Un químico sensato

SPC
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Un químico sensato - Foto: EUROPA PRESS

Rubalcaba, más allá de sus éxitos en el Gobierno como el fin de ETA, la negociación del Estatut o la implantación de la Logse, fue un hombre de Estado y un gran negociador

Alfredo Pérez Rubalcaba lo fue todo en el PSOE y en el Gobierno, excepto presidente. Fue diputado durante 21 años, ministro, vicepresidente, líder del Partido Socialista y candidato a la Presidencia y cuando se dio cuenta que tenía que irse, con esa lucidez que le caracterizaba, este progresista de cuerpo y alma decidió abandonar la primera línea política. Eso sucedió en 2014 tras el mal resultado que sacó su partido en las elecciones europeas celebradas aquel año y desde entonces se dedicó a dar clases de Química Orgánica en la Universidad Complutense.
Pero Rubalcaba fue mucho más que un político que cumplió su deber en las altas instancias de la política y del Ejecutivo. El cántabro será recordado siempre como un hombre de Estado que acabó con ETA, negoció el Estatut e implementó la reforma educativa de la Logse. 
Muñidor de acuerdos al tiempo que azote de adversarios en el Congreso y hábil parlamentario, fue una de las figuras centrales de la política española de los Gabinetes de Zapatero. Su último servicio, como líder del PSOE, fue pilotar con el entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, la abdicación del Rey Don Juan Carlos. 
Aunque nacido en Solares (Cantabria) en 1951, Rubalcaba vivió desde su infancia en Madrid. El colegio Nuestra Señora del Pilar -el mismo por el que pasaron Javier Solana o José María Aznar- le dejó amigos como Jaime Lissavetzky, con el que luego compartiría actividad política. Una lesión lo apartó de las pistas de atletismo, en las que presumía de haber bajado de los 11 segundos en los 100 metros. 
Militante del PSOE desde 1974, su actividad en el Ejecutivo comenzó en 1982, cuando, en el primer Gobierno de Felipe González, entró en el Ministerio de Educación y Ciencia, del que llegó a ser su titular en 1992. Su fama de buen negociador arrancó con las movilizaciones estudiantiles del curso 1986-1987. Él solía recordar con gran aprecio su etapa en ese Departamento. 
Desde entonces, no hizo más que cosechar triunfos políticos y ser un servidor del Estado tanto en el Gobierno de González como en el de Zapatero
Con el leonés en el Ejecutivo, fue designado ministro del Interior en 2006, cartera que retuvo hasta el final de ETA. Rubalcaba conjugó la lucha policial con la voluntad de diálogo sin hacer concesiones a los terroristas. Después de dos treguas fallidas, con conversaciones en las que él nunca participó, pero sí impulsó, llegó la definitiva en 2011.
distancia con sánchez. Más allá de intervenciones ocasionales, en los últimos años se mantuvo apartado de la primera línea, pero hizo saber su distancia a Pedro Sánchez. Él acuñó la expresión Gobierno frankenstein, en 2016, para criticar la posibilidad de un pacto con Podemos y los independentistas. 
Una de las últimas desavenencias que tuvo con Sánchez se produjo tras la decisión de este de no promocionar a Elena Valenciano -número dos de Rubalcaba en su etapa como secretario general del PSOE- para dirigir el Grupo Socialista en el Parlamento Europeo.
En protesta por el veto a Valenciano, el cántabro rehusó la invitación a acudir a la Escuela de Buen Gobierno que el líder del PSOE celebró en 2018 con el objetivo de escenificar la unidad del partido. 
Ya como presidente del Gobierno, el madrileño ofreció sin éxito a Rubalcaba ser el candidato del PSOE a la Alcaldía de Madrid, propuesta que el exministro rechazó. Sus últimas entradas en su página de Facebook fueron, en marzo, para reconocer el trabajo de Valenciano y para reivindicar la jornada histórica del 8 de marzo.