«Los ingenieros que forma la UVa están muy valorados»

Óscar Fraile
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Entrevista a Enrique Baeyens Lázaro, director del Parque Científico de la Universidad de Valladolid. «Los ingenieros que forma la UVa están muy valorados»

«Los ingenieros que forma la UVa están muy valorados» - Foto: Jonatan Tajes

Enrique Baeyens tiene una amplia experiencia en el mundo de la investigación científica y la docencia en Ingeniería. Obtuvo el título de Ingeniero Industrial en 1989 y el de Doctor Ingeniero Industrial en 1994 por la Universidad de Valladolid (UVa). Después de realizar estancias formativas en países como Estados Unidos y Argentina, ocupó cargos de relevancia dentro de la UVa y desde julio del año pasado asumió la Dirección General de la Fundación Parque Científico de la UVa.
¿Cuál es la razón de ser de la Fundación Parque Científico de la UVa?
La principal función es acercar el personal universitario a las empresas desde diferentes puntos de vista. Por un lado, nos ocupamos de todo lo que se refiere a innovación y transferencia, es decir, intentar que toda la investigación que se hace en la Universidad se transfiera a las empresas de la Comunidad, del resto de España y de ámbito internacional. El objetivo es que todo ese conocimiento dé lugar a ideas de negocio para que pueda rentabilizarse. Por otro lado, buscamos empresas que puedan tener necesidades de investigación y las ponemos en contacto con grupos que puedan resolverlas. El Parque sirve como intermediario. No obstante, otra de las misiones fundamentales es la creación de empresas. Tratamos de fomentar la cultura emprendedora y que el personal de la UVa, ya sean estudiantes o profesores, pueda convertir sus ideas en negocios.
Han pasado poco más de seis meses desde que accediera al cargo. ¿Tiene ya claro cuáles son sus objetivos a medio plazo?
Todavía estamos en ello porque acceder a un puesto de este tipo requiere pasar por una fase de conocimiento en la que todavía estoy inmerso. Me gustaría consolidar la actividad que ha tenido el Parque en estos doce años, un periodo en el que ha experimentado una tendencia ascendente, tanto en los recursos económicos como en las personas y las empresas a las que ha apoyado. Tenemos que hacer que el Parque sea una herramienta valorada por nuestros profesores porque no todo el personal conoce cuáles son sus funciones.
El Parque se inauguró en el año 2007, coincidiendo con el inicio de la crisis económica. ¿Hasta qué punto ha condicionado esta circunstancia el desarrollo de la actividad?
Al haber llegado menos recursos económicos a los grupos de investigación de la Universidad, se han podido desarrollar menos investigaciones y, por lo tanto, no ha habido tanta transferencia de ese conocimiento hacia las empresas. Por otro lado, muchas empresas renunciaron a buscar apoyo en la Universidad para desarrollar más su negocio porque tenían suficiente con intentar sobrevivir y mantener sus plantillas. Pero también es cierto que esta crisis ha podido favorecer al Parque en el sentido de que la idea del emprendimiento como una forma de crear riqueza se ha ido extendiendo en la sociedad. Ha habido muchas personas, influenciadas por otros países anglosajones, principalmente Estados Unidos, que han intentado poner en marcha sus negocios. Desde la Unión Europea también se ha intentado fomentar este emprendimiento como respuesta a la crisis.
¿Con qué presupuesto cuenta el Parque y cómo se financia?
Ha ido creciendo de forma sostenida en los últimos años y ahora ronda los 2,5 millones de euros. Hay un parte que aporta la UVa, otra que llega desde nuestros patronos, como el Banco de Santander, y el resto son ingresos que captamos a través de diferentes programas. Por ejemplo, en el de Transferencia de Conocimiento Universidad-Empresa (T-CUE) se ha firmado uno que abarca desde 2018 hasta 2020 y supone en torno a 670.000 euros. Otro caso es el del Instituto para la Competitividad Empresarial de Castilla y León (ICE) de la Consejería de Economía, que nos encomienda trabajar en la consolidación de empresas de menos de cinco años, que no tienen por qué ser surgidas en el entorno universitario. Este programa también nos aporta en torno a 300.000 euros en el periodo 2018-2020 y otros 500.000 euros para una actuación concreta en el Campus de Soria encaminada a desarrollar el tejido industrial de esta provincia.
El Parque cuenta con una Unidad de Creación de Empresas. ¿Cuántas se han generado desde que se puso en marcha?
