean tan exigentes. La mayor parte de las empresas que componemos la Ribera del Duero somos pequeñas y nos causaría un gran trastorno. Al final hemos conseguido que ese reporte se haga a mes vencido, un cambio de criterio que para la mayor parte de las empresas familiares de esta zona será de agradecer.
Abren bodegas, incrementan la superficie... ¿Qué nuevos mercados están comprando Ribera del Duero?
El mercado doméstico nacional sigue siendo el principal para esta denominación. La exportación todavía no llega ni al 20%. No son datos malos porque eso significa que en la exportación, en la que trabajamos desde hace muy poco tiempo porque el productor que vendía bien aquí se acomodaba, tenemos un campo importante para poder trabajar. Eso es algo de lo que creo que ya nos hemos dado cuenta.
Bien, pero cuáles son esos mercados...
Desde el Consejo se potencia Estados Unidos como un mercado que puede ser importante por su economía y afición al buen vino, aunque conlleva unas dificultades enormes. También en China llevamos ya un año trabajando. Y están los mercados tradicionales de Ribera del Duero: Suiza, Alemania, Dinamarca, Holanda...
Ha hablado de la tendencia a acomodarse. ¿Los bodegueros son proactivos a trabajar en la exportación?
Salir fuera es costoso. Hasta este momento creo que se ha vivido en el mercado nacional, trabajando duro, sí, pero con la exportación un poco aparcada. Ahora sí se está mentalizando más gente y creo que como empresas estamos más asentadas, mentalizadas y preparadas para dar pasos fuera.
China y Estados Unidos, los dos mercados por los que apuestan, están en guerra comercial. Y luego está el Brexit. ¿Esto les afecta?
La guerra comercial siempre nos salpica. El Brexit no debe tener efecto sobre el mercado de la DO porque Reino Unido no es un mercado principal para nosotros. Allí trabajan con vinos más económicos y Ribera del Duero, por el nivel de calidad que tiene, siempre está posicionado en la parte de arriba. Precisamente por eso el Reino Unido nos resulta más difícil entrar.
Hoy por hoy no es difícil encontrar vinos de calidad de la Ribera del Duero a precios muy razonables. Sin embargo, el sambenito de que los ‘ribera’ son caros persiste.
Es que es eso, un sambenito, pero es que la gente está equivocada. Cuando las cosas se hacen bien, el producto de calidad tiene que valer más. La Ribera del Duero está enviando al mercado una media de calidad que no la ofrece ningún mercado del mundo. Lo realmente caro es lo barato y malo. Cuando pagas por algo y lo vale, no hay lugar para el arrepentimiento.
Eso requiere hacer un trabajo de marca. Los italianos venden muy bien un vino mediocre como el Chianti y los franceses hacen lo propio con vinos caros como los Burdeos...
En el mundo del vino la historia y el recorrido en el tiempo son importantes. Francia tiene una tradición enológica que la avala y los italianos son auténticos comerciantes. España es una gran productora de vino de calidad a precios razonables, pero nos falta conseguir ese plus que hoy no tenemos. En la Ribera del Duero queremos estar en lo más alto de podio.
¿Usted cree que hay conciencia social a nivel regional y provincial de las dimensiones de la industria del vino?
Hoy por hoy, la Ribera es una de las industrias más importantes de la comunidad. Todo lo que genera riqueza es importante, pero si por algo destaca el vino es porque fija población en el mundo rural, no se puede deslocalizar y estamos donde nadie parece querer estar, en los pueblos. Pienso que la mayor parte de la gente no lo ha visto, pero empiezan a darse cuenta del valor incalculable que tiene la industria del vino. Y más ahora que viene gente a visitar las bodegas.
Hay mucho campo abonado todavía para el enoturismo, mucho trabajo por hacer...
Se está haciendo un trabajo impecable en las ‘Rutas del Vino’; esta es la tercera ruta de España más visitada. Nuestra trayectoria es corta, pero el visitante que viene se queda a gusto. El vino es mucho más que vino.
Hay que integrar la DO en rutas internacionales, la infraestructura hotelera aún es muy escasa, multitud de bodegas no se pueden visitar... En fin, que hay camino por delante.
Hay mucho por hacer, pero esta ruta está basada en la calidad y eso significa que no todo el mundo puede acceder a ella. Por otro lado, hay gente que todavía no ha visto el negocio, pero se están haciendo inversiones muy importantes.
¿Va a haber mano de obra suficiente para afrontar la vendimia?
Es la pregunta del millón. Pensamos que sí, siempre la ha habido, con más o menos dificultades. Puede que haya problemas en un momento dado, pero puntuales. 
La mecanización sigue estancada.
Sí, sigue estable. Creo que estamos en un 20% de vendimia mecánica. La mayor parte de la uva se sigue recolectando a mano y con mucho oficio.
¿El cambio climático existe?
No sé si hay cambio climático o años con el clima diferente... Lo cierto es que estamos viendo temperaturas extremas que antes no hemos conocido. Las heladas siempre fueron parte de nuestro ADN y si hay un cambio de clima significará que tengamos menos. ¿Plagas? De momento no tenemos nada nuevo y lo que tenemos es anecdótico y endémico. Nuestra climatología nos permite llevar a las bodegas una uva prácticamente ecológica.
Va a ser la primera vendimia con blancos denominados. Se abre un nuevo mercado pero hay poca uva albillo.
Hemos empezado. Tampoco pensamos que se vayan a mover millones de litros en el futuro. Lo que sí pensamos es que va a sumar, que tendremos un producto de calidad diferente en nuestro portafolio y vamos a proteger patrimonio vegetal porque la albillo estaba prácticamente desaparecida. Gracias a que hay 30 bodegas que han apostado por el blanco se ha dado el visto bueno. Además, el albillo es una variedad que está respondiendo muy bien como vino de guarda y hay que defenderlo.
La posibilidad de introducir otras uvas ni se valora...
De momento, no. De forma inmediata no hay nada sobre la mesa, y tampoco se prevé modificar los porcentajes.