El arte de 'comprar tiempo' de los negociadores policiales

A. G. Mozo
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La Policía activa a sus negociadores con la doble premisa de «ganar tiempo» y «evitar daños personales», aunque haya incidentes críticos como el del octogenario de la calle Embajadores que al final tengan que ser resueltos por el GEO

El arte de 'comprar tiempo' de los negociadores policiales - Foto: J. C. Castillo

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Un hombre se atrinchera en su piso de Las Delicias tras efectuar varios disparos

No salió en ninguna foto, pero se pasó la mañana del domingo en un ático de la calle Embajadores, enfundado en su chaleco, tratando de convencer a José Antonio de que depusiese su actitud y se entregase. Era la voz que volaba al cielo de Las Delicias tratando de conectar con el anciano del piso de al lado, ese que se atrincheró con una escopeta y una mascarilla. «La negociación tiene un método. Esto no va de coger a un tío que tenga labia y soltarle. Hay unas técnicas, que son materia reservada, y que está comprobado que funcionan. Y, sí, luego hay que improvisar, porque puedes toparte con un interlocutor que se cierra en banda y que no quiere hablar. Y ahí toca ganar tiempo y buscar otra salida».
Habla el negociador de la Policía Nacional en Valladolid y aunque no lo dice (porque aún no puede dar muchos detalles del operativo del pasado domingo en Las Delicias), el octogenario de la escopeta de calle Embajadores fue uno de esos con los que el diálogo se tornó imposible. Él se limitó a ganar tiempo para que el incidente se resolviese «sin daños para las personas», una de las reglas de oro del ‘método’.
El negociador es un inspector de la Unidad contra la Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV), de la Brigada de Policía Judicial. El domingo se tuvo que enfundar su chaleco (antibalas) de negociador y tratar de buscar una salida ante la deriva de un tirador encaramado a una sexta planta y disparando sin control. Lo intentó con todo su empeño –y elevadas dosis de riesgo– durante más de tres horas, pero no consiguió evitar que todo acabase con el GEO asaltando la terraza de la vivienda entre botes de humo, gritando aquello de «¡tira el arma, tira el puto arma!» y desarmando de un disparo al anciano.
Solo ha tenido que intervenir en tres incidentes críticos en sus trece años con el ‘carné’ de negociador, pero «la estadística aquí no vale para nada, se rompe en lo que suena el teléfono». Como pasó el domingo en Las Delicias, cuando ese hombre de 83 años se atrincheró en un ático de la calle Embajadores, después de que estuviese disparando al aire desde su terraza y de que, luego, no dudase en hacerlo contra la Policía durante varios momentos de un atrincheramiento que se prolongó por espacio de cuatro horas y que al final se resolvió por la vía táctica, con un equipo del GEO entrando hasta la terraza y arrestando a José Antonio V.G.
El instinto policial no fallaba. El anciano opuso férrea resistencia, recibió a tiros a los agentes y al perro K9 (Elko está ya fuera de peligro) que intentaba desarmarle. «Los GEO son unos profesionales muy muy preparados que fueron capaces de desarmarle de un balazo limpio en el brazo, pero eso hay que hacerlo a 180 pulsaciones y con un tío que te está disparando a unos metros», alaba el negociador.

TRABAJO EN EQUIPO

«Lo más complicado es trabajar con poca información. Llegas a un escenario y tienes tres detalles. A partir de ahí hay que recabar lo máximo posible. Si tiene armas, si se está medicando, si vive solo, si mantiene una buena relación con su familia, si está en paro, si hay problemas económicos o sentimentales, si es del Madrid, del Barça o del Valladolid... Hay que elaborar una radiografía de la persona y su entorno, en tiempo récord». El negociador no trabaja solo, aunque él sea el único que ponga «la voz», ya que detrás hay un equipo que se encarga de recoger detalles, pues «es mejor retrasar un poco el inicio de las conversaciones hasta tener cierta información».
Luego hay que empezar a hablar, contactar por teléfono o a través de una ventana y jamás utilizar esos megáfonos tan de película: «Están prohibidos. No puedes negociar a gritos, es un método muy agresivo», justifica. «Lo primero que hacemos es tratar de rebajar la tensión, pero, claro, sin que se incremente la tuya para no transmitirle inseguridad. Es que realmente lo que hacemos es comprar tiempo, porque el tiempo juega a nuestro favor. El tiempo nos sirve para analizar con calma qué está ocurriendo y poder tomar la mejor alternativa», añade.
Un arte que tienen que dominar sin engaños: «No se puede mentir. Jamás se tiene que prometer algo que no se puede cumplir. No vale decirle aquello de no te vamos a detener, no va a pasarte nada».
El contacto visual es otro de los aspectos clave para la negociación aunque en muchas ocasiones sea imposible, como ocurrió el pasado domingo en el incidente de la calle Embajadores donde tuvieron que utilizar un espejo para ver el rostro de Antonio. «El lenguaje corporal es importante porque puede decir una cosa, pero su cara, sus manos, sus movimientos... te desvelan cuál es el estado real de la persona».
Este inspector desvela otra de las reglas básicas de la negociación: «El que negocia no manda y el que manda no negocia, esto es básico. El jefe de incidente es quien toma decisiones en base a la información que le va dando el negociador y el resto de equipos del operativo», destaca el negociador. «Y si el GEO tiene que intervenir porque ya no hay más opciones, pues interviene. Nosotros estamos para tratar de dar una solución a una situación muy concreta, pero no para resolver los problemas de las personas, porque no somos psicólogos». «Hay que limitarse a hablar con él, de lo que quiera. Como si él quiere desahogarse contigo, pero siempre dándole una salida y jamás con mentiras, prometiendo algo que no puedas cumplir», insiste.

