Rubalcaba y su 'Quinta del Buitre'

José Miguel Blanco (Efe)
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Rubalcaba y su 'Quinta del Buitre' - Foto: Eduardo Parra - Europa Press

La carrera política del exministro, exvicepresidente y exsecretario general del PSOE estuvo marcada por la huella que él reconoció que le dejaron Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero, José María Maravall, Joaquín Almunia y Javier Solana

Una carrera política tan dilatada como la que ha tenido el que fuera secretario general del PSOE Alfredo Pérez Rubalcaba, fallecido hoy a los 67 años de edad, está plagada ineludiblemente de referentes que han marcado su actuación en las distintas responsabilidades que asumió a lo largo de su vida.
De todas esas personalidades de referencia, él mismo identificó cinco en el que fue su último discurso como secretario general del PSOE, el que pronunció en el Congreso extraordinario del partido que en julio de 2014 encumbró por vez primera a Pedro Sánchez como líder de su formación política.
Los citó uno a uno: Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero, José María Maravall, Joaquín Almunia y Javier Solana.
"No me negaréis que he tenido suerte en mi vida política. He tenido los mejores jefes. El dream team. ¿He dicho el dream team? ¡No! Estaba pensando en la Quinta del Buitre", comentó fiel a su pasión por el Real Madrid.
Esa fue su particular quinta, de la que pudo considerarse un alumno aventajado.
Quien primero le tendió la mano para adentrarse en los vericuetos de la administración fue Maravall, ministro de Educación desde 1982 y con quien ocupó primero el cargo de director general de enseñanza universitaria y, después, el de secretario general de Educación.
Rubalcaba mostró su "gratitud infinita" hacia él por haberle permitido estar en primera línea en la lucha por la igualdad de oportunidades en educación.
Javier Solana sustituyó a Maravall al frente de Educación en 1988, y el nuevo titular de este departamento confió también en él para situarle al frente de la Secretaría de Estado.
Con Solana había dados sus primeros pasos en el mundo universitario y de la política científica y tecnológica, un aprendizaje que plasmó en la ley de universidades.
Siguió subiendo escalones en la misma senda educativa cuando Felipe González decidió que había llegado el momento de nombrarle en 1992 ministro de este área. Al año siguiente le daría la cartera de la Presidencia y Relaciones con las Cortes.
"Él ha sido mi maestro. De él he aprendido todo (...) Un compañero, un amigo" apuntó Rubalcaba de González, agradecido por haberle hecho partícipe de una gestión que consideraba el proyecto de modernización más importante que ha conocido España y la tarea más apasionante jamás realizada por el PSOE.
Si defendía la labor de la etapa de Felipe González, también elogiaba la llevada a cabo por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.
Le agradecía haberle dado la oportunidad de participar, primero como ministro del Interior en 2006 y después también como vicepresidente, en el Gobierno que creía que más había hecho en España a favor de la extensión de las libertades civiles y la igualdad de las mujeres.

 

Hombre clave en el fin de ETA

También para lograr el fin del terrorismo de ETA, ya que aunque reconocía que era un éxito de todos, resaltaba que solo se había conseguido con Zapatero en la Moncloa y con Patxi López como lehendakari.
"Confió más en mí que yo mismo", llegó a decir del segundo presidente del Gobierno socialista desde la Transición.
El quinto de la quinta era Joaquín Almunia, la persona que al ocupar la Secretaría General del PSOE en el 34 Congreso federal celebrado en 1997, le dio por vez primera un puesto en la dirección del partido al encargarle la secretaría de Relaciones con los Medios de Comunicación.
"Joaquín, un socialista vasco, un socialista fuerte, de convicciones, firme y del que he aprendido a mucho", comentó de él Rubalcaba.
Y un dato de paralelismo entre ambos: han sido los dos únicos secretarios generales del PSOE en la actual etapa democrática que no han llegado a la Presidencia del Gobierno.
Gracias a todos ellos, a los cinco, a su personal quinta, Rubalcaba consideraba que había podido aportar su particular grano de arena a la lucha por la igualdad y la libertad que, como ningún otro partido, creía que había protagonizado el PSOE.