Algo más que un suplente

M.B
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Algo más que un suplente - Foto: Manuel Ruiz Toribio

Pablo Gamboa jugó en el BM Valladolid de 2000 a 2005. El pivote estuvo bajo la sombra de Pisonero y Garabaya. Ahora trabaja en el departamento de logística de una empresa de tratamiento de residuos y ayuda a Ortigosa en el Beti Onak

En su palmarés tiene una Copa Asobal y una del Rey, así como un subcampeonato europeo en forma de Recopa. Pero él se queda con el aprendizaje que vivió en Valladolid, con el crecimiento como persona y deportista. Pablo Gamboa jugó cinco años al amparo de Huerta del Rey en el Balonmano Valladolid. De 2000 a 2005. Ganó dos títulos aunque él asegure que hizo poco en ambos: «Yo estaba por detrás o de Pisonero o de Garabaya, aprendiendo de ellos y jugando los minutos que les podía quitar».
Navarro de nacimiento (10 de marzo de 1983), Pablo Gamboa comenzó a jugar al balonmano, como muchos en Pamplona, en Anaitasuna. A los 17 años, tras un Campeonato de España juvenil, recibió la llamada de Juan Carlos Pastor: «También se interesó Zupo y el San Antonio, pero me decidí por Valladolid». Y para aquí se vino junto a Víctor Berezo y Albert Rocas en la apuesta que por entonces hacía el club pucelano por jóvenes valores a pulir.
Era el año 2000, él era aún un crío y reconoce que el arranque fue duro: «El cambio fue muy grande, el empezar a vivir solo. Y el balonmano pasó de ser un juego a ser una dedicación». Aprendió con Juan Carlos Pastor, del que apunta que no es que sea duro sino «exigente». «Él ve un potencial e intenta exprimirte para que lo saques. Confía en su buen ojo. Cuando te vas de Valladolid te das cuenta de cómo estabas con Pastor, te das cuenta de que aunque sea duro, él trata de hacerle la vida más sencilla al jugador, de darle toda la información del rival, de dártelo todo mascado, algo que no pasa con otros entrenadores», resume.
En Valladolid, este pivote navarro de 203 centímetros e internacional hasta la categoría júnior, estuvo hasta 2005. No disponía de todos los minutos que quería y, pese a tener contrato en vigor, habló con Pastor y con el club, y rescindió para irse a Arrate: «Estaba también un poco más cerca de casa. De Valladolid no solo me quedo con esos títulos o con el aprendizaje, también con la sensación de trabajo y de cómo podíamos hacer frente a clubes más poderosos».
Estuvo dos años en