100 años de recuerdos

M.B
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Mari Cruz, Prudencia, Germán y Amparo son cuatro centenarios de Valladolid. Ellos son un ejemplo de los alrededor de 200 que aún viven entre la provincia y la capital. Biblias abiertas, capaces de hablar de sus infancias o de la Guerra Civil

100 años de recuerdos

A Mari Cruz le gusta contar chistes... verdes dicen. Y en cuanto pueda te cuenta uno: «Esa pareja que va a un restaurante...». Amparo dice que es de mal comer, pero cada domingo se reúne en familia para disfrutar en una mesa con parte de su familia. A Prudencia, a la que todos conocen como Melga, le tiembla la voz al recordar cosas de su niñez, de cómo hacía novillos con sus hermanos. Germán va todos los días al hogar del jubilado, donde se toma un cortado y lee el periódico de arriba a abajo. 

Ellos podrían ser cuatro vallisoletanos más. De Tudela, de Pobladura, de San Román de Hornija y de Villalar. Pero tienen algo diferente. Por sus ojos ha pasado algo más que una vida. Ellos son cuatro de los 200 centenarios que hay en Valladolid. 

Mari Cruz Nieto nació en Tudela el 3 de mayo de 1918. Amparo Sánchez lo hizo en Pobladura el 30 de octubre de 1917. Prudencia García en San Román de Hornija el 28 de abril de 1916. Y Germán Cifuentes en Villalar el 12 de mayo de 1910. Vivieron las penurias de principios del siglo pasado, algunos sufrieron y lloraron con la Guerra Civil y han visto evolucionar este mundo hasta cotas insospechadas desde que nacieron. Ni tienen móvil ni lo necesitan. Tienen más de 100 años en su memoria.

La ‘joven’ de los cuatro es Mari Cruz. De apellidos Nieto y Picatoste, nació hace 100 años y «cuatro meses», concreta ella. Aunque está en silla de ruedas no pierde el humor ni las ganas de reír. «Pero si es muy joven. Si yo fuese más joven le echaba los tejos», no duda en hablarle al fotógrafo, Jonathan Tajes, al verle entrar en la Residencia Cardenal Marcelo. Habla rápido, fluido, responde sin dudar. «¿El truco para llegar a los 100? Comer sano. He guisado muy bien», señala ante la primera pregunta: «No he tenido ni vicios ni nada. Eso sí, he trabajado mucho, en la huerta de mis padres, vendiendo de casa en casa lo que teníamos». Su madre murió con 96 años y su hermana, Dionisia, a los 99.

Tiene dos hijos, un nieto y una bisnieta, de los que habla constantemente. Vivió en su Tudela natal y en Madrid: «Sirviendo para ganar dos reales». Asegura que su infancia fue muy, muy dura, y que la vida ha cambiado mucho. Fue a la escuela, donde aprendió a leer con la enciclopedia Álvarez. «Me gustaba leer mucho ‘La huella del crimen’ y también la revista ‘Pronto’, aunque lo peor era la ortografía y la caligrafía», apunta y remata con un «yo sé escuchar y luego hablar».

Amparo Sánchez cumplirá 101 en breve, el 30 de octubre. Aunque nació en Pobladura, vivió en San Pedro de Latarce, en Covadonga, en Villagarcía de Campos para trasladarse a Valladolid capital y residir en la zona de la Circular hasta hace un 3-4 años, que entró en la Residencia Orpea. «Dice mi hijo que he llegado a esta edad porque tenía que bajar muchas escaleras para salir de casa», señala. 

Aprendió corte, se casó joven, a los 22 años, y tiene dos hijos, ambos por encima de los 70; más 5 nietos y 7 bisnietos. «Mi vida ha sido muy normal. Después de morirse mi marido, me gustaba pasar las tardes en la Asociación de Viudas de Paseo Zorrilla. Soy mucho de pasear, algo que ahora extraño», advierte mientras anda con rapidez por los pasillos -solo necesita de un bastón para apoyarse-. Su padre fue Guardia Civil, de ahí los traslados cuando era joven y vivió el infierno de la Guerra en sus carnes: «Sufrimos mucho, tuvimos a mi padre dos meses desaparecido en Asturias». Reconoce que la vida ha cambiado, «mucho», en general; que le gustaba leer y que nunca ha sido de comer en demasía. Eso sí, sabe que los domingos es el día de reunirse en familia, entorno a una mesa, y compartir parte de esa vida... de más de 100 años.

