Roger Milla, el abuelo del Mundial

JAVIER M. FAYA (SPC)
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El próximo lunes se cumplen 30 años de la victoria de Camerún sobre Argentina en el arranque de la cita italiana que encumbró a esta selección y a su veteranísimo '9'

Roger Milla, el abuelo del mundial

Uno de los secretos del éxito del deporte es que dos más dos no siempre son cuatro, y David puede vencer a Goliath. Pocas veces, poquísimas, pero sí que pasa. Algo así sucedió hace casi 30 años, el 8 de junio de 1990, en el estadio Giuseppe Meazza de Milán. Partido inaugural del Mundial de Italia 90 entre Argentina, que era la vigente campeona, y Camerún, de la que muy poco se sabía. Si acaso que había dejado un buen sabor de boca en España 82 gracias a su portero, Tomi N’Kono, que estaba allí frente a un tal Maradona. Pero ninguno de los dos fue el protagonista del día y de toda la competición, sino Albert Roger Mook Miller, más conocido como Roger Milla. 
El equipo de este país se hacía llamar ‘Los leones indomables’, pero poco tenían que hacer ante el ‘crack’ que algunos confundían con Dios ni con Balbo, Burruchaga, Ruggeri, Caniggia, Calderón... 
El caso es que los minutos pasaban y en el 67, de cabeza, François Omam-Biyik puso el mundo patas arriba. La albiceleste se volcó, fueron expulsados dos africanos y salió en el 81 Milla, el ‘abuelo’ del Mundial, con 38 años. Era la nota exótica de la primera gran sorpresa de la competición, si bien los argentinos enderezaron luego el rumbo y se plantaron en la final, contra Alemania, como en el 86, pero esta vez perdieron.   
La noticia estaba ahí. Camerún, la cenicienta del Grupo B, había ganado a la todopoderosa Argentina, pero tenía por delante dos potencias como Rumanía y la URSS. Yya no habría ‘factor sorpresa’. Pero hubo factor Roger Milla, que marcó dos goles a los de Gica Hagi. 
Nacido en Yaundé el 20 de mayo de 1952, casi fue al Mundial de relleno. Sus días de gloria en el Mónaco (1979/80) ya habían pasado hacía mucho tiempo y llevaba seis años en la Segunda División francesa, en equipos de ‘renombre’ como el Saint-Étiene, el Montpellier y el Saint Pierroirse. Pero allí estaba él, en la gran fiesta del fútbol.   
Lógicamente, sus 38 ‘tacos’ le pasaban factura, pero su entrenador, un sabio, Valeri Nepomnyashchiy, decidió utilizarle solo en las segundas partes. Ya se sabe aquello de los perfumes y las gotas. 
Lo cierto es que tras caer derrotados en un choque de mero trámite contra la URSS (0-4), llegaron los octavos y Colombia, otra de las sorpresas del Mundial, con Valderrama, Leonel Álvarez, Freddy Rincón y el excéntrico portero René Higuita. Ganaron ‘Los leones indomables’ en la prórroga por 2-1, con doblete del abuelo. Nadie se olvida del garrafal fallo del defensa Escobar. Diez días después, lo asesinaron.    
Parecía que los africanos habían tocado techo, que ya no podían llegar más lejos, que dos y dos son cuatro y que la Inglaterra de Lineker y Gascoigne -una de las estrellas del torneo- era demasiado. Pero no. Roger Milla no podía despedirse de mala manera. Dio dos asistencias de gol y fue necesaria una prórroga para que Camerún despertara. Para la posteridad quedará su vuelta de honor con la camiseta del rival junto a sus compañeros. Ahí se hizo eterno.