Los topillos: una plaga cíclica sin solución

R.G.R
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Las administraciones han puesto en marcha medidas como quema de rastrojos, arado profundo o incluso veneno desde 2016 sin que hayan dado resultados

Los topillos: una plaga cíclica sin solución - Foto: Jonathan Tajes

Fue en diciembre de 2016 cuando el Boletín Oficial de Castilla y León, publicaba el acuerdo del Gobierno regional por el que se determinan actuaciones fitosanitarias de lucha contra el desarrollo de las poblaciones de topillo campesino en Castilla y León y se declara la situación como de plaga. Los cultivos de los agricultores vallisoletanos se vieron afectados por el efecto de los roedores, algo que se está repitiendo en la actualidad, prácticamente tres años más tarde. Los cultivos se están viendo afectados y los sindicatos consideran que la reacción de la Consejería de Agricultura ya llega tarde y que ya son cuantiosos los daños registrados en las parcelas y preocupantes el creciente número de casos de tularemia que se han confirmado en las últimas jornadas en la Comunidad.
Desde ese año 2016, las administraciones han realizado numerosos intentos por encontrar un método efectivo contra la plaga, pero parece demostrado que, al menos por el momento, no se ha encontrado ninguno. Las evidencias científicas indican que las explosiones demográficas de estos roedores se producen cíclicamente y estas situaciones de máxima abundancia poblacional se pueden repetir en un futuro. 
Un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de la Universidad de Valladolid y de la Universidad de Aberdeen (Escocia) pone de manifiesto que la población de topillos castellanos repunta de forma especial cada tres años. El informe se ha seguido teniendo en cuenta la población de comadreja común, un cazador muy especializado y eficiente en la demografía de los topillos. A pesar del conocimiento de que las plagas de topillos aparecen de forma periódica, las medidas que se han ido adoptando con el paso de los años no han dado sus frutos. Fue en 2016 cuando se pusieron en marcha dos medidas que hoy no se pueden utilizar al estar completamente prohibidas. La primera de ellas fue el uso de rodenticidas, veneno para acabar con los roedores y durante unos años fue típico ver como los técnicos usaban pienso envenenado en tubos de plástico para acabar con la plaga. 
También se puso en marcha entonces la quema controlada de rastrojos para acabar con los animales. Pero fue en noviembre de 2018 cuando el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León prohibías las quemas de rastrojos. Reconocía que la Administración no fue capaz de demostrar, ni técnica ni científicamente que el fuego sea necesario para prevenir y controlar las poblaciones de las plagas de topillos.
Dos de los métodos que en un principio se mostraron más eficaces en la lucha contra los roedores no son utilizables en esta ocasión. Desde su puesta en marcha también se pusieron más métodos con el objetivo de acabar con la plaga. Acciones que se han mantenido activas prácticamente de continuo durante todos estos años. Hasta una decena de casos, en algunos de ellos simples inventos de los propios agricultores. ?
Se han puesto en marcha prácticas para limitar el desarrollo de las poblaciones de topillo, como el laboreo del terreno, las rotaciones de los cultivos o la planificación de las siembras. 
Se han llevado a cabo limpiezas de las vías cercanas al campo (cunetas, lindes, regatos, desagües…), adyacentes a las parcelas, que puedan constituir una fuente de colonización. Se ha procedido a levantar aquellas parcelas que se encontraban abandonadas de cultivo, perdidos, barbechos, praderas, alfalfas y otros cultivos herbáceos plurianuales o permanentes, que pudieran constituir reservorios de topillo con riesgo para los cultivos próximos
También los agricultores han hecho tentativas con arados más profundos de los rastrojos o inmediatamente después de realizar la cosecha para destruir las madrigueras que se pudieran encontrar. Se ha intentado por parte de las administraciones realizar un control biológico de la plaga mediante el fomento de la actividad de sus depredadores naturales
La utilización de sistemas de trampeo que, en el caso de ir orientados a provocar la mortandad de individuos de topillo campesino, sean de actuación lo más específica posible y con baja probabilidad de afectación a especies no diana ha sido otro de los métodos puestos en práctica por los agricultores que se han demostrado útiles durante todo este tiempo, con muchos ejemplares fallecidos. 
 La utilización de productos rodenticidas, para los casos en que, pese a la ejecución previa del resto del abanico de medidas fitosanitarias, fuera necesario combatir las colonizaciones en el interior de las parcelas de cultivo, siempre y cuando dichos cultivos estén ya implantados. 
Pero por el momento la Junta mantiene su rechazo a la quema de rastrojos y al tratamiento químico contra los topillos. Sin embargo, los sindicatos agrarios solicitan medidas eficaces contra los roedores ante el temor de que se repita la situación de 2007 y las soluciones no llegan, ya que a pesar de todas estas medidas no se ha puesto solución a las continuas apariciones de aumentos de población que llegan casi todos los años, aunque de manera especial cada tres años. 
Por su parte, la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) propone a la Junta de Castilla y León la elaboración de un protocolo de actuación para la retirada y eliminación de topillos para una correcta gestión de los mismos. Además, va a remitir un escrito a las comunidades de regantes para que se impliquen en la gestión de esta problemática.
Incluso algunos agricultores han puesto en marcha medidas propias como trampas ingeniosas con agua o rodillos, como fue el caso del exalcalde de Villalar de los Comuneros, Pablo Villar, que fue premiado por su invento de colocar un rodillo tras al arado del tractor para acabar con la plaga. ?
El topillo campesino (Microtus arvalis) es un roedor presente de forma permanente en las zonas agrícolas de Castilla y León y su población está condicionada entre otros factores por la climatología. Esto provoca que, en determinadas ocasiones, se produzcan repuntes en su ciclo reproductivo. Para ello, la Consejería dispone de una red de vigilancia para detectarlos, en la que además colabora con el sector.