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No queremos doblar el lomo

M.H. (SPC)
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Falta mano de obra en el campo. Los subsidios como el Ingreso Mínimo Vital y la oferta en otros sectores no ayudan. Subir los salarios sería una opción, pero, ¿los consumidores asumirían el aumento en el precio de los productos que eso supondría?

No queremos doblar el lomo - Foto: Javier Pozo

La Unión de Extremadura, una organización agraria de esa comunidad, denunciaba a finales de junio «la escasez de mano de obra que cada campaña encontramos a la hora de las recolecciones, principalmente de la fruta, la vendimia y la aceituna». El 10% de las personas desempleadas de esa comunidad correspondían al sector agrario en esa fecha y se preguntaban «cómo es posible que haya, por ejemplo, 417 parados en Don Benito y no encontrar mano de obra para recolectar la fruta de hueso en este municipio».

ASAJA en Albacete mostraba similar preocupación hace apenas un par de días. «El agricultor siente impotencia y preocupación ante la posibilidad de la pérdida de las cosechas por la falta de mano de obra para la recolección de campañas tan importantes en estas fechas como la vendimia».

En ASAJA de Castilla y León mostraban hace unos meses inquietud por la falta de esquiladores o de mano de obra para la campaña de la patata o la horticultura.

«La mano de obra en Granada se ha convertido en un lujo. Los empresarios tienen serias dificultades para recoger sus cultivos por falta de jornaleros. Y necesitan soluciones a un problema que se reproduce campaña tras campaña y va a peor», explica el secretario general de UPA Granada, Nicolás Chica.

Según Juan Metidieri, presidente de APAG Extremadura ASAJA, «es un contrasentido que en una región que tiene unas cifras de paro cercana a los 100.000 desempleados luego existan problemas para encontrar mano de obra». «Podría tener consecuencias muy negativas para los cultivos en general y para un sector vital como el de la aceituna. Es fundamental actuar con tiempo para buscar soluciones», ha indicado.

El cereal es el cultivo que más hectáreas ocupa en España, pero está muy mecanizado y apenas exige mano de obra actualmente (hace unas décadas, cuando había que segar a mano, era otra cosa). Sin embargo, hay otras muchas producciones que aún exigen temporeros para sacar la producción del campo. Fruta, espárragos, aceituna, ajos y muchas otras plantaciones requieren, en el momento justo, una buena cantidad de mano obra. Se trata de cultivos perecederos que han de ser recolectados en el punto justo para poder salir al mercado, que es la finalidad de los agricultores. Si falla el recolector, el trabajo de un año entero se puede ir al traste. Esta situación se vio agravada durante los primeros meses de la pandemia, cuando las cuadrillas de trabajadores, sobre todo extranjeros, tenían complicado moverse por nuestro país para aprovechar las campañas de los diferentes productos.

Desde ASAJA denuncian que las políticas nacionales de subsidios por desempleo por parte de la administración pública, tales como el Ingreso Mínimo Vital, está fomentando que «se prefiera quedar en casa a tener que ir a trabajar al campo». La organización agraria señala que «la administración debería quitar las prestaciones a aquellas personas que rechacen un puesto de trabajo». Además, y esto es mucho más sangrante, denuncia casos de trabajadores que «intentan sin éxito para seguir cobrando las prestaciones que el agricultor no los dé de alta». Parece el mundo al revés. Todo trabajador quiere cotizar, pero en esto casos se dan situaciones como las que denuncia ASAJA.

Los planes de empleo público de los ayuntamientos pueden suponer otro problema añadido, al coincidir con las campañas de recolección. En algunos casos implican una gran merma a la hora de encontrar trabajadores para el campo, avivando seriamente los problemas de falta de mano de obra en el sector agrario. Por eso sería lógico que los consistorios en los que la actividad agrícola es primordial trataran de compaginar esas ofertas con las campañas agrícolas, de tal manera que trabajadores, ayuntamientos y agricultores saldrían beneficiados.

El gran problema es que esta situación puede desembocar en una dinámica que haría mucho daño al campo español. Hay una opción, que es una subida de sueldo para los temporeros, pero que muy pocos agricultores están en condiciones de asumir si se siguen pagando los precios en origen que se pagan actualmente. Cualquier agricultor estaría encantado de aumentar el sueldo a quien recoge sus olivas, sus melocotones o sus ajos si luego recuperara esa subida de sueldo al vender el producto. Pero la triste realidad es que la mayor parte de los consumidores miramos primero el precio, y luego todo lo demás. Es muy fácil apoyar de palabra la actividad agrícola, pero cuando hay que apoyarla con la cartera es otro cantar. Ser conscientes de lo que cuesta producir en España (y el resto de la UE) frente a alimentos de otros países cambiaría, probablemente, la percepción de la población en lo que respecta a sus decisiones de compra.

La otra opción es la mecanización, que implica un poco más de muerte para la España rural. Si los agricultores no cuentan con mano de obra suficiente para recolectar, tendrán que pensar en adaptar sus cultivos para que las máquinas hagan el trabajo. No todos se prestan, pero hay muchos que hoy en día requieren mucha mano de obra y generan muchos jornales, pero que pueden transformarse en poco menos que una línea de producción (ajo, patata, cebolla...). Eso implicaría un número de trabajadores inferior, con las consecuencias que eso acarrearía al mundo rural; pero es que además también, en muchos casos, supondría una pérdida de calidad en el producto.

Y una fatal consecuencia de esta dinámica será que los dueños de pequeñas explotaciones no podrán asumir esa transición a causa de la gran inversión necesaria y tendrán que vender sus explotaciones a quienes puedan acometer esos gastos. En ese caso, la producción seguirá el camino que lleva desde hace décadas, terminando en manos de grandes empresas y perjudicando al pequeño y mediano profesional, que al final es quien mantiene la actividad en la España vaciada.

 

Plataforma para contactar.

Para poner freno a esta situación, ASAJA ha puesto a disposición, tanto de empleadores como de posibles trabajadores, una plataforma en la que ambas partes pueden ponerse en contacto. Esta plataforma (asajaservicios.com/empleo/) permite a empresarios y a demandantes de empleo la comunicación y gestión entre ellos para que ambos puedan cubrir sus necesidades. Así, a través de dos formularios, en función de si «necesitas mano de obra» o «buscas trabajo» se pone en contacto la oferta con la demanda de mano de obra en el campo. Además, se incluye una serie de respuestas a dudas comunes sobre cuestiones relativas a cómo afecta estar en ERTE para trabajar en una campaña agrícola, o si existe movilidad interprovincial, entre otras cosas.