El robot salvavidas

A.G.M.
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Los expertos en desactivación de explosivos de la Guardia Civil cuentan con un 'compañero', de metal y muy veterano, pero que es su «mejor aliado». «Nos da una seguridad tremenda, porque él es nuestros ojos, pero sin arriesgarnos»

El robot de los tedax de la Guardia Civil coge la mochila puesta de señuelo para el reportaje. - Foto: Jonatan Tajes

Le tengo un cariño muy especial. Llevo trabajando con él toda la vida». El cabo primero Vicente no solo es el más veterano del Grupo de Especialistas en Desactivación de Explosivos (Gedex) de la Guardia Civil, sino uno de los más veteranos de la especialidad en España, ya que pertenece a la quinta promoción de los Tedax, allá por el año 1984. El robot no lleva tanto en la unidad, pero casi.
Tanto el cabo primero como el sargento Antonio, jefe del Gedex de Valladolid, admiten que es antiguo, pero también que sigue cubriendo a la perfección las necesidades de este servicio en su demarcación (se encargan también de Salamanca, Palencia y Zamora). «Por suerte esto no es una zona conflictiva como lo era el País Vasco en tiempos de ETA o como lo son ahora ciertas zonas de costa, donde existe un crimen organizado violento y con gente que no duda en poner pequeños artefactos o enviar cartas-bomba a sus rivales», recuerda el mando.
En Valladolid las apariciones del robot suelen ir vinculadas («por suerte», como insisten los propios tedax) a falsas alarmas. Las últimas, en el parking del centro comercial Río Shopping. Mochilas o maletas olvidadas al montarse en el coche, o «bultos sospechosos», como pasó en mayo de 2018 cuando el cabo tuvo que enfundarse el pesado traje de seguridad y acompañar al robot para comprobar que era una falsa alarma más.

El guardia Damián controla el robot desde la furgoneta camuflada del Gedex.
El guardia Damián controla el robot desde la furgoneta camuflada del Gedex. - Foto: Jonatan Tajes
Como aquellas que se encadenaron en 2016 en apenas una semana en el parking de una empresa del polígono industrial La Mora, cuando se dio aviso de un maletín sospechoso y hasta hubo que desalojar la instalación; y otra vez en Río Shopping, donde «un hombre había comprado una maleta porque se le había roto la suya, hizo el cambio de ropa y dejó allí la otra», apostilla Vicente. Ellos siguieron con su protocolo, robot en marcha, hasta que el dueño, apesadumbrado, apareció.
«Hay gente que se salta el cordón y pasa tan campante al lado del robot camino del coche», bromea el tedax Damián. «Lo normal es que no sea nada, pero debemos actuar con la prudencia que se nos exige», puntualiza el jefe del Gedex.
El uso del robot les permite «ver a distancia» y efectuar diversas operaciones, ya que va equipado con unas pinzas de gran potencia que son capaces de transportar bultos con delicadeza extrema o desbaratar una caja o una mochila. Además, lleva una escopeta a la que le pueden poner diversa munición para, por ejemplo, abrir un maletero de un coche sospechoso. «El robot es nuestro mejor aliado», sostiene el cabo primero Vicente. «Nos da una seguridad tremenda porque es nuestros ojos, y sin arriesgarnos, porque lleva dos cámaras con las que ves todo muy bien», apostilla el sargento Antonio. «En función de lo que vemos, tenemos indicios de si puede ser un artefacto o no, si se ve un cable, si se intuye que está vacía, si está abierta...», concluye el guardia Carlos.

52 KILOS DE PROTECCIÓN

Otra de las ‘herramientas’ de trabajo que utilizan los tedax, en el supuesto de alerta por una posible bomba, es el traje de protección equipado con todo lo necesario para «minimizar los daños», en caso de que haya una «pequeña explosión». «Si hay una gran explosión, tipo un coche-bomba, no te salva nada», recuerda el sargento Antonio, jefe del Gedex de Valladolid.

El cabo primero Vicente se enfunda el traje ayudado por el guardia Carlos.
El cabo primero Vicente se enfunda el traje ayudado por el guardia Carlos. - Foto: Jonatan Tajes
«Es como vestirse de torero», bromea el tedax Carlos mientras ayuda a enfundárselo al cabo primero Vicente, que recuerda que «hay que aguantarlo», ya que son 52 kilos (35 del traje, 5 del casco y 12 del escudo), y «luego hay que moverse con él y trabajar».