Entre 2009 y 2018 el Parque ha contribuido a la puesta en marcha de 76 empresas. De ellas, 41 pertenecen a áreas innovadoras tecnológicamente. También hemos atendido a 504 emprendedores y se han desarrollado 167 planes de empresa. No todas estas compañías han surgido directamente del conocimiento del personal de la Universidad, aunque sí la mayor parte.
A propósito de la creación de empresas. El Parque ha iniciado hace casi tres semanas una nueva edición del programa Explorer, en la que 31 emprendedores desarrollarán 21 proyectos innovadores durante cinco meses. ¿Cómo ha sido la experiencia con este programa en años anteriores? ¿Al final estas ideas se convierten en empresas?
No todas, pero en torno al 40 por ciento acaba convirtiéndose en empresas. Con diferente suerte, eso sí. Luego algunas continúan y otras no.
¿En qué se traduce el apoyo que brinda el Parque a estos emprendedores?
Principalmente en asesoramiento a través de nuestro personal especializado. Solemos hacer talleres para ayudarles a hacer planes de negocio básicos, entre otras cosas. Pero cuando se trata de temas muy específicos, como puede ser la inteligencia artificial o el Big Data, recurrimos a consultores externos. En estos casos la formación va dirigida a grupos muy pequeños.
Un reciente estudio de la Fundación Everis concluía que las empresas valoran a la UVa como la séptima mejor universidad de España en la formación de Ciencias e Ingeniería. ¿Es habitual que esas mismas empresas recurran al Parque para la captación de talento?
Sí. Aunque la parte de formación y empleo de la UVa está encomendada a la Fundación General, nosotros tenemos contacto con empresas, y no solo de nueva creación. Aquí se ofrece alquiler de espacios para empresas, y algunas son tan reconocidas como Indra y Ericsson. Les interesa estar cerca de los lugares donde se genera ciencia y tecnología. Por eso vienen aquí. Y también lo hacen para captar personal. En unas ocasiones proponen a los estudiantes becas de formación y en otras vienen a la Dirección a pedirnos que les seleccionemos buenos candidatos para sus necesidades. Lo hacemos sobre todo para las empresas que están aquí. Tenemos dos edificios: el de I+D UVainnova, en el que hay alguna empresa creada por profesores; y el Centro de Transferencias de Tecnologías Aplicadas, que está completo y alberga a unas 40 empresas.
Usted tiene una vasta experiencia en docencia. ¿Considera que la formación que se imparte en la UVa está en consonancia con lo que necesitan las empresas?
Es una controversia que tenemos entre los empresarios y los académicos. El empresario siempre quiere que la formación del ingeniero, físico o químico que va a contratar esté lo más cercana posible a lo que él necesita, lo cual es bueno para ellos, pero puede que no tanto para el estudiante. Hay que tener en cuenta que cada empresa tiene necesidades distintas y nosotros tenemos que ofrecer una formación transversal que dé la posibilidad a las personas de ir a trabajar a diferentes tipos de empresas y realizar diferentes tareas. A mí se ha dirigido personal de empresas importantes de nuestro entorno pidiéndome que formemos a los ingenieros en un determinado programa, que es el que ellos utilizan. Y eso no podemos hacerlo. Eso es responsabilidad de la empresa porque es un recurso propio. Cuando formamos a nuestros estudiantes, nosotros no sabemos si van a ser investigadores en el MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts), emprendedores en Silicon Valley o van a acabar en algunas de las empresas que tenemos en el entorno. Hay que darles un abanico de conocimientos, tanto teóricos como prácticos, que haga que sean versátiles.
Los grados de Ingeniería de la UVa son los que tienen la mayor tasa de abandono en la institución vallisoletana. Alguno de ellos llega al 50 por ciento. ¿Por cree que sucede esto?
Es probable haya que actualizar esa formación. Seguramente muchos de los alumnos que acceden no tienen claro qué son los estudios de Ingeniería ni sepan que tienen un importante contenido teórico. Puede que piensen que están orientados a una salida laboral más concreta. Es cierto que yo detecto en mis alumnos que vienen con carencias, especialmente en los últimos años. Cuando se habla de educación a nivel de país, la que se refiere a Secundaria está muy aleada de la Universidad. Hay que trabajar en esa línea para que desaparezcan esas carencias.
La Confederación de Sociedades Científicas de España (Cosce) publicó un informe en 2017 en el que denunciaba que la ciencia ha perdido 20.000 millones de euros de financiación pública en ocho años. Además, señalaba que buena parte de los presupuestado finalmente no acaba ejecutándose y que este recorte es especialmente pronunciado en investigación. ¿Ser investigador es una profesión ‘de riesgo’ en España?
