Siete vallisoletanos cumplen condena en cárceles extranjeras

M.B
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Siete vallisoletanos arrancaron 2019 en cárceles extranjeras

Fundación+34, que trabaja con los reclusos españoles más allá de nuestras fronteras, 'repatrió' a otro más desde Perú el pasado 2018

Pablo Ibar es el más conocido, pero hay muchos más. Casi 1.000. Y algunos de aquí al lado. Dos están en Perú, uno en Sarita Colonia y otro en Ancón 1 -este último, a la espera de sentencia-. Otros dos llevan desde 2011 en Australia. A uno le acaban de cambiar a Itai en Sao Paulo (Brasil). Uno más está en París. Y el séptimo acabó entre barrotes en Reino Unido el pasado año. Son los siete vallisoletanos que han arrancado el año en cárceles extranjeras, según los datos que maneja Fundación+34, una asociación que nació en Valladolid en 2014 y que ayuda a los españoles en situación de abandono en el extranjero: «Intentamos apoyar a los españoles que se encuentran recluidos fuera de nuestras fronteras, evitando el aislamiento y la soledad». Había un octavo, pero en verano del pasado año fue ‘repatriado’ junto a los otros 64 presos desde Perú (ahora disfruta de un tercer grado). 
La Fundación cifra en 961 los españoles que actualmente están en cárceles fuera de nuestras fronteras. Los datos, que serán presentados oficialmente en breve por parte del Gobierno, hablan de esos 7 vallisoletanos. «Nosotros damos cobertura y atención a un 80 u 85 por ciento de ellos. No lo hacemos en el caso de que el delito sea sexual, de sangre o terrorismo», puntualiza Casado.
Los siete vallisoletanos no están en este último punto. Sus casos son prácticamente similares, con algún apunte, por drogas.
Raúl , nombre ficticio, y Juanjo están en Lima. «Perú ha sido el país con más españoles detenidos en los últimos diez años. Allí había otro vallisoletano, que regresó el pasado año», señalan desde la Fundación, que apunta que cuando arrancaron su trabajo había 378 españoles presos en aquel país y actualmente hay 76: «70 de ellos por droga».
Uno de los dos es más joven. Fue detenido allí. El otro se separó, necesitaba dinero... ha sido extraditado desde España y aún no tiene sentencia. «Sobreviven allí, es lo que se puede decir», señala Casado. Sarita Colonia tiene una capacidad para poco más de 600 presos y actualmente habrá más de 3.000. «Hay hacinamiento hasta el punto de que algunos duermen en las escaleras», añade con crudeza. En el caso de los países calientes, como Perú, Fundación+34 trata de hacer una visita bimensual y un reconocimiento médico cada medio año: «Les llevamos vitaminas, un producto que se llama Ensure; y prensa, libros. En Navidades no faltan los polvorones del Toro de Tordesillas». 
Los primeros años de la Fundación fueron muy duros, de muchas trabas a nivel nacional y en los países de destino: «Ahora ya nos conocen en todos los sitios».
Además, han ampliado redes y cuentan ya con 408 colaboradores: «Todos son voluntarios españoles que residen en esos países, como emigrantes». Así, cuentan una red amplia en muchos países de Latinoamérica, pero también en otros como Japón o Qatar: «Hay españoles presos en países como Bangladesh, Haití, Omán, Egipto...».
En Australia está Iván R.V. Fue arrestado en noviembre de 2011 en Bundaberg en una operación antidroga en la que se incautaron casi 300 kilogramos de cocaína. En diciembre de 2013 fue condenado a 25 años de cárcel. También allí está Óliver, que fue arrestado en Brasil en 2013 en el marco de la misma operación.
«Están en Brisbane. Allí el protocolo es diferente y no se permite entrar con equipos médicos del exterior. Allí tratamos de ir una vez al año. Este 2019 queremos aprovechar que el 22 de agosto es el único día que se permite visitar a los presos en Tailandia para ir desde allí a Australia», apunta Casado.
En Brasil lleva dos años Pablo -nombre ficticio-. En su caso también por drogas. «Le acaban de cambiar de cárcel y queremos ir a verle ahora en febrero», señala Javier.
Hace poco que Manuel está preso en Francia. En su caso está aún en tiempo de formalizar un recurso y es uno de los que quizá pueda volver a España.
Mientras que Ramón M.B. fue uno de los detenidos hace un año en un narcojet en el aeropuerto de Farnborough, al sur de Londres. Pasará 20 años detrás de las rejas (un tribunal británico le impuso cuatro años menos que al resto de la banda, al otorgarle un papel secundario). Transportaba, junto a otras tres personas, 500 kilogramos de cocaína, procedente del cártel de Sinaloa (el del conocido Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán). 
«Ninguno vivía en aquel país y la mayoría fueron detenidos por mulas, por trasladar droga», afirma Javier Casado. «La mayoría de ellos no tiene antecedentes en España», concreta haciendo una denuncia pública: «En momentos de crisis económica les buscan. La Ley de Protección de Datos obliga pero la de Embargo hacía públicos los datos de los deudores. Las redes del narcotráfico cogían esos datos y te buscaban, les ofrecían dinero para parar los embargos y luego para trasladar droga».
en 2018 regresó uno. España repatrió en junio de 2018 desde Perú a 66 españoles condenados en su mayoría por tráfico de drogas, entre ellos a 31 presos todavía con pena todavía pendiente y a otros 35 que habían salido en libertad pero no disponían de medios para regresar al país. En el primero de los grupos había otro vallisoletano, que se encontraba en el país andino en la cárcel. Entró en Soto del Real pero obtuvo el tercer grado y ya vive y trabaja en Valladolid.

«Quiero que vuelva; si tiene que cumplir cárcel, que la cumpla, pero aquí»

Isabel habla con mucha pausa y se le nota cansada. Uno de sus hijos, Juanjo, está en una cárcel en Perú desde marzo de 2015: «Mal, estoy mal, cuando tienes un hijo que lleva tres años y mucho allí... tiene un tumor en la vejiga y no podemos hacer nada. Ya nos llevamos gastados más de 3 millones de pesetas en pagos a abogados». Su primera respuesta mezcla todas las ideas que quiere trasmitir. Tiene más hijos y solo quiere que todos estén aquí, en Valladolid: «Quiero que vuelva; si tiene que cumplir cárcel, que la cumpla, pero aquí».
Juanjo fue detenido ese marzo de 2015. Isabel llevaba tres meses sin saber de él y un día le llegó una fotografía en un avión: «Me puse muy nerviosa. Llamé a muchos de sus amigos y, al final, conseguí saber que había ido a Perú a coger una maleta». Gracias a una persona del juzgado y a un policía dieron con él: «No estaba en la cárcel sino detenido. Me llamó, me dijo que estaba bien, que se habían portado muy bien con él». De aquello han pasado casi 4 años, cuando la sentencia fue de 6 años y 8 meses.
Todos los meses, Isabel recibe una llamada de Juanjo. Siempre a finales. Y siempre pidiéndole dinero. «Le mando 60 euros para medicinas y para lo que le dé, pero no sé si ese dinero le llega a él. Le pregunto cosas de allí y nunca me contesta, como si hubiese alguien vigilando la llamada. No debe poder hablar», señala. Isabel tiene seis hijos y familia, y el esfuerzo económico le está haciendo mella: «Mi marido ha estado ingresado a costa de esto y yo trabajo en todo lo que puedo para sacar dinero».
Juanjo tiene 32 años y una vida por delante aún. Por eso su madre está deseando que le pueden trasladar. «Javier (de Fundación+34) le ha estado viendo hace poco y me ha dicho que está bien. Un poco más delgado pero bien». También tiene contacto telefónico con una religiosa que de vez en cuando le va a visitar a la cárcel: «Está en una de las más peligrosas, aunque le han cambiado de pabellón porque ayuda en la Iglesia».
No entiende por qué aún no puede regresar, ya que por el tiempo de condena cumplido ya debería. «No sé lo que pasa, pero ya hemos mandado mucho dinero. Recuerdo que al principio nos pidieron de dos tacadas 1.000 y 2.000 euros para abogados; y hace dos meses nos llamaron de nuevo, esta vez a mi hija, diciendo que era alguien del Consulado y que necesitaban un millón de pesetas. Nos pusimos en contacto con la Policía y ya no han vuelto a llamar», agrega sobre cómo funcionan las redes de extorsión, aprovechándose de las familias que tienen a sus hijos lejos y presos.
«Solo pido una cosa, que Julián venga ya para España», concreta una madre vallisoletana que vive a 10.000 kilómetros de su hijo... preso.