El 'violador del ascensor' no saldrá de prisión hasta 2042

A. G. Mozo
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La sentencia por sus últimas violaciones específica que, aunque solo podrá cumplir 25 de los 96 años impuestos, el total de la pena será el periodo de referencia para obtener beneficios penitenciarios, permisos de salida o pasar a tercer grado

Pedro Luis Gallego, durante su declaración en la Audiencia Provincial de Madrid. - Foto: Efe

La Audiencia Provincial de Madrid ha impuesto una pena de 96 años de cárcel a Pedro Luis Gallego Fernández por los ataques que perpetró en Madrid sobre cuatro mujeres entre diciembre de 2016 y abril de 2017, en el entorno del Hospital de La Paz, y que a dos de ellas llegó a secuestrar y llevar hasta su piso de Segovia, donde las violó en repetidas ocasiones. La sentencia de la Sección Sexta condena al 'violador del ascensor' por dos delitos continuados de agresión sexual (19 años por cada uno), uno de agresión sexual (12), dos de detención ilegal (15 por cada uno), otros dos de intento de detención ilegal (dos años y medio por cada uno), junto con dos delitos de lesiones (sendas penas de dos años) y dos de robo con violencia (castigados con cuatro y tres años).

El fallo especifica que el límite máximo de cumplimiento será de 25 años de prisión, si bien "el cómputo de plazos aplicables a los beneficios penitenciarios, permisos de salida, clasificación en tercer grado y tiempo para la libertad condicional se referirán a la totalidad de las penas impuestas". Esto significa que Gallego no podrá salir de la cárcel hasta junio de 2042, cuando se cumplirán, precisamente esos 25 años de reclusión. Para entonces, iría camino de los 83 años de edad, toda vez que el dictamen recogido en la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid hace imposible que pueda disfrutar de ningún permiso con anterioridad a esa fecha. Al tratarse de penas graves, la legislación penitenciaria dice que tendría que cumplir la mitad de esos 96 años (sobre los que exige el tribunal que se haga cualquier recuento) para pasar a tercer grado u obtener algún permiso e, igualmente, otro de los requisitos, el de haber cumplido un cuarto de la pena, tampoco llegaría hasta transcurridos 24 años. Además, se le imponen diez años de libertad vigilada, una vez saliese de la cárcel, así como diez de destierro de Madrid.

El 'violador del ascensor' está, por tanto, ante la sentencia más grave de su larguísima vida entre rejas, después que el antiguo Código Penal, por el que fue juzgado en los años 90 por una veintena de violaciones y por los asesinatos de la vallisoletana Leticia Lebrato y la burgalsa Marta Obregón, le permitiese zanjar con 21 años de cárcel los 273 que llegó a acumular, convertido en el peor depredador sexual de la historia de Valladolid.

LA INVESTIGACIÓN Y LOS MOVIMIENTOS DE SU MÓVIL

La sentencia, a la que tuvo acceso El Día de Valladolid, detalla la compleja investigación policial que llevó al arresto del vallisoletano en junio de 2017 y cómo se llegó hasta él tras cruzar los movimientos de los 75.000 Toyota Auris matriculados en España, con los que pudieron ser captados por los puntos de control de la Policía Municipal de Madrid en ese entorno del Hospital de La Paz, a pesar de que utilizaba un coche que estaba a nombre de su cuñado. Una vez que salió a la palestra el nombre de Pedro Luis Gallego y se descubrieron sus antecedentes, las pesquisas se centraron en el 'violador del ascensor'. Primero le situaron en la vivienda de su pareja y gracias a una baliza instalada en su vehículo ya se descubrió el piso de la zona de Nueva Segovia cuya descripción coincidía por la aportada por las dos víctimas. Se registró el coche y aparecieron bridas como las que habría utilizado para inmovilizar a sus dos víctimas y en el registro de la vivienda aparecieron más objetos como los descritos por las chicas.

El barrido telefónico de Gallego terminó de redondear una investigación que le situaba los cuatro días de los ataques viajando de Segovia a Madrid y regresando luego a su piso; también visitando Valladolid. Llegaba su detención y su oposición a aportar una muestra de ADN, pero la autoridad judicial lo ordenó y por ahí iban a llegar pruebas definitivas. 

LAS VÍCTIMAS TENÍAN ADN DE GALLEGO PESE A QUE LAS LAVÓ

Porque los análisis de los restos de ADN que se encontraron en los frotis vaginales de las dos víctimas confirmaron la presencia del perfil genético de un Gallego que en uno de los casos no dudó en cometer la violación "por vía vaginal y bucal, sin preservativo y eyaculando en el interior", según especifica una sentencia cuyo relato de hechos probados desvela que las dos jóvenes no solo fueron secuestradas, violadas y retenidas durante horas, sino que estuvieron privadas de visión durante todo ese tiempo. Eso sí, su larga presencia en la vivienda de Segovia también jugó en contra de este depredador sexual, porque en el pomo de una de las puertas también se localizó ADN de una de ellas, así como también se aislaron unas fibras, compatibles con las del sofá de Gallego, en las bragas. Y todo, pese a que no dudó en lavarlas a conciencia antes de liberarlas.

El fallo detalla que el primer ataque se produjo sobre las 23.35 del 16 de diciembre de 2016 y que su víctima, de 17 años, logró escapar al aparecer unos viandantes, pese a que la llegó a encañonar con una pistola que luego resultó ser simulada. El segundo, a las 0.00 horas del 19 de febrero de 2017, fue el primero consumado. Inmovilizó a su víctima con unas bridas, la tapó los ojos con un gorro y la tumbó en el asiento trasero de coche. Llegó a su garaje comunitario de Nueva Segovia y la subió a su piso, donde la víctima, "maniatada, tuvo que soportar del procesado que la agrediera sexualmente, por medio de introducción de su pene por vía vaginal y bucal, hasta al menos en cinco ocasiones, continuando con esta acción que no cesó durante toda la noche", explica la sentencia, que dice que no fue hasta las 14.30 horas (transcurridas más de doce) cuando la devolvió a Madrid.

Hubo un tercer ataque, también infructuoso, sobre la 1.40 horas del 2 de abril de 2017. La víctima llegó a ser metida en Toyota del violador, pero logró escapar. El cuarto ataque, de nuevo consumado, se produjo un par de semanas después, a las 22.45 del 14 de abril. Secuestró a la joven y la obligó a mantener relaciones sexuales antes incluso de llegar a Segovia, ya que la violó en una gasolinera de la A-6, en el término de Las Rozas. Después continuó su viaje hasta su piso de Segovia y allí, "durante más de seis horas, la estuvo forzando sexualmente". También la lavó antes de liberarla.

Fue detenido el 16 de junio de 2017 y, aunque inicialmente, negó los hechos y hasta esa muestra de ADN, en el juicio celebrado el pasado 3 de octubre se declaró culpable y lanzó un mensaje de supuesto arrepentimiento. En su turno a la última palabra, dijo hablar "con el corazón de la mano" y aseguró que tenía "un problema psicológico" al sufrir "una obsesión que no puede controlar": "Soy víctima de mí mismo. Me arrepiento de haber nacido. Desde los 19 años tengo un problema psicológico porque mi vida no ha sido normal y nunca lo he podido resolver".



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