DESDE 2007

Aunque la figura del negociador siempre ha existido, es en 2007 cuando su papel se somete a una regulación, a un método que se aprende en un «curso durísimo» y en el que participan expertos del FBI americano, del RAID francés y de diversos cuerpos policiales de Sudamérica, convertidos en la élite de la negociación a fuerza de sufrir secuestros. La Comisaría General de Policía Judicial tiene en marcha desde entonces una Red Nacional de Negociadores que se encarga de validar a los nuevos inspectores y de reciclar anualmente a los que ya poseen un chaleco que, en muchas comisarías, es único.
Secuestros, extorsiones, atracos con rehenes y situaciones críticas de atrincheramiento y amenazas de suicidios son su especialidad. El perfil del negociador debe ser el de un «policía experimentado en el ámbito operativo, con autocontrol emocional, ser buen comunicador, flexibilidad, con alta tolerancia a la frustración, con empatía...».
Este inspector, que lleva 23 años en el CNP, debutó como negociador en mayo de 2016 en Zamora, donde un joven de 37 años con problemas psiquiátricos se atrincheró en su casa, armado con dos cuchillos. «Pude alcanzar una cierta empatía con él y hasta me invitó a pasar al domicilio, aunque también hubo resolución táctica, desarmándole aprovechando esa confianza».
PINAR DE JALÓN

En Valladolid se estrenó con una amenaza de suicidio registrada en octubre de 2017 en Pinar de Jalón. Una mujer se encaramó sobre una azotea y, después de ocho horas de negociación, lograron convencerla de que no se tirase. «Recuerdo que me fundí en un abrazo con ella y no la solté durante un rato para tenerla controlada. Ese es el momento más delicado, son unos segundos en los que te la juegas. Cuando termina sientes alivio, que te has quitado una mochila de ochocientos kilos. Una sensación muy reconfortante».
Pero no fue fácil. «El hecho de estar en una azotea durante tanto tiempo supone mucha exposición y suele ocurrir que esas personas se retroalimentan porque ven lo que está ocurriendo y la sensación que tienen es que lo ha provocado él y les cuesta dar marcha atrás», explica el inspector. «Cuando se acaba te quedas destruido, porque llevas dentro mucha ansiedad y tensión», admite.
El tercer incidente «crítico» en el que se ha tenido que colocar ese chaleco fue el del pasado domingo en Las Delicias. «Fue una situación muy compleja y se dilató todo lo que se pudo dilatar, para ver si se entregaba, aunque finalmente se optase por la vía táctica», recuerda este negociador, quien explica que existe un Protocolo Nacional de Incidentes, adaptado en el caso de Castilla y León por la Jefatura, en el que se fija «quién tiene que actuar, quién no y con qué medios».

DECIDE EL JEFE DEL INCIDENTE

La decisión, en cualquier caso, no dependía del negociador, sino del jefe del incidente, que era el propio comisario provincial, Luis Gibert. «Teníamos a una persona fuera de control, con un arma de fuego, en la terraza de un piso de un barrio de Valladolid, con vecinos asomados a la ventana, gente por la calle... La decisión que se adopta en ese caso es la que había que tomar», según confiesa este inspector, reacio a dar detalles sobre un asunto que está judicializado.
«Llegar a entablar contacto con él fue muy muy complicado y, pese a ello, se consiguió llegar a una cierta relación con él, aunque al final no llegase a entregarse. Pero al menos sí que sirvió para comprar tiempo». Ese arte.