Avenida de Palencia: La casita que surgió de una vaquería

Jesús Anta
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Avenida de Palencia: La casita que surgió de una vaquería - Foto: Jonatan Tajes

Nace la calle prácticamente al pie del monasterio de Santa Clara y junto a la escultura que representa el globo terráqueo, titulada ‘La unión del Mundo’ del santanderino Mariano Cobo.
De nuevo es Agapito y Revilla quien nos ilustra acerca del origen del nombre de la avenida de Palencia: Nicolás López Serrano, a la sazón efímero alcalde de Valladolid en 1924 y natural de Palencia, quiso corresponder cortésmente al Ayuntamiento de Palencia, que acababa de poner el nombre de avenida de Valladolid al tramo de carretera que desde Palencia sale hacia nuestra ciudad.
Parte de esta calle se conoció como del Carmen, por apuntar hacia Carmen extramuros, el convento de los Carmelitas descalzos: lugar de popular romería en la campiña inmediata a su fachada y que se ha mantenido sin urbanizar merced a que es un antiguo descansadero cañariego protegido de la invasión del asfalto y el ladrillo.
Los bloques de viviendas que a uno y otro lado han ido forjando la avenida de Palencia se levantaron sobre huertas, vaquerías, descampados y viejas casas molineras que aún existían en la segunda mitad del XX. Algunos otros negocios, como una chatarrería, contribuían a mantener el carácter de prácticamente periurbano de la vieja salida hacia Palencia y Santander.
La avenida va separando (o uniendo) los barrios de Rondilla y Hospital. La primera calle que se abre en la acera de los impares lleva el nombre de González Dueñas (un empresario, filántropo y político vallisoletano nacido en 1829), y en ella se ve el colegio infantil Macías Picavea, de la década de 1920 cuya construcción se atribuye al arquitecto municipal Juan Agapito y Revilla.
Pasada la gasolinera, la avenida de Palencia alcanza el punto más popular de su trazado: la plaza de Romojaro y la comisaría de Policía Municipal.
Fue Romojaro un gobernador civil durante la Dictadura que ejerció en varias provincias, entre ellas Valladolid. Ahora la plaza es un pequeño parque con una pista polideportiva de intenso uso, bajo la que está el primer aparcamiento para residentes que se construyó en Valladolid y que comenzó a funcionar en 1990.
Antes, esta plaza estuvo ocupada por una especie de corrala de casas bajas habitadas fundamentalmente por funcionarios de las más variopintas actividades: policías nacionales, trabajadores del Ayuntamiento, del Servicio de Limpieza, etc. Sin que se conozca razón alguna de esta circunstancia.
Y frente al parque, la comisaría de policía. Se trata de un edificio sin duda llamativo por su singularidad: una especie de casa suiza que en su día era la vivienda de una familia que explotaba una vaquería y una amplia huerta. En el barrio se la conoce como ‘la casita de chocolate’. 
El entorno de la plaza y comisaría está dominado por viviendas de promoción oficial. En concreto, en la acera de los pares, antes de llegar al puente sobre el Esgueva, se levanta el grupo ‘Leones de Castilla’: unos bloques que albergan 504 viviendas, inaugurados en 1954 y que lleva el sello de la Delegación Nacional de Sindicatos. Nos trae esto a la memoria la alteración que el franquismo hizo del ‘Alto del león’, nombre del puerto del Guadarrama que en 1939 se mudó por el de ‘Leones de Castilla’. El alto es un hito en la historia de las comunicaciones del siglo XVIII que se conmemoró erigiendo en 1749 la escultura de un león. Mas, la batalla que allí se libró durante la Guerra Civil en la que participaron un número significativo de falangistas vallisoletanos, hizo que a aquel solitario león se le mudara por un plural, en memoria de ‘los leones’ que murieron defendiendo la España sublevada. En 2000 se recuperó oficialmente el nombre original.
Y frente a estas viviendas se alza el polígono de 503 viviendas que en 1967 se sortearon entre trabajadores, necesariamente afiliados al sindicato oficial, para conmemorar los 25 años del franquismo y que recibió el nombre de ‘XXV años de paz’. Entre la población aún se recuerda el popular cine Babón, uno de los tantos cines de barrio de sesión continua que han desaparecido.
Un gran secuoya plantado junto al río y uno de los puentes decorados por el pintor Pablo Ransa, despiden la avenida de Palencia antes de mudarse en avenida de Santander.