Los 'hombres de blanco' que desinfectan los pueblos

R. Gris
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Una dotación de bomberos de los cincos parques de la provincia sale cada día para tratar con hipoclorito sódico y agua los lugares más concurridos de los municipios

Actuaciones de bomberos en la provincia - Foto: Jonathan Tajes

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Actuaciones de desinfección de los Bomberos de la Diputación

Los Bomberos de la Diputación están haciendo labores de desinfección en los pueblos de la provincia. Al igual que los efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME), los efectivos de los cinco parques de la provincia llevan más de un mes recorriendo las calles de los municipios para hacer labores de desinfección. Agua mezclada con hipoclorito sódico (un componente similar a la lejía, aunque más concentrado) que mata al Covid-19 al entrar en contacto. 
Su labor no es sencilla, ya que deben compaginar sus labores diarias de atención al ciudadano con las salidas dedicadas a limpiar las calles de los municipios. El diputado encargado del servicio, Santiago Baeza, indicó que ya se han realizado unas 270 actuaciones de esta índole en todos aquellos municipios donde los regidores lo han solicitado. «Trabajamos bajo pedido de los alcaldes que nos llaman para que hagamos estas labores de desinfección». 
Al menos una dotación de alguno de los cinco parques de bomberos ha estado saliendo a diario a una media de tres o cuatro pueblos para desinfectar. Lo hacen con una dotación de un camión con capacidad de carga para 6.000 litros de agua, a la que se añaden un porcentaje de hipoclorito sódico dependiendo de que desinfectan interiores o exteriores. Llevan más de una semana alternando las labores en el interior de las residencias de la Diputación con las calles de los pueblos. Suelen ir tres o cuatro bomberos que se encargan de la manguera y del chorro a presión que sale del camión para regar los calles. «Podemos echar agua por alta presión o por bajo caudal dependiendo de las circunstancias», destaca el jefe del Servicio de Bomberos, Juan Carlos Abad. «Hemos estado en todos los pueblos de la provincia que nos lo han solicitado e incluso en algunos ya dos veces», explica. Los bomberos utilizan un mono blanco para evitar quemarse con el producto. Suele usarse para más de un uso, aunque termina mojado y en ocasiones roto por el cloro. 
En el interior de las residencias, el equipo utilizado es contundente con un traje antivírico que automáticamente se desecha al salir de la residencia. «El porcentaje de producto que se echa en el agua es menor», indica Abad. Para entrar en los centros residenciales se ha solicitado a la plantilla voluntarios y el 90 por ciento de los efectivos se ha ofrecido. 
Los parques están en Medina del Campo, Rioseco, Tordesillas, Peñafiel e Íscar. Cada día, incluido los fines de semana, ha salido una dotación de dos de los parques para cubrir cuatro o cinco municipios de su zona. Hacen hincapié en las zonas de mayor tránsito de personas, como los centros de salud, las farmacias, las residencias de ancianos, los ayuntamientos... 
Intentan mejorar los sistemas poco a poco. El jefe del parque de Bomberos de Peñafiel, Miguel Prada, ha solicitado material de parte de la Diputación a una empresa de Sevilla para la construcción de una especie de arcos con una cédula de movimiento para que los trabajadores que salgan y entren de los diferentes módulos en las residencia de la institución provincial puedan desinfectarse. 
Comienzan la labor en Santovenia de Pisuerga con un plan sobre las calles por las que deben pasar. En esta jornada ya han estado en Valoria la Buena y Santibáñez y aún falta ir a Traspinedo. Comienzan con especial atención a los contenedores, la mayoría tiene la tapa abierta y pueden incluso desinfectar por dentro. «Donde cae el agua si hubiera algún virus lo mata». El olor cambia allá por donde pasan. Salen a la calle principal, donde está la farmacia (que rocían con abundancia), en las aceras, la puerta de los bancos, los cajeros, los supermercados... Se bajan cada pocos metros para usar la manguera y enfocar el producto hacia algún punto concreto. 
Recorren la mayor parte de las calles del pueblo. Uno de los bomberos se baja del camión cada pocos metros para echar mano de la manguera y rociar determinados puntos. Se paran un buen rato en la residencia de ancianos. Cubren todo el exterior varias ocasiones ante la atenta mirada de las trabajadores del centro, que observan desde el interior. Cuando se alejan, una de ellas sale a la puerta y les agradece la labor. «Lo malo es que vais a tener que limpiar los cristales», le dice el bombero. «Eso es lo de menos», bromea la enfermera.     Comprueban que el camión tenga la suficiente carga para ?continuar. Acuden al punto de partida, la Plaza Mayor, donde permanecen durante varios minutos para cubrir de desinfectante toda la superficie y la puerta de la Casa Consistorial. La labor ha terminada en el pueblo y no hay tiempo para mucho más. Enseguida se cambian de ropa de nuevo y emprenden camino hacia Traspinedo, donde comenzará de nuevo el proceso. «No vamos a parar hasta que todo este solucionado. Mientras esté el virus, estaremos nosotros».