La cárcel vuelve a la 'normalidad'

M.B
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El centro penitenciario de Valladolid recuperó a primeros de mes los vis a vis íntimos; y el pasado 15 de julio los familiares y de convivencia, suspendidos con el estado de alarma. Desde el 1 de junio, la Dirección ha ido reactivando actividades

Hasta el 10 de julio solo se pudieron usar un tercio de los 24 locutorios. - Foto: J.C.Castillo

Unos 200 internos del Centro Penitenciario de Valladolid vieron suspendidas sus clases a mediados de marzo por el estado de alarma. Unos estudiaban inglés, otros alfabetización, algunos más español para extranjeros... incluso los había preparando la EBAU (Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad). De hecho, dos de ellos se llegaron a examinar de la misma. Proyecto Hombre, Cáritas, ACLAD, Cruz Rojas, Ajupareva... tuvieron que paralizar todos sus proyectos en el centro de Villanubla, como también lo hicieron la Fundación Real Madrid, el Rugby El Salvador o el balonmano con el deporte. Se interrumpieron las misas. Y, por supuesto, los vis a vis, las comunicaciones y los permisos. «Desde mediados de marzo, igual que en la calle, se suspendió la vida del centro», resume su director, Carlos Blanco.
Y, al igual que ocurre fuera de las rejas de Villanubla, dentro la vida está volviendo a la ‘nueva normalidad’. Quizá menos nueva para los casi 400 internos que actualmente se encuentran en el centro de Valladolid. «Desde ese 15 de marzo se paralizaron todas las actividades», repite Blanco, apuntando que, sobre todo, lo hicieron las que requieren de personal externo; aunque con un matiz, todas menos el deporte, que se ha mantenido en los gimnasios y en el polideportivo (no así el exterior), y el servicio de préstamo de libros de la biblioteca. «También ha seguido funcionando el servicio de nuestras psicólogas, trabajadores sociales, educadores y juristas, pero con muy poca demanda. Casi por miedo de los internos a posibles contagios», añade. Algo parecido a la mensajería y al demandadero. 
La entrada en vigor del estado de alarma por la covid cambió el funcionamiento de un centro que cuenta con unos 385 presos (de mediados de marzo a la actualidad ha habido menos de 30 ingresos, por los 74 de esta época del año en 2019) en sus nueve módulos. «No hemos contabilizado ningún positivo entre los internos y de los 270 trabajadores, entre personal laboral y funcionarios, solo cuatro que lo hayan pasado ya, y entendemos que de manera asintomática», señala Blanco. Aunque se permitieron algunas licencias, como ese deporte en gimnasios, el préstamos de libros o el paseo en los patios de cada módulo, las restricciones se acumularon tras las instrucciones enviadas por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias (IIPP). 
La cárcel vuelve a la ‘normalidad’.La cárcel vuelve a la ‘normalidad’. - Foto: J.C.CastilloCon el estado de alarma y tras una desinfección de la UME (Unidad Militar de Emergencias), personal del centro fumiga las instalaciones dos veces al día, al mediodía y por la noche, una medida que ha llegado para quedarse en el tiempo. Como en muchas otras instalaciones, los pasillos tienen indicados, mediante flechas, el sentido de la circulación tras salir de cada uno de los módulos.
Los internos cambiaron los vis a vis y sus comunicaciones presenciales por videollamadas. Instituciones Penitenciarias dotó de dos teléfonos móviles al centro de Valladolid, que adecuó un par de salas en una zona con cobertura para que sus presos pudiesen hablar con sus allegados. Desde su puesta en funcionamiento se han contabilizado 1.600 videollamadas: «A partir de ahora se mantendrán pero para los presos que, por lejanía, no puedan disfrutar de vis a vis».
A finales de mayo comenzaron a retomarse los permisos. Solo en el caso de los presos de Valladolid, ya que la imposibilidad de moverse entre provincias hasta junio hacía que los de fuera no los solicitasen. Eso sí, todo aquel que gozase de uno debía guardar una cuarentena de 15 días a su vuelta, «lo que ha hecho que algunos renunciasen o hayan preferido esperar para poder salir».
Las videollamadas han suplido a las visitas.Las videollamadas han suplido a las visitas. - Foto: J.C.CastilloA primeros de junio se fueron retomando la mayoría de las actividades. «Las terapias comenzaron por videoconferencia con una sala que tenemos preparada para ello, pero ya están empezando a ser presenciales», apunta Carlos Blanco.
También regresaron las comunicaciones a través de los locutorios, con un máximo de dos personas (la mitad de las que podían acudir antes de la covid); y de asesoramiento penitenciario a través del Colegio de Abogados. En el primero de los casos, solo se ha podido usar hasta el pasado 10 de julio un tercio de los 24 locutorios, con visitas de 40 minutos; aunque se ampliaron los días para ello (que suelen ser viernes, sábados y domingos) a toda la semana. Desde ese 10 julio ya estarán en funcionamiento los 24 y de nuevo de viernes a domingo. Es obligatorio el uso de guantes y mascarillas por parte de las visitas –de hecho se dejó de usar la toma de huellas– y tras cada una de ellas se procede a la higienización de la estancia.
El 10 de julio también regresaron los vis a vis íntimos, que se mantendrán en los mismos cuartos que antes y por un espacio máximo de una hora y media. Y el 15 de julio, los vis a vis familiares y de convivencia, es decir, con hijos menores de 10 años. En estos últimos casos con cambios, ya que se realizarán en la zona de los jardines del patio exterior, donde se han habilitado cinco comunicaciones a la vez, separadas con cintas en las que se colocan una mesa con cuatro sillas (ya que estas se limitarán a tres personas en vez de las cuatro antes de la pandemia). El tiempo en estos últimos casos se ha restringido a la mitad, a las 2 horas.
También han vuelto las misas, solo por módulos y de manera restringida (siempre en domingo). Por el momento no lo han hecho las clases, ya que, como ocurre en los cursos en el exterior, han concluido; ni las escuelas deportivas que llegan desde fuera de la cárcel, como las del balonmano, el fútbol o el rugby, a pesar de que ya cuentan con un campo de césped –arreglado por los propios reos– en el patio. 
Pantallas de metacrilato. Durante los meses del estado de alarma, los internos han dispuesto de una sala de videoconferencias para continuar con sus terapias con el exterior y con varios servicios, como el de Psicología. Alguno de estos servicios se beneficiará del trabajo de uno de los presos, que ha realizado estos meses unas pantallas de metacrilato, que se colocarán en algunas de las salas (médico, psicólogo, trabajador social...) para que se mantenga el distanciamiento social.
La vida en la cárcel, como ocurre en el exterior, también tiene ‘nueva normalidad’.