Ser investigador en España hoy es un reto muy importante. Los últimos gobiernos que hemos tenido no han mostrado un gran apoyo a la investigación. Más bien lo contrario. A pesar de que ha habido fondos, muchos de ellos no han llegado a ejecutarse. Una queja que tenemos los investigadores es la cantidad de dificultades que nos ponen para ejecutar las subvenciones que se dan para investigación. Eso, cuando salen las convocatorias, porque a veces ni salen.
¿A qué dificultades se refiere?
Los problemas que ha habido de corrupción en los últimos años en España han hecho que se haya endurecido el control de fondos públicos. Y eso hace que haya poca flexibilidad. Por ejemplo, si tienes que ir al extranjero a presentar tus resultados, te obligan a ir el día antes de que empiece el congreso y volver el día después. Y a veces es imposible encontrar un avión en esas fechas, además de que en ocasiones puede salir más barato ir dos días antes y volver tres días después. Pasa también cuando se compra equipamiento científico, porque te piden tres presupuestos pese a que haya solo un proveedor. Todo se ha vuelto muy estricto y hay poca flexibilidad.
La Fundación para la Ciencia y la Tecnología realiza encuestas anuales que demuestran que el interés social por la ciencia ha aumentado en los últimos años. De hecho, eventos de divulgación como Naukas han logrado reunir a más de mil personas en Valladolid. ¿Considera que la sociedad percibe en su justa medida lo importante que es la ciencia para el desarrollo de un país?
Cada vez más, gracias a la labor de divulgación que se ha hecho en los últimos años. Es algo que se nota en sociedades tecnológicamente avanzadas, como la nuestra. Cada vez un mayor porcentaje de población es consciente de que la investigación es necesaria para progresar. Otra de nuestras funciones es difundir la cultura científica. De ahí las actividades como Naukas, que organizamos gracias al apoyo de la Diputación.
¿Es complicado retener el talento en comunidades como Castilla y León, con un potencial industrial mucho menor que otras más próximas, como Madrid?
Es muy difícil. En la UVa se imparte una muy buena formación a ingenieros, que es el ámbito que más conozco, y sé que estos profesionales son muy valorados fuera de Castilla y León. Por eso es habitual que se vayan. El tejido industrial que tenemos en Castilla y León es escaso, por eso los graduados prefieren disfrutar de becas en empresas de Madrid, porque eso les da la posibilidad de conocer el ecosistema empresarial de esa ciudad y luego ir a trabajar allí. De hecho, muchos de mis alumnos me dicen que, una vez que han acabado el grado, prefieren hacer el máster en Madrid, porque así aprovechan para empezar a buscar empresas. Eso está haciendo que los máster de la UVa estén teniendo una baja demanda.
Más allá de que se vayan o se queden, ¿qué nivel de inserción laboral tienen los estudiantes de esta rama?
Ahora mismo hay mucha demanda de ingenieros en toda España. Y por parte de todo tipo de empresas. Los ingenieros y tecnólogos que acaban en la UVa salen todos con trabajo. Las empresas vienen a buscar a los mejores estudiantes de último año para intentar captarlos antes de que terminen.
Esta semana han comenzado una serie de actos en la ciudad enmarcados en el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. ¿Por qué la presencia de las mujeres ha sido tradicionalmente minoritaria en estas carreras y en la ciencia en general?
Por un lado, es un problema cultural. A los estudios de Ingeniería siempre han venido más varones que mujeres. Tradicionalmente las mujeres intentaban buscar estudios que tuvieran menos dificultad y que implicaran una vida laboral más fácil de conciliar con la vida familiar. Y los estudios de Ingeniería y la actividad profesional requieren más tiempo y una dedicación mayor que otras áreas. Pero creo que eso está cambiando y es cuestión de tiempo que las mujeres se vayan incorporando a estos estudios, porque cada día se fomenta más la conciliación familiar. Es bueno que así sea. No podemos quedarnos anclados en el pasado. De hecho, en el marco de las actividades de este Día Internacional hemos organizado un acto con unas 150 niñas entre doce y 14 años, con el apoyo de la Concejalía de Educación, Infancia e Igualdad, para que conozcan el nuevo edificio de Industriales. También se van a realizar talleres específicos de mecánica, electricidad y química.

 

«Los americanos desarrollan las ideas de nuestros científicos porque ellos tienen capacidad»

 

Una de las funciones que tiene encomendadas el Parque Científico es favorecer que las ideas que surgen en el entorno universitario tengan aplicación en las empresas. ¿Cómo lo hacen?
En Europa, y particularmente en España, hay una deficiencia respecto a la capacidad de monetizar las ideas científicas que surgen en la Universidad. Aparte de la ayuda para que los estudiantes pongan en marcha sus empresas, queremos que los alumnos y los profesores puedan convertir sus ideas en patentes. Nosotros les ayudamos a llevarlas a empresas que posteriormentes puedan desarrollarlas mediante contratos de transferencias para su explotación, ya sea de la patente o del conocimiento. No queremos que todo se quede en un mero artículo científico. España está a la cabeza de los países desarrollados en producción científica si se divide el número de publicaciones de alto impacto entre los habitantes. Sin embargo, si nos comparamos con países que están al mismo nivel, lo que nos falta es conseguir que esos artículos se conviertan en crecimiento económico del entorno social. Y eso se puede hacer a través de patentes.
Una de las funciones que tiene encomendadas el Parque Científico es favorecer que las ideas que surgen en el entorno universitario tengan aplicación en las empresas. ¿Cómo lo hacen?
En Europa, y particularmente en España, hay una deficiencia respecto a la capacidad de monetizar las ideas científicas que surgen en la Universidad. Aparte de la ayuda para que los estudiantes pongan en marcha sus empresas, queremos que los alumnos y los profesores puedan convertir sus ideas en patentes. Nosotros les ayudamos a llevarlas a empresas que posteriormentes puedan desarrollarlas mediante contratos de transferencias para su explotación, ya sea de la patente o del conocimiento. No queremos que todo se quede en un mero artículo científico. España está a la cabeza de los países desarrollados en producción científica si se divide el número de publicaciones de alto impacto entre los habitantes. Sin embargo, si nos comparamos con países que están al mismo nivel, lo que nos falta es conseguir que esos artículos se conviertan en crecimiento económico del entorno social. Y eso se puede hacer a través de patentes.
En cambio, Estados Unidos es líder en solicitud de patentes. ¿Es una cuestión cultural?
No solo cultural, también es una cuestión política. En España, incluso desde antes de la crisis, las políticas científicas iban encaminadas a aumentar la producción, de modo que se ha promocionado al profesorado que era capaz de publicar artículos en los mejores foros. Pero hasta ahora no se había potenciado la transferencia. Y digo hasta ahora porque este ha sido el primer año en el que se ha puesto en marcha un sexenio de transferencia en España. Creo que la Unión Europea ya es consciente de este problema, porque lleva repitiéndolo desde hace años.
¿Qué le pediría al ministro Pedro Duque?
Aumentar la financiación de la investigación, porque no ha habido recuperación desde la reducción importante que se hizo en la crisis económica. Por otro lado, flexibilizar la gestión de esas ayudas económicas para que no pongan tantas trabas administrativas. Por último, como ya he comentado, son necesarias líneas de actuación que fomenten la transferencia. Para países como España eso es fundamental porque nuestro nivel científico es bueno, pero muchas de las ideas que desarrollan nuestros científicos difícilmente se van a poder aplicar en empresas o centros de investigación españoles. Al final estamos produciendo ideas que van a desarrollan los americanos, porque ellos tienen la capacidad, y nosotros no. Y eso repercute en el desarrollo económico de nuestro país.
El rector de la UVa, Antonio Largo, dijo recientemente que iba a trabajar en mejorar la coordinación entre el Parque Científico y la Fundación General para dotar de un mejor servicio a los investigadores. Aparte de director general de la Fundación Parque Científico, usted es director académico de la Fundación General. ¿Realmente hay problemas de coordinación? ¿Está satisfecho con el servicio que se ofrece a los investigadores?
No puedo estar satisfecho porque estaría diciendo que todo lo hacemos bien. Yo creo que hay margen de mejora, y el equipo de Gobierno de la UVa quiere trabajar en este sentido. Ambas fundaciones tienen competencias similares en ciertos ámbitos. Por ejemplo, transferencia de conocimiento. Puede que a veces haya interferencias y una cierta competencia por ver quién es más eficiente. Lo que hay que hacer es que ambas tengan un objetivo común y una no quite trabajo a la otra.
No solo cultural, también es una cuestión política. En España, incluso desde antes de la crisis, las políticas científicas iban encaminadas a aumentar la producción, de modo que se ha promocionado al profesorado que era capaz de publicar artículos en los mejores foros. Pero hasta ahora no se había potenciado la transferencia. Y digo hasta ahora porque este ha sido el primer año en el que se ha puesto en marcha un sexenio de transferencia en España. Creo que la Unión Europea ya es consciente de este problema, porque lleva repitiéndolo desde hace años.