Periodismo, ¿el cuarto querer y no poder?

Carmen Ansótegui (SPC)
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Los políticos se suben al carro de las redes sociales para evitar la intervención de los profesionales de la información y controlar el mensaje

Periodismo, ¿el cuarto querer y no poder?

La crisis económica que ha atravesado el país en los últimos años y la aparición de las redes sociales ha afectado especialmente al modelo de negocio de los medios de comunicación, que se han visto obligados a recortar personal, al tiempo que se enfrentaban a una transformación en la forma de difundir las noticias. Todo ello, ha hecho que se ponga en tela de juicio la independencia y el rigor del sector.

En este contexto cabe preguntarse si el periodismo es a día de hoy “el cuarto querer y no poder”, título de la XVII Jornada de Periodismo organizada en Madrid por la Asociación de Periodistas Europeos y patrocinada por Coca-Cola. En este encuentro se puso sobre la mesa que a pesar de la falta de credibilidad de los medios y de la crisis que atraviesa el modelo de negocio, el periodismo continúa siendo influyente.

De hecho, la cantidad de gente que demanda información aumenta. Se venden menos periódicos y se enciende menos la televisión pero cada vez son más los lectores, radioyentes y televidentes, que consultan de forma recurrente distintos medios de comunicación. La prueba de que los periodistas siguen generando opinión está en la cantidad de recursos que utilizan los partidos políticos en controlar, en el buen sentido de la palabra, el mensaje. Según Carlos Cué, periodista de El País “sería abrumador saber el número de horas que les dedican los políticos a los asesores y la cantidad de dinero que se gastan en controlar a los periodistas” y aclara que no habla de manipular, sino de intentar que tengan el mínimo de información posible.

Lo cierto es que la aparición de las redes sociales ha hecho que ya no haga falta ni profesionales ni medios de comunicación para dirigirse a los ciudadanos. Como consecuencia crece el número de ruedas de prensa sin preguntas o comunicados vía streaming en las que los periodistas no pueden interactuar con quien lanza el mensaje.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, es el perfecto ejemplo, ya que se dirige a su público mayoritariamente a través de Twitter. Para Rafa Latorre, periodista de El Mundo, el magnate norteamericano demuestra tener “una enorme comprensión del mundo y del tiempo en el que habita orillando a los intermediarios”, ya que “esta red le permite enviar un mensaje unívoco que, aunque puede encontrar un aluvión de críticas, no estará cuestionado por un periodista que le pueda repreguntar”.

En España hay ejemplos similares. En este punto, Montserrat Domínguez, subdirectora de El País, aseguró que, si bien es cierto que nuestros políticos no abusan tanto de la comunicación vía redes sociales, sí “hay una tendencia a esquivar las entrevistas más serias”, lo que hace que cada vez sea más fácil encontrar a los máximos dirigentes del país en el Marca, el Hormiguero o la casa de Bertín Osborne, donde se exponen a una gran audiencia pero se sienten menos presionados.

Tampoco se trata de un fenómeno nuevo, según recordó Cué, José María Aznar fue el primero en negarse a conceder una entrevista a un medio en particular, concretamente se cerró en banda a ser entrevistado por Iñaki Gabilondo. Sin embargo, esta decisión tuvo en su día un coste para el popular. Para Cué, “fue un error” y asegura que es algo que está asimilado en el PP como una equivocación.

Se podría decir por tanto, que el periodismo pierde músculo y esto representa un problema para cualquier país democrático, ya que son los periodistas quienes pueden aportar rigor al incontrolable rio de las redes sociales, porque tal y como concluyó Pelayo Bezanilla, periodista y director de Asuntos Públicos, Comunicación y Sostenibilidad de Coca-Cola, “el hombre que no tiene información, no puede tener opinión”.