Cuatro bibliobuses llevan libros a los pueblos

R. Gris
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La Diputación dispone de cuatro bibliobuses que recorren cada día nueve rutas para acercar 40.000 volúmenes de lectura a 153 pueblos. Cada año realizan unos 55.000 préstamos de libros y cuentos

Cuatro bibliobuses llevan libros a los pueblos - Foto: Jonathan Tajes

Son las diez de la mañana y uno de los cuatro bibliobuses que tiene la Diputación de Valladolid permanece aparcado en la Plaza Mayor de Villanueva de los Caballeros. Ha comenzado la ruta a las nueve y media en San Pedro Latarce y tanto el conductor como el coordinador del servicio, Fernando Álvaro Freyre, esperan de forma paciente en el interior del vehículo para combatir el aire gélido. Saben que ningún usuario se va a aproximar hasta las estanterías para acceder a cualquiera los 3.000 volúmenes entre libros, cuentos, revistas y audiovisuales que están a su disposición. «Los pueblos se mueren», indica Freyre. Casi media hora en medio de la plaza, pero ningún vecino se acerca a intercambiar un libro, nada. «Es lo habitual». 
Arrancan y se encaminan hacia Villagarcía de Campos. En unos cinco minutos han hecho el recorrido. Aparcan en la puerta del colegio. No tardan más de unos segundos en salir de clase los escolares acompañados por su profesora. Miran cada una de las estanterías del bibliobús y buscan un título que les pueda interesar. Cuentos de todos los ámbitos, libros de conocimiento... La maestra supervisa que todos entreguen los libros que cogieron hace quince días, aunque alguno siempre se olvida y el coordinador del servicio bromea sobre sus lecturas diarias. Emilio Yordanov tiene solo diez años, estudia en el CEIP Villas del Sequillo y busca entre los libros qué ejemplar se quiere llevar  en esta ocasión. «Me gustan mucho los libros y los leo yo en casa y también las películas de dibujos», comenta entre risas mientras se arrodilla para echar un último vistazo a los tebeos. «A veces cojo cuatro libros diferentes y me da tiempo a leerlos todos». A los quince días volverá a estacionar el bibliobús a la puerta del colegio. Los escolares son los usuarios más numerosos en los pueblos porque el efecto de la despoblación está haciendo mella incluso en la prestación de este servicio. 
El coordinador recuerda que comenzó en 1986 con solo dos autobuses y desde entonces ha ido creciendo año a año hasta llegar a los 153 municipios donde se da la oportunidad a los vecinos de tener acceso a la lectura. Al resto de localidades no se acude por dos motivos. O bien tienen centro cívico con biblioteca propia o no merece la pena debido a la inexistencia de lectores en los municipios con mejor población. 
Los datos de préstamos que se realizan por los nueve bibliobuses en la provincia se mantienen prácticamente inamovibles durante los últimos años. En 2018, fueron 37.158 los menores de edad que visitaron alguno de los vehículos que se llevaron 44.645 libros y 7.357 audiovisuales. Parece que los adultos fueron mucho menos propensos a la lectura, ya que solo intercambiaron 10.961 libros y 1.689 películas y documentales. Unos datos que ponen de manifiesto que los bibliobuses se están inclinando cada vez con el paso de los años por una apuesta por los centros educativos para fomentar la lectura entre los escolares. Miguel Sagún Sánchez tiene solo seis años, pero sale con el resto de sus compañeros para intercambiar sus cuentos quincenales, aunque reconoce que no le gusta leer, pero su mamá le obliga. «Leo más o menos», afirma un poco avergonzado. Su amiga, Pilar Febrero de Castro sí prefiere leer a realizar otras actividades y tiene predilección por los cuentos y los tebeos. «Los leo en casa porque me gusta mucho». Eso sí, muchas veces tiene que visitar su madre el autobús porque a ella se le olvida devolver los préstamos. 
Continúa la ruta. El recorrido del bibliobús número 4 continúa a lo largo de la mañana después de que ningún adulto haya acudido en Villagarcía de Campos. La pesadumbre y la resignación son evidente en el ánimo del coordinador. «Una vez que los pueblos cierran su escuela se nota muchísimo que cae el número de préstamos y el municipio comienza a morir», relata Freyre, quien rememora los comienzos del servicio y su crecimiento en las décadas los 90 y 2000 cuando se fueron ampliando las rutas por los municipios hasta alcanzar las 36 actuales. 
Los cuatro vehículos parten a diario del aparcamiento de la Biblioteca Pública de la Junta de Castilla y León en Valladolid. Cada uno de ellos porta unos 3.000 volúmenes diferentes entre libros, cedés, cuentos, revistas, películas y tebeos. El sistema de préstamos funciona de la misma forma que en la ciudad. Todos los usuarios están obligados a portar su carné para que el sistema registre los préstamos que se realizan. Sin embargo, el medio rural, especialmente en la comarca de Tierra de Campos, tiene sus especiales características, ya que las reservas no se realizan por internet o de forma presencial, sino que no son pocos los usuarios que llaman directamente al coordinador para pedirle que la próxima semana traiga un título concreto de una novela o una película determinada. 
El autobús se dirige hacia Villardefrades, donde aparca en la Plaza Mayor. El cartero municipal Mario de Castro está a la espera de que aparezca. Enseguida sube y va directo a lo que quiere. Coge una revista de historia y se marcha corriendo hacia su vehículo porque tiene que continuar con el reparto y son días a mucho lío.  «Lo utilizo cada quince días, sobre todo para coger libros y revistas de historia, que es lo que más me gusta». Se muestra completamente satisfecho por la prestación del servicio, ya que considera que es la única forma de que los libros lleguen a los pueblos más pequeños. «Si no fuera así no podríamos tener acceso a los libros».
A los pocos minutos aparece Emerenciano de la Rosa. Se le está esperando. Todos los días sin falta acude a cambiar sus libros. No tiene ninguna predilección por un ejemplar u otro, solo quiere tener un libro entre sus manos. Sube al autobús con una alegría especial y no tarda ni dos minutos en hacer su elección. En esta ocasión, se llevará dos y uno que tiene en casa, tres. «Creo que ya tengo para estos quince días hasta que vuelva», bromea. 
A su 74 años no sabe vivir sin leer. Y en esta ocasión ha esperado a la llegada del autobús a pesar de que es día de mercadillo en Medina de Rioseco, la cabecera de comarca. «No me podía ir sin venir antes al bus». Lee un poco de todo, aunque finalmente sí muestra una cierta predilección por la novela histórica. Reconoce que si no fuera por el servicio tendría que acudir a la Villa de las Almirantes para coger libros en la Biblioteca municipal. «Es algo fundamental para fomentar la lectura en los pueblos, si no fuera así no tendríamos acceso a los libros». Se marcha sonriendo con su libros bajo el brazo. «Leo dos o tres cada quince días». 
El futuro de este servicio está en el aire por el efecto de la despoblación. Tal vez acuda cada vez a menor número de municipios debido  a que los pocos que los habiten no tengan los libros entre sus prioridades, pero de momento las rutas de los cuatro bibliobuses ofrecen a los vecinos de 153 municipios la única oportunidad de disfrutar del placer de la lectura. ?