10-N: A por la definitiva

R. Travesí (Ical)
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Los ciudadanos acuden resignados a votar con la esperanza de que los líderes de los partidos acuerden la formación de un Gobierno, para desbloquear la situación política

Elecciones generales en Valladolid. - Foto: Ical

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10-N: Elecciones generales en Valladolid

20D; 26J; 28A y 10N. No son códigos del juego de barcos sino la sucesión de fechas de las últimas elecciones generales, celebradas en España. La letra que acompaña al número, día de la votación, es el mes en que tuvo lugar. De esta manera, los votantes ejercerieron su derecho al sufragio el 20 de diciembre de 2015, el 26 de junio de 2016; el 28 de abril de 2019 y hoy, 10 de noviembre. Entre medias, los comicios locales, autonómicos y al Parlamento europeo del pasado 26 de mayo. En total, cinco elecciones -cuatro para las nacionales- en los últimos cuatro años. Ante este panorama, no es de extrañar que muchos ciudadanos acudan, de nuevo, a votar con ciertas reservas y mucho hastío. “No me queda más remedio que votar. Pero es la última vez para que conformen un Gobierno en España. Si de ésta no se ponen de acuerdo, que les den morcilla a los políticos”, espetó Felipe, de 70 años, tras ejercer su voto en el Colegio Centro Cultural Maristas de Valladolid.

Y es que la sensación en los colegios electorales en una mañana fría de otoño era similar, con hartazgo y cabreo a partes iguales, después de haber acudido en “demasiadas” ocasiones a celebrar la fiesta de la democracia para la creación de un Gobierno central. A media mañana, los lugares de votación mostraban una imagen de tranquilidad, sin incidentes reseñables, aunque los apoderados de los diferentes partidos reconocían a la Agencia Ical que la participación era ligeramente inferior a los comicios anteriores de abril.

Jesús Ángel, un veterano afiliado del PSOE, apuntó que, antes de las 11 horas, había visitado cinco colegios de la zona sur de Valladolid y todos coincidían en el escaso movimiento. Añadía que el día de frío (6 grados a esas horas) tampoco ayudaba aunque se mostraba convencido que la participación mejoraría en las horas “más fuertes” como, a partir del mediodía, tras la salida de misa y antes del vermú. Por la tarde, el grueso de votantes acudía a votar entre las 18 y las 20 horas.

Juan José (64 años) expuso con cierta resignación, mientras cerraba los sobres blanco (Congreso de los Diputados) y salmón (Senado) con sus papeletas en el pasillo del Colegio Centro Cultural, que la “obligación” de todo ciudadano es acudir a votar. “Es lo que nos toca para cumplir con la democracia”, espetó. A continuación, expresaba su malestar por la situación de “bloqueo” existente en la política española. “No hay acuerdos entre partidos, pese a que les pagamos para que se pongan a trabajar y haya un Gobierno, de una vez por todas”, subrayó.

De la misma opinión era José Antonio, que a sus 77 años manifestó que la falta de acuerdo entre los líderes de los partidos era un “poco decepcionante”, lo que, a su juicio, demostraba la mediocridad de los políticos actuales y el poco interés por solucionar los problemas de la sociedad. “España es un gran país, salvo por los políticos que se dedican a discutir”, sentenció.

Un poco más allá, esperaba pacientemente en el mismo pasillo un joven, que declaró que era cubano y pese a ser residente no podía votar, por lo que aguardaba a que su esposa Aurora y su hija pequeña volvieran del aula donde tenía su mesa. “Nosotros decidimos con nuestro voto pero, luego, debe haber acuerdo entre los partidos si no hay una mayoría absoluta”, señaló. Tras haber sido miembro de una mesa en los comicios anteriores, aseguró que, por las horas que eran, había acudido menos gente a votar que en abril. “Pasadas las 11 horas, en las pasadas elecciones había votado más personas que las 60 registradas hasta ahora”, explicó.

Alberto y Tamara, apoderados del Partido Popular, destacaron el clima de normalidad y cordialidad entre los representantes de las diferentes formaciones (tres del PP, dos del PSOE, uno de Vox y otro de Unidas Podemos). Preguntados por si los ciudadanos expresaban su hartazgo con la repetición de elecciones, respondieron a Ical que quien estaba molesto con la situación política no iba a acudir al colegio. “Aquel que está cansado con la política, directamente no viene y se queda en casa”, precisó Tamara. Añadieron que lo habitual es que la gente venga con el sobre y la papeleta de casa, por lo que son pocos los que hacen uso de las cabinas.

No muy lejos de allí, en el colegio Las Agustinas Misioneras, a mediodía comenzaban a formarse unas pequeñas colas para votar en las tres mesas instaladas en un aula del edificio de Educación Infantil. A la entrada de la rampa, un cartel del centro con el título ‘Juntos construimos sueños’ en medio de una obra donde una grúa y obreros transportaban un gran corazón y una bola del mundo llamó la atención de más de un votante, tal vez reflexionando por la decisión que iban a tomar al depositar su voto en las urnas.

Una vez dentro, charlaban María, una apoderada de Vox, y Piluca, del PSOE, quienes mostraban su satisfacción por la participación ya que, a mediodía, había votado un centenar de personas en mesas con 600 censados. “Es inferior al de otras citas pero es bastante aceptable”, reconocía la afiliada socialista. Eso sí, la gran mayoría de los votantes por la mañana eran personas mayores con la esperanza que los jóvenes ejercerán su voto más tarde o tras la comida. “He dejado a mis hijas el desayuno electoral en la cocina, con la tarjeta censal, para cuando vengan a votar porque ayer salieron de fiesta y se levantarán tarde”, manifestó.

Teresa coincidió en el deseo de que las elecciones de hoy “salgan bien” para sacar al país de la parálisis por la falta de Gobierno. Sin embargo, reconocía que era un tema “complicado” a la vista de las declaraciones de los candidatos durante la campaña electoral y lo dicho por cada uno en el debate televisado.

Muchos suplentes en las mesas

El hartazgo de los votantes parece que también hace mella en los componentes de las mesas electorales. Las tres mesas instaladas Las Agustinas fueron conformadas con miembros suplentes. Una de las titulares acudió a las 9.40 horas y tuvo que irse a casa, tras comunicarle que la mesa estaba ya creada y que debió haber venido a las ocho de la mañana. En el Centro Cultural Maristas, se presentó a su hora el titular con un vendaje aparatoso en la mano y reclamó no formar parte de la mesa pero el suplente declinó la propuesta, por lo que le tocó ejercer su responsabilidad como ciudadano, pese a su estado.

Otra anécdota de la jornada en Valladolid ocurrió en el IES Diego de Praves, en el barrio de Pajarrillos en Valladolid, donde tuvieron que llamar a la segunda suplente de presidenta de  una mesa electoral. La casualidad quiso que esa persona era sorda, por lo que se solicitó la presencia de una intérprete de signos.