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El mesón del cocido con dos sopas

M.B
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Julio Blanco y Begoña Fragua nos descubren los secretos del Mesón Julio, un local que se ha ganado un nombre y algún premio con su "cocina de toda la vida"

Julio Blanco, en la cocina del Mesón Julio. - Foto: Jonathan Tajes

Lo de las dos sopas viene de mi abuelo, que era de Valdearcos de la Vega. Estaba fastidiado del estómago y la sopa gorda la dejaba para la comida y la fina, para la cena». Julio Blanco Llorente cuenta la anécdota mientras cuece las carnes, «para desgrasar», del cocido del día siguiente. Es un ritual que lleva haciendo años en el Mesón Julio. Ni recuerda cuántos. En los últimos «8 o 10» le ha dado un nombre en la gastronomía vallisoletana... y nacional, hasta el punto de recibir el pasado mes de noviembre un Solete Repsol. «Es conocido por su cocido, con dos sopas y calidad de todos sus vuelcos, y el arroz a la zamorana; pero en general bordan los guisos tradicionales», señalan desde la Guía. 

Julio abrió su primer local hace 37 años en el mismo sitio donde se encuentra hoy, en la calle Juan de Juni, 3. Por entonces se llamaba Mesón Juan, «por el anterior dueño». Durante cinco años y medio, en la parte de arriba del establecimiento sirvió vinos, croquetas, tigres, torreznos y chorizos: «Lo que veníamos llamando diputados y senadores por entonces». Al frente de aquella cocina estaba la señora Juana, la madre de Julio, de la que él mismo ha sacado algunas, o muchas, de sus nociones entre fogones: «Porque yo realmente no soy cocinero de estudios».

Tras un periplo de tres años y medio fuera, volvió a su Mesón y, después de una reforma, abrió sus puertas el 9 de enero de 1993, justo hace 29 años. Ya con el nombre de Mesón Julio y junto a su mujer, Begoña Fragua Sánchez, hoy la encargada de los postres.

Desde esa apertura han ido cambiando su esencia. Empezaron con un comedor de menú diario y no acabaron de encajar. Hasta que un día, hace dos décadas y «de casualidad», asegura Julio, dieron con la tecla, gracias a unos primeros encargos de amigos y a algunas cenas de grupos de jóvenes. Entonces empezaron a relanzarse gracias a lo que llaman el clásico: un menú a compartir consistente en pimientos rellenos de bonito, tomate con carne picada al horno, revuelto de trigueros con setas, langostinos encebollados y carrillera. Todo, más bebida, por 23 euros/persona. «Al principio venía mucha gente joven, de clubes de baloncesto, balonmano o futbito. Hasta que se empezó a conocer el cocido y empezaron a venir trabajadores de factorías, funcionarios, médicos...», recuerda sobre esa segunda evolución, añadiendo que la red social Facebook, a la que se unió en 2012, le ayudó mucho.

Pero, ojo, el Mesón Julio no es un restaurante al uso, con carta o menú: «No, no. Aquí el cliente llama y encarga lo que quiere comer. Es decir, les podemos decir que nuestros platos que más salen son los cocidos o las patatas a la importancia, pero es el cliente el que pide lo que quiere comer». Y el cocinero añade que si va alguien un día sin encargo no se va a quedar sin comer unos huevos fritos con patatas o unos torreznos, pero que el funcionamiento del Mesón es por encargos.

Él mismo apostó por dos platos que, de primeras no triunfaron, los garbanzos con callos y las albóndigas de bacalao, pero que ya empiezan a ver la luz.

Con una capacidad para unas 36 personas, abren para comidas y cenas de lunes a sábado, y los domingos para comidas, casi siempre con muchos clientes habituales, que ya conocen sus platos: ese cocido con dos sopas, esas patatas a la importancia, las mollejas de ternera, las ensaladas de mango, el bacalao al pil-pil, los chipirones rellenos... y carnes, como la carrillera, el cachopo o costillas... «Es cocina de siempre», apunta sin olvidarse de los postres de Begoña: «La tarta de queso sobre todo. Y las natillas con nubes o el arroz con leche».

Del cocido, la principal diferencia por estas tierras, y por lo que más famoso se ha hecho, es por las dos sopas: «Que en algunas zonas de Ávila también se sirven. Con una de pan y otra de fideo». El tique medio está entre los 20 (que cuesta ese cocido) y los 30 euros. Y el Solete reconoce que les ahogó de trabajo, con numerosas reservas, algo que la sexta ola de la pandemia les ha cortado de raíz.

«¿Qué quiere comer?», responde Julio a una llamada. Ya saben, siempre por encargo.