Cannes, el festival que nunca fue

Marta Garde (Efe)
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La Costa Azul recuerda el origen de su primera cita cinematográfica hace 80 años con la inauguración de una nueva edición de la muestra gala

Cannes, el festival que nunca fue - Foto: JEAN PAUL PELISSIER

El 1 de septiembre de 1939, cuando Alemania invadió Polonia, detonó el inicio de la II Guerra Mundial y el final del que hubiera sido el primer Festival de Cannes. El conflicto frustró una edición que hubiera celebrado ahora su 80 aniversario y que tenía todo preparado cuando se debió anular.
La ciudad se vació tan rápido como se había llenado. En un primer momento, expectante, el Ministerio de Educación francés había pospuesto el certamen hasta el 10 de septiembre «si las circunstancias lo permitían», pero no lo permitieron hasta 1946.
Cannes, que ayer inauguró su 72 edición, se había gestado como contrapunto a La Mostra de Venecia, entonces el único festival internacional dedicado al cine, y que en 1938, seis años después de su creación por parte de Mussolini, había tomado tintes claramente fascistas.
Gran Bretaña y EEUU abandonaron Venecia en 1938 con la intención de no volver, y Francia puso en marcha su maquinaria diplomática para crear otro que le sirviera para  exhibir las cintas de las entonces llamadas naciones libres.
Aunque Biarritz fue una de las candidatas privilegiadas, Cannes se impuso. El contrato de atribución se firmó en mayo, apenas tres meses antes del nacimiento previsto.
En una época ajena a los vuelos de bajo coste, la Metro Goldwyn Mayer había fletado un transatlántico para llevar hasta la Riviera gala a las estrellas del momento, como Gary Cooper, Mae West o Tyrone Power.
«Todo el mundo creía que la guerra estaba al caer, y al mismo tiempo se divertía, quería olvidar. Había esa dimensión de inconsciencia que nos parece totalmente loca», añade el historiador.
Esa primera edición de Cannes iba a celebrarse entre el 1 y el 20 de septiembre de 1939, y su selección estaba compuesta de 38 filmes, como el estadounidense El mago de Oz, el francés La France est un empire, o el británico Las cuatro plumas.
«Las películas reflejaban lo que los países querían decir en ese momento», destaca la directora de las colecciones del Centro Cinematográfico francés, Béatrice de Pastre.
Solo pudo verse, en una sesión privada, The Hunchback of Notre-Dame, de William Dieterle, para cuya promoción reprodujeron en cartón piedra la catedral, al estilo de las promociones que años después llenarían de anuncios la Croisette.
A diferencia del actual certamen, en ese momento eran los países participantes quienes elegían sus cintas, en un porcentaje proporcional a su producción, y su primer reglamento contemplaba un gran premio para el mejor que hubiera presentado cada uno.
El comité de selección propio no nació, de hecho, hasta 1972. Para entonces, Cannes llevaba casi tres décadas en marcha y otras tres ediciones frustradas: las de 1948 y 1950, por razones presupuestarias, y la de 1968, suspendida cinco días antes de su final con las revueltas de Mayo como telón de fondo.
La Palma de Oro del 39, con 63 años de retraso, se atribuyó a Union Pacific, de Cecil B. DeMille. Una suerte de homenaje tardío, al que este noviembre se suma otro organizado por el Comité Jean Zay, que toma el nombre del ministro de Cultura que impulsó el certamen y proyectará la selección ideada en su edición original.