Paseo del Cauce: Evocación de la 'Venecia castellana'

Jesús Anta
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Paseo del Cauce: Evocación de la ‘Venecia castellana’ - Foto: Jonatan Tajes

Sin duda, el protagonista del paseo del Cauce es el río Esgueva (‘la’ Esgueva, en leguaje popular). Lo que ahora vemos es un canal artificial que se construyó en la primera década del siglo XX para encauzar las aguas de los dos brazos del río que hasta entonces atravesaban la ciudad. Las esguevas marcaron la historia de Valladolid, hasta el punto de que algunos medievalistas hablaban de la ‘villa de las Esguevas’. Y algún viajero romántico citó a nuestra ciudad como la ‘Venecia castellana’, por los muchos puentes que tenía.
No obstante, la villa  tuvo una relación controvertida con el río: era útil para las lavanderas, para mover algunos pequeños molinos,  para funcionar como cloaca y para regar huertas. Pero sus recurrentes desbordamientos se llevaban por delante casas y puentes, haciendo gran daño en el caserío. Además, la fetidez de sus aguas provocaba miasmas y molestias, por lo que mediado el XIX la ciudad inició el soterramiento de sus brazos.
Ahora, a lo largo de los tres kilómetros de longitud del paseo, se han consolidado a una orilla y otra, nueve barrios y buen número de servicios y dotaciones. Además de viviendas, al paseo  asoman colegios, institutos, comercios, un centro de salud, instalaciones deportivas,  diversas facultades universitarias, y  parques y jardines. Todo ello configura uno de los paseos más amables de Valladolid. Sugiero que su recorrido se haga partiendo del llamado puente de la Tía Juliana (entre Pajarillos y Pilarica) por donde el paseo Juan Carlos I (antes Circunvalación)  cruza el río.  Este recorrido va contracorriente de la numeración oficial del paseo que en realidad comienza por su desembocadura en el Pisuerga.
Los barrios que pespuntean el paseo se fueron levantando en los años del desarrollismo industrial de Valladolid, lo que provocó  una creciente emigración desde el campo a la ciudad y produjo una enorme demanda de viviendas para acoger a esta nueva población: Pilarica, Vadillos, Batallas, poblado de Endasa… y diversos grupos de viviendas, como el de Leones de Castilla, promovidos por el sindicato oficial. En concreto, Leones de Castilla, que se levanta entre el camino del Cementerio y la avenida de Santander, fue inaugurado en 1954 con 504 viviendas construidas.
El recorrido del Cauce nos permite ver muy diferentes paisajes y edificios que producen agradables contrastes: por ejemplo, a la altura del puente sobre el ferrocarril (llamado Encarnado) se ve la fachada de la  iglesia de Nuestra Señora del Pilar –la Pilarica-, construida en 1906 según proyecto del arquitecto municipal Juan Agapito y Revilla; y más adelante, junto al Campus Universitario Esgueva, el prado de la Magdalena ofrece un buen espacio para el esparcimiento, además de la evocación de una parte alegre y festiva de la historia de Valladolid, pues este era el lugar preferido por la población para pasar los días festivos del estío debido a su frescor: épicas eran las celebraciones de la noche de San Juan según el cronista de la Corte Pinheiro da Veiga. Claro es que hablamos de una época en la que el prado era infinitamente más extenso que el que ahora vemos. Por cierto, esos arcos que hay en el estanque no son restos de un puente, sino parte de la cerca que rodeaba la ciudad. 
No faltan construcciones de origen industrial, como las naves que se ven inmediatas al puente de la avenida Valle del Esgueva. En la actualidad albergan los talleres y oficinas de mantenimiento de la Universidad, pero en el pasado en ellos se fabricaban tejidos y sacos de yute. El Plan General de Ordenación Urbana las protege de su derribo por sus valores históricos, industriales y constructivos.  Levantado en 1928, lleva la firma de  Manuel Cuadrillero, un arquitecto que, entre otros varios edificios singulares, diseñó el de la antigua sede de Hacienda en la plaza de Madrid.
Varios puentes pintados por el artista Pablo Ransa, preceden a la desembocadura del río en el Pisuerga (que en ocasiones se conocía como el río Mayor), un privilegio del que pocas poblaciones disfrutan pues en él que se anudan  valores naturales, constructivos e industriales.
En total, habremos pasado junto a 24 puentes  entre peatonales y rodados, incluyendo uno sobre el ferrocarril  y un acueducto inmediato a la avenida de Santander.