Califican como Muy Buena la Añada de Ribera de 2018

D.V.
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Un Comité Excepcional de Calificación de la Cosecha formado por nueve profesionales de referencia del mundo de la sumillería y de la comunicación ha calificado la Añada 2018 de Ribera del Duero como "muy buena"

 Un Comité Excepcional de Calificación de la Cosecha formado por nueve profesionales de referencia del mundo de la sumillería y de la comunicación ha calificado la Añada 2018 de Ribera del Duero como "muy buena", según ha informado el Consejo Regulador. 
  Para ello, los sumilleres han llevado a cabo una cata de diez vinos representativos de la Ribera del Duero que previamente seleccionados durante los pasados meses por el Departamento Técnico y tras sucesivas catas de más de 300 referencias. 
  Según han explicado desde el Consejo Regulador, la puntuación otorgada por cada sumiller se ha introducido en un sobre cerrado y firmado que ha sido abierto por el Pleno en la reunión ordinaria de Consejo que ha tenido lugar este lunes con una "decisión unánime" al calificar la cosecha de 2018 como "muy buena". 
  Desde el marchamo de calidad han destacado de los vinos de los cosecha 2018 su "expresiva y rica gama de colores" que, desde el punto de vista visual, forma un "conjunto muy atrayentes", mientras que en boca son "frescos" tras lograr una "mayor componente atlántica" que en  otras campañas más cálidas a lo que se une una "buena acidez". En nariz, aún no desarrollada, pronostica en vinos "muy francos con un gran componente frutal". 
  "Todo ese conjunto nos da sensación de equilibrio y frescor, así  como de sensaciones frutales, siempre con un final duradero en la degustación", han resumido desde el CR Ribera del Duero. 
  El Consejo Regulador de la DO Ribera del Duero ha recordado a este respecto que el invierno de 2018 fue "frío y desafiante" para las plantas de vid ya que se alcanzaron temperaturas de hasta -12 grados a lo que se une que las bajas temperaturas se prolongaron durante el  principio de la primavera con unos meses de febrero y marzo "bastante  fríos". 
  Finalmente la lluvia hizo su aparición en la zona en "abundantes cantidades" a finales del invierno y durante la primavera de modo que el desborre se produjo de forma generalizada en las fechas habituales de   finales de abril. 
  Las lluvias se detuvieron a finales del mes de junio y se registraron temperaturas más cálidas por lo que se propiciaron las "condiciones ideales" para una buena fructificación y cuajado de los frutos que "ya  en ese momento auguraban una abundante  cosecha", han relatado las mismas fuentes. 
  Ya en julio las temperaturas fueron algo inferiores a lo habitual,  "lo que propició que las plantas continuaran con su rápido desarrollo  ayudado notablemente además por las abundantes reservas hídricas". Durante el proceso de maduración, con temperaturas "muy cálidas"  en  septiembre y "más altas" de lo habitual en octubre, se produjo una evolución rápida en el caso de las que tenían menos cantidad de uva (los viñedos afectados por las heladas y aquellos de mayor edad), por lo que los viticultores tuvieron que esperar un poco más para la perfecta  maduración en el caso de las plantas con mayor producción, "una nota   bastante  común esta campaña debido a la dimensión de las bayas, superior a la habitual".