«Menos mal que no estaba dentro»

M.B
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Antonio Hernández, vendedor del quiosco de la Once de la plaza de España, revela que se libró por unos minutos. Muchos de los trabajadores de los establecimientos de la zona aseguran que pasaron «miedo»

«Menos mal que no estaba dentro» - Foto: El Día

«Llevaba la mesa como si fuese un bolígrafo». Los ecos del incidente que se vivió ayer en la plaza de España protagonizaban esta mañana las conversaciones de esta céntrica zona, hoy con mercadillo y tratando de recuperar la normalidad, alterada cuando un varón decidió ayer un poco antes de las cinco de la tarde coger una mesa alta de un establecimiento y golpear las cristaleras de todos los negocios que se encontró, un quiosco de la Once, la cafetería Semilla Negra, la Velvet, la tienda de ropa infantil El Precio Fijo y la carnicería Venta Tabanera.
«Menos mal que no estaba dentro», repite una y otra vez Antonio Hernández, el vendedor de la Once del quiosco sobre el que en más ocasiones soltó su irá el posteriormente detenido, del que dicen que acumulaba ya 15 detenciones, entre ellas una por golpear a una camarera de uno de los bares de la zona hace dos semanas. «Entro a trabajar a las cinco pero algunos viernes llego cinco minutos más tarde y eso me salvó. Vi cómo le detenían», recuerda desde su quiosco, que trata de recuperar la normalidad aunque hoy no puede trabajar en él: «Si me pilla dentro... no sé si me hubiese dado tiempo a salir. Ayer parecía por dentro que hubiese granizado de los cristales». Y esta mañana aún, a pesar de que la Once ya le ha cambiado la puerta, hay restos.

Justo enfrente se encuentra la cafetería Semilla Negra, donde primero 'atacó' el detenido, al que se le vio venir por la calle Miguel Íscar ya con el torso desnudo y con restos de sangre en la cara. En la terraza de la cafetería -concretamente en una mesa alta- agredió sin mediar palabra a un cliente y amenazó a una camarera; para posteriormente coger como arma una de las mesas altas del hotel Enara. «Estábamos dentro, mi compañera, que estaba fuera, trató de gritarle mientras el agredido se levantó e intentó evitar más golpes. Ahí empezó a dar con la mesa sobre el quiosco. Mi compañera entró y cerramos», recuerda Verónica, que no oculta que pasó «miedo», sobre todo cuando el agresor golpeó el local con la mesa: «Dio dos en la puerta, pero es un cristal gordo. En ese momento había cuatro clientes dentro y los de las mesas de fuera salieron corriendo, salvo un par de señoras, que se quedaron inmóviles». En esta establecimiento ya había tenido un incidente la misma persona, cuando hace dos semanas dio un cabezazo a otra de las camareras, en la misma jornada que había intentado agredir a una del hotel Enara, con sendas denuncias ante la Policía. «No podemos hacer nada y eso es lo peor. Si estoy yo ayer y reaccionas se te cae el pelo a ti. El problema es la indefensión, no es justo», apunta Juanjo, el dueño de esta cafetería y de Velvet, otra de las afectadas de la zona: «Le conocíamos de la otra vez y ya sabemos que en 72 horas estará de nuevo en la calle». 

En la carnicería La Venta Tabanera destrozó dos cristaleras. «Estaba una compañero despachando a un señor y el susto fue de órdago. Se cerró por dentro», detallan desde el establecimiento mientras hablan con los clientes de la escena vivida ayer.

Raquel y Rocío, en la puerta de uno de los comercios atacados ayerRaquel y Rocío, en la puerta de uno de los comercios atacados ayer

«Pasamos el momento con bastante miedo e intentando no movernos de la zona del fondo», recuerda Beatriz, de cafetería Velvet, otro de los locales donde se ensañó el varón. «No nos dio tiempo a cerrar. Una de las compañeras estaba fuera y entró diciendo que había un loco golpeando. Teníamos la puerta abierta y por eso no la rompió. Solo pensábamos que por favor no entrase», añade hoy, más serena reconociendo que se pasa «mucho miedo».

El último local al que destrozó las cristaleras fue la tienda de ropa infantil El Precio Fijo, hoy sin puerta por los destrozos y con una cristalera reventada. «Dio golpes a la puerta y se hizo añicos y también a una cristalera. Serían las 16.50 y no nos encontrábamos aún dentro», apuntan las hermanas Raquel y Rocío: «Ya nos han dicho que lleva quince detenciones». Ambas ahora se preguntan por qué tardó la Policía en llegar -desde la cafetería Semilla Negra llamaron siete veces- y qué pasa con los seguros: «No nos han puesto puerta y hemos tenido que inventar colocando unos tablones que hemos comprado nosotras mismas».

La plaza recupera la normalidad tras el susto, con un montón de curiosos haciendo fotos y vídeos, preguntando en los locales por los desperfectos y asegurando que el detenido, de origen búlgaro, ya ha pasado por los calabozos en un sinfín de ocasiones.

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