Piscinas comunitarias: sin invitados y con turnos vecinales

Óscar Fraile
-

La mayoría de las comunidades de vecinos abrirán estas instalaciones, pero prohíben llevar gente ajena al edificio y con un tiempo limitado por persona, ya que el aforo se limita al 75%

Las piscinas deben extremar las medidas de higiene. - Foto: El Día

Ha sido uno de los debates más encendidos en muchas comunidades de vecinos antes del inicio del verano. La conveniencia o no de abrir la piscina ha generado opiniones para todos los gustos. Desde los que eran partidarios de no cambiar nada respecto a otros años hasta los que querían extremar la seguridad y olvidarse de los chapuzones hasta el próximo veranos, pasando por los que defienden la opción intermedia. Es decir, abrir, pero siguiendo algunas medidas de seguridad que minimicen las posibilidades de contagios.
Y parece ser que este último grupo es el que más éxito ha tenido. Al menos eso es lo que señala el presidente del Colegio de Administradores de Fincas de Valladolid y del Consejo General de Colegios de Administradores de Fincas de España, Salvador Díez. «Mayoritariamente se están abriendo, aunque con un poco de retraso respecto a otros años por las circunstancias actuales», señala. Y también gracias a que se ha flexibilizado la normativa, porque hasta que no llegó la fase 2 estas instalaciones, tanto las privadas como las públicas, tenían prohibido abrir al público. En esa fase empezaron a hacerlo, pero solo con un 30 por ciento del aforo y ahora, una vez que ha dejado de estar en vigor el estado de alarma, ese porcentaje se ha elevado hasta el 75 por ciento.
Pero, pese a ello, hay que seguir una serie de medidas higiénicas y sanitarias y de control de acceso que ha elevado el gasto en algunas comunidades, puesto que han tenido que afrontar contrataciones para realizar esta labor. Pero, además, muchas comunidades de vecinos han establecido normas internas para dar un paso más en las medidas de seguridad. Por ejemplo, han prohibido el uso de la piscina a personas ajenas al edificio y han establecido una serie de turnos para que todos puedan disfrutar de las instalaciones, dado que en ningún momento se puede superar el 75 por ciento del aforo. Unas limitan el tiempo que cada usuario puede estar en la piscina y otras lo distribuyen por jornadas. Unos días pueden ir unos y el resto, otros. De hecho, en el mercado han surgido aplicaciones informáticas para controlar el aforo que muchas comunidades ya están utilizando.
Las directrices higiénico-sanitarias vienen recogidas en un documento de la Consejería de Sanidad en el que se puntualiza que «el buen funcionamiento, mantenimiento y desinfección adecuada (por ejemplo, con cloro y bromo) de piscinas, jacuzzis o balnearios, deberían inactivar el virus que causa la covid-19». Por consiguiente, el documento señala que el principal riesgo no es el agua, sino «la interacción cara a cara entre las personas, si no se respetan las distancias mínimas, y la limpieza y desinfección de las superficies de las zonas comunes». Respecto a este último aspecto, se exige la ventilación de espacios cerrados, como vestuario, baños y botiquín, así como la limpieza y desinfección del mobiliario al menos dos veces al día.
Votaciones. Ante la diferencia de opiniones que ha generado el tema, algunas comunidades han decidido dirimirlo en una votación. «En ocasiones el ‘no’ se ha impuesto porque, en comunidades de determinado tamaño, había que contratar una persona para el control de acceso, y eso les suponía un gasto», explica el administrador de fincas. Díez añade que se ha optado por tres formas de control de acceso. En las más pequeñas, donde solo hay unos diez vecinos, ellos mismos pueden hacerlo aplicando el sentido común. En las mediana, de entre 50 y 150 vecinos, se ha utilizado mucho las aplicaciones informáticas de control, ya que muchas no pueden permitirse contratar a alguien, algo que sí que pueden pagar las comunidades más grandes.
La Junta también es muy clara en las pautas que deben seguir los bañistas. Cada usuario debe tener un perímetro de seguridad de unos cuatro metros cuadrados, de los que no deben salir objetos como la mochila, los botes de crema, las toallas, el calzado, etcétera. Los bares y chiringuitos deben regirse por la normativa relativa a estos establecimientos y están prohibidas las fuentes para beber. En las zonas de tránsito, como vestuarios y duchas se debe respetar la distancia de 1,5 metros. También en las taquillas, aunque sea a costa de inutilizar algunas de ellas.