«Esta pandemia ha demostrado la debilidad del sistema»

Alfonso G. Mozo
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Entrevista con el doctor Almudí, decano del Colegio de Médicos de Valladolid. «No podemos volver a trabajar con salas de espera masificadas y puertas abiertas»

José Luis Almudí, decano del Colegio de Médicos de Valladolid. - Foto: Jonathan Tajes

El doctor Almudí pasa tantas horas tras la mascarilla que hasta se ha dejado perilla por primera vez en su vida, aprovechando que únicamente se desenmascara en casa. Anecdótica, pero esa es otra consecuencia más de una pandemia que ha llevado a esta profesión «al límite» y que está transformando el actual sistema de salud, sobre todo en el ámbito de la Atención Primaria, donde José Luis Almudí (Valladolid, 1956), decano del Colegio de Médicos, desarrolla su profesión: «Yo llevo casi 40 años en esto y jamás me había enfrentado a una situación así. Nunca habíamos soportado una carga de trabajo tan grande como la que llevamos desde hace cuatro meses»).
¿Cómo resumiría a la ciudadanía los últimos cuatro meses de vida de los sanitarios?
Hemos vivido tantas cosas y de un modo tan intenso que la impresión que tenemos es que han pasado años, no cuatro meses.
José Luis Almudí, decano del Colegio de Médicos de Valladolid.José Luis Almudí, decano del Colegio de Médicos de Valladolid. - Foto: Jonathan TajesVivir una pandemia desde dentro...
Las pandemias las habíamos visto en los libros y no pensábamos que nos iba a tocar vivirla desde dentro. No pensábamos que íbamos a ver morir a gente que no debería morir.
¿Qué aprendizaje deja este tiempo de lucha contra la covid-19?
Lo principal que hemos aprendido es la necesidad de que se invierta en salud. Desde 2008, veníamos padeciendo una financiación cada vez peor y esta pandemia nos ha demostrado la debilidad que tenía el sistema por culpa de todos esos años de escasa financiación.
Hubo que inventar trajes EPI y hasta puestos UCI...
Sabíamos que la enfermedad iba a tener un curso benévolo para el 80% de los pacientes, pero había un 20% que iba a necesitar cuidados de tipo hospitalario y, de ellos, un 5% iba a ingresar en las unidades de críticos que, en muchos casos, se vieron desbordadas, por lo que hubo que reconvertir zonas como la REA en áreas de críticos, en las llamadas ‘UCI extendidas’. Ahora se ha tomado la decisión de ampliar esos puestos para estar preparados para una segunda ola.
Pero no solo debemos invertir en tecnología y en equipamiento, sino también en Salud Pública, que era una parte que teníamos olvidada, que era el patito feo del sistema, y que ha demostrado ahora que es imprescindible.
¿Y la falta de equipos de protección individual y hasta de mascarillas es otro aprendizaje de esta crisis?
Sí, ese es otro aprendizaje que deja la pandemia, que hay que tener una reserva de recursos y también una menor dependencia de terceros para conseguirlos, puesto que uno de los problemas importantes que hemos tenido fue la provisión de EPI, porque lo hemos dejado todo en manos del mercado chino y  se vio que aquello era un mercado persa.
¿Se han reutilizado mascarillas?
Las mascarillas tienen un estándar de horas de uso, pero teníamos que optimizarlo y llevarlo al límite, ya que no teníamos la certeza de que nos fuesen a llegar más.
¿También se necesitaban médicos?
Quizá más que faltar médicos, el gran problema de la pandemia era que estaban mal distribuidos. Pero sí hay un problema a corto y medio plazo de falta de relevo, porque no se están formando los médicos que vamos a necesitar, puesto que en un plazo de entre cinco y diez años nos vamos a jubilar aproximadamente la mitad de la plantilla. Pero es que un médico no se ‘fabrica’ de un día para otro, sino que necesitas un plazo de entre once y doce años.
¿Cómo valora el comportamiento de los médicos en estos meses?
La disponibilidad de los médicos fue excelente. Al margen de todas las directrices que nos llegaron de la Consejería, cada servicio y cada centro de salud se organizó para cambiar el modelo de asistencia. Fue ejemplar la disposición de los profesionales y dimos un ejemplo de ‘microgestión’. No queríamos ser héroes, sino ser responsables con la profesión. Lo que me sorprende es ver cómo algunas profesiones sanitarias están poniendo en valor lo que hicieron, cuando yo creo que  esto ha sido un trabajo colaborativo entre muchas profesiones, tanto sanitarias y no sanitarias. También de los ciudadanos para seguir las indicaciones y conseguir aplanar la famosa curva.
¿La crisis del coronavirus ha sido una cura de humildad?
Lo que nos ha demostrado es que somos vulnerables. Pensábamos que siendo un país occidental, con dinero, nada podría con nosotros, pero hemos visto que ante una enfermedad nueva no ha habido otra que emplear el método clásico de contención de las epidemias: el aislamiento.
¿El confinamiento ha sido el gran acierto de la gestión de esta crisis?
Sí, las medidas de contención, en general. El confinamiento, todas las fases de la ‘desescalada’... Si no, estaríamos como EEUU o Suecia. En Alemania impusieron medidas más laxas, pero porque es un país que estaba muy bien preparado, porque tenía una gran capacidad de respuesta, con una tasa de camas de UCI cuatro o cinco veces superior a España. Aquí hubo que decidir entre economía o salud.
¿Y cuál fue el peor fallo del sistema en estos cuatro meses?
El peor fallo fue el no ser capaz de prever lo que nos estaba viniendo, pese a la alerta de la OMS. Si en el mes de enero y febrero se hubiese visto la magnitud de todo esto, pues al menos se habrían empezado a producir ya los test de diagnóstico, porque eso nos hubiera permitido identificar al contagiado, aislarle y actuar sobre todos los contactos e impedir la trasmisión comunitaria. Pero la realidad es que la mayoría de los diagnósticos que hicimos al principio eran solo diagnósticos de sospecha clínica, porque no se contaban con pruebas PCR, con lo que nos limitábamos a aislarles en su domicilio y dejar pasar 14 días a ver cómo evolucionaba. Llamábamos a diario para hacerle un seguimiento, pero solo mandábamos al hospital al que estaba muy malito. Y los que evolucionaban mal, solían terminar en el hospital, porque aparecían unas neumonías bilaterales que no habíamos visto nunca.
¿Cuándo se ha podido generalizar la realización de pruebas PCR?
Pues hace un par de meses... Antes solo se hacían PCR a los pacientes ingresados y se tardaba hasta dos días en tener el resultado.
¿Qué papel debe jugar la Atención Primaria en este momento?
La Atención Primaria es el eje más importante de cualquier sistema sanitario público. Si no tenemos una Atención Primaria fuerte, será muy difícil que podamos tener una atención hospitalaria resolutiva. Ahora hay una mayor capacidad de diagnóstico, podemos pedir una PCR a cualquier sospechoso y a sus contactos, cosa que antes no; y se nos envía el resultado en 24 horas.
¿Hay ‘músculo’ en los centros de salud para hacer los rastreos?
En todas las zona básicas de salud se ha creado la figura del rastreador y es muy importante porque es la figura que nos garantiza que vamos a hacer esa detección precoz de esos posibles enfermos y de sus contactos estrechos, y que vamos a aislarles para evitar esa trasmisión comunitaria. Estamos algo más tranquilos porque pensamos que tenemos una buena capacidad de respuesta, pero eso no quiere decir que si hay otra ola no habrá ingresos hospitalarios ni fallecidos.
¿Cómo se comporta la ciudadanía?
Vas por la calle Santiago y ves que hay gente con mascarilla ‘barbera’, con la nariz fuera, gente que va sin ella, personas que van fumando... Fumar es muy tóxico, porque en la exhalación del humo haces unos aerosoles que son ricos en virus y partículas. Un fumador tenía que estar a kilómetros, no a un metro y medio. No se debería fumar en la vía pública en este momento. Hay veces que piensas que demasiado bien va la cosa.
¿Tan fácil es contagiarse?
Es más complicado contagiarse en la calle que en un espacio cerrado, donde hay que ser muy prudentes. Y nos preocupan sobre todo los más jóvenes, porque hay muchos que se piensan que a ellos no les va a pasar nada, pero también hay pacientes jóvenes que han enfermado y han muerto, y que ellos se lo pueden contagiar a sus padres y abuelos. Debemos ser todos responsables, porque no solo quebraría la salud, sino también la economía.
¿Enfada esta actitud de una parte de la ciudadanía tras tantas tardes de aplausos a los sanitarios?
Nosotros sabíamos que detrás de los aplausos vendrían las puñaladas. Nos están echando en cara que no queremos recibir pacientes, pero no es así. La gente no entiende que lo que se hizo al principio fue blindar los centros de salud y ahora estamos reactivando todo poco a poco, pero tenemos que hacerlo garantizando la seguridad del paciente y de los profesionales. Está claro que no se puede volver a trabajar con las puertas abiertas y salas de espera masificadas. Hemos cambiado un concepto, hemos pasado de que el paciente reserve una cita a que se solicite cita y sea el profesional el que determine cómo y cuándo.
¿Es así cómo se está trabajando ahora en Atención Primaria?
Hemos establecido unos filtros telefónicos, pero no son consultas telefónicas; no hay que confundir. Lo que sí nos ha permitido es sacar de las consultas todos los temas de tipo burocrático, es decir, las bajas médicas, las recetas... También el teléfono te permite dar el resultado de unas pruebas diagnósticas a un paciente ya explorado, sin que hubiese necesidad de tenerle allí en persona. 
¿El paciente lo entiende?
Desde Atención Primaria siempre hemos hecho gala de una enorme accesibilidad, pero eso no puede convertirse en una exigencia (por parte del paciente) de inmediatez. Hay problemas que son urgentes y hay otros muchos que se pueden ver mañana, pasado o el lunes. 
¿Esto va a servir para cambiar el actual sistema en Primaria?
Tenemos que ser más eficientes y menos complacientes, porque hay muchas presiones políticas de las corporaciones locales. Tenemos un modelo de asistencia sanitaria en Castilla y León que no lo hay en ninguna otra nación, con 3.690 consultorios. Aquí hay muchísimos consultorios en municipios de menos de 50 habitantes, lo que requiere mucho recursos humanos y mucha pérdida de tiempo en los desplazamientos. Tenemos que mantener los consultorios, pero con un cambio de modelo y dando más peso a los centros de salud del municipio cabecera de comarca.
¿El modelo de las residencias de la tercera edad también tiene que cambiar?
Sí, el actual modelo de asistencia  sociosanitaria debe cambiar para que la responsabilidad sanitaria de todos esos pacientes recaiga sobre el sistema sanitario público, no en esos centros que no todos tienen los mismos medios. Los cuidados sociales pueden seguir en manos de esos centros, pero no la salud porque esta crisis ha demostrado que el modelo actual no era capaz de garantizar la salud de todas esas personas.
¿Cómo imagina el doctor Almudí el mes de octubre?
Soy pesimista. A partir de octubre se van a juntar factores que nos van generar incertidumbre y una cierta inseguridad, porque aparecen los primeros procesos respiratorios y luego la gripe, y van a coexistir con el coronavirus. A todos les vamos a tener que dar el mismo tratamiento y meterles en la parte de los centros de salud de pacientes respiratorios, porque no hay manera de distinguir si es o no un paciente covid.