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Los Filadelfo, grandes fotógrafos

Jesús Anta
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Padre e hijo fueron dos de los profesionales más importantes del sector en Valladolid y firmaron importantes instantáneas sobre la historia de la ciudad en el siglo XX

Filadelfo, padre e hijo, fueron grandes profesionales de la imagen. - Foto: Archivo Municipal

Los Filadelfo, padre e hijo, fueron dos de los más importantes fotógrafos profesionales de Valladolid. Las fotografías de los Filadelfo, tanto las publicadas en prensa como las depositadas en el Archivo Municipal, y las que se conservan en otras colecciones, son de gran interés para la historia del Valladolid del siglo XX.

Filadelfo González Escudero nació en Valladolid en 1885.  Se dedicó, sobre todo, a la de fotografía de estudio. Comenzó su andadura prácticamente con el siglo, pues en 1912 participó en la Exposición Regional que se celebró en el colegio Santa Cruz (sede entonces de la Escuela de Artes y Oficios). En ella estuvieron representados los principales artistas vallisoletanos, que se agruparon en escultura, pintura, fotografía y arte antiguo. De las pocas colecciones de fotografías que se conservan de él destaca una dedicada a la visita de Alfonso XIII a Valladolid en 1915. Seguramente la que se salvara de la bomba que calló en su estudio de la calle Mantilla en la Guerra Civil, que produjo una lamentable pérdida de parte de su archivo. 

Destacaba en el retrato, y entre los encargos que recibió está el del capitán general don Federico Berenguer en 1928 para que le hiciera un retrato que regaló al regimiento de Isabel II de Valladolid, como recuerdo del tiempo que estuvo al mando cuando era coronel. La prensa lo calificó de “auténtica obra de arte”. Federico era hermano del que presidió el Consejo de Ministros en 1930.

Filadelfo hijo también era escultor.Filadelfo hijo también era escultor. - Foto: Archivo MunicipalFiladelfo se mantuvo activo hasta finales de la década de 1960, y falleció a los 89 años de edad. En su vida profesional alcanzó altas cimas, al decir de las crónicas de la época.

Su hijo, Filadelfo González Rodríguez, nació en 1925, y su principal dedicación fue la fotografía de prensa. Trabajó para el Diario Regional, la Hoja del Lunes, El Norte de Castilla y la agencia Europa Press. También tomaba instantáneas de accidentes y otros percances por encargo de compañías de seguros. Al margen de su actividad profesional captó numerosas e inestimables fotografías de paisajes urbanos y rurales, festejos, personajes, actos públicos, monumentos, temas de actualidad, y de la Semana Santa. Suya es, por ejemplo, la colección de fotografías que hizo en el Museo de Escultura durante el rodaje de una película en la que el bailarín Vicente Escudero puso parte de la banda sonora con los ritmos de su baile (sin que él, curiosamente, apareciera en pantalla). Fuego en Castilla, se titulaba, del director de culto José Val del Omar.

Consideraba la fotografía como un arte: «un arte muy grande, además», respondía en una entrevista en 1962, año en el que exponía sus fotos de monumentos de Salamanca y Valladolid en la Caja de Ahorros de Salamanca. Por entonces ya había realizado otras seis exposiciones y una más en Madrid. En las fotos artísticas daba enorme importancia a los cielos, por lo que empleaba largos ratos hasta lograr que las nubes «se colocaran en su sitio», como él mismo decía.

Algunas de sus fotografías obtuvieron varios premios incluso de alcance nacional. Falleció en 1997, a los 72 años de edad. Las fotos de los Filadelfo aparecen en prácticamente todas las publicaciones y exposiciones de Valladolid sobre fotografía, y forman parte de los fotógrafos que han sido auténticos notarios de la historia reciente de Valladolid. Hablamos de los Cacho, Carvajal, Garay, Bariego y Gilardi, entre otros.

Consumado escultor

A Filadelfo hijo en cierta ocasión se le presentó como «artista de la fotografía y la escultura». Efectivamente, estudió en la escuela de Artes Aplicadas y Oficios, en la que destacó como escultor. En el curso 1947-1948 obtuvo el premio extraordinario. Concluida su formación, no se dedicó profesionalmente a la escultura, pues consideró que aquello no daría los ingresos necesarios como para sacar adelante a su familia, aunque sí la practicó y además hizo algunas exposiciones de sus obras, en las que destacaba en el retrato. La escultura, sin duda, fue su gran pasión. Con motivo de una exposición que realizó en Tordesillas, declaró que su escultor clásico preferido era Donatello, y Benlliure entre los escultores modernos. Quiso la causalidad que en 1956 al igual que su padre en 1912, también expusiera –en este caso esculturas- en el Palacio de Santa Cruz. Su relación con el arte y la imagen alcanzó también a que realizara cortos cinematográficos, algunos de los cuales incluso presentó a concurso, como aquel convocado por el Ateneo el año 1970 (del que, por cierto, formaba parte en la sección de fotografía). El documental se titulaba Valladolid turístico.