Prudencia García Rico, o Melga, no le gusta ser protagonista. De hecho está hasta un poco nerviosa por las preguntas que le vamos a hacer. «Dios ha querido», responde ante la primera, la de cómo se llega a tener sus 102 años -nació en San Román de Hornija un 28 de abril de 1916-: «He trabajado mucho en el campo, cogiendo alubias, lentejas... cargando... me ha tocado de todo».

No llegó a conocer a su madre, porque se murió joven. Y se crió con su padre y sus tres hermanos (a uno de ellos le tocó estar en la cárcel en la Guerra Civil). «Fui a la escuela, a la de pequeños, hasta que pude. Mi padre nos levantaba, nos aseaba y nos vestía para que fuésemos, pero luego él se iba a trabajar y nosotros algunos días no íbamos... cosas de críos», recuerda de su niñez. Aun así, allí aprendió a leer y escribir.

Melga, nombre que le viene porque tenía un mellizo que se murió a los tres meses, no tiene dudas: «Ahora se vive mucho mejor, antes no teníamos ni un real»; y le extraña que antes todo el mundo se casaba y ahora «se juntan. No me gusta». Se casó con un andaluz, de Sevilla, que fue a Villaester a trabajar tras enviudar él: «Siempre me respetó y me trató con educación». Vive en la residencia Cardenal Marcelo, donde la visitan los hijos de su exmarido. Come de todo pero tiene claro que ella es de comida tradicional: «Arroz, patatas y bacalao... y cocido».

Germán Cifuentes Higuera puede que sea el ‘abuelo’ de Valladolid. Nació en Villalar un 12 de mayo, más concretamente de 1910, y está en plena forma. Ahora vive en Santovenia, en casa de su nieta, Marci, y todos los días baja, acompañado de su hija, Teo Cifuentes (con 82 años), a leer el periódico, a tomar un cortado y/o un corto de cerveza. «La clave, saber bien y no morirse», señala con cierta ironía. Tiene una hermana de 103, María, que vive en Villalar; aunque fueron algunos más: Eusebio, Cecilio, Ángela (que se murió con 101), Teodora y Valeriano. 

Trabajó como obrero agrícola, haciendo de todo en el campo: «Cavar, arar, cuidar el ganado...». Se mueve solo, ayudado por un andador, y su mayor hándicap es que no oye bien y necesita que le escriban en un Ipad las cosas para que él las responde. Y las responde alto y claro: «Antes se vivía mucho peor; los mayores malvivían por la sanidad y las prestaciones, algo que ahora ha mejorado. La vida de ahora es más tranquila».

Tuvo que pelear en la Guerra Civil, en el bando de los Nacionales, estando en Navas del Marqués, Robledo y Madrid, entre otros sitios. Uno de sus hermanos también, aunque en el Frente del Ebro. Durante esa época murió su mujer y tanto él como su hija vivieron luego con sus padres. En la Guerra vivió de todo aunque se queda con una anécdota: en una de las batallas se encontraron dos hermanos, uno en cada bando: «Se dio el alto el fuego para que se saludaran y luego siguió la batalla».

Tiene mil y una anécdotas, como su primer sueldo: 2 pesetas y 50 céntimos; o que nunca fue a un banco. Llegaba con el dinero y lo dejaba en casa.

Germán, Prudencia, Amparo y Mari Cruz son cuatro vallisoletanos. Para el INE, cuatro de los 200 de más de 100 años que viven en Valladolid. Para el resto, ejemplos de vida; biblias abiertas donde beber sabiduría y aprender a eso, a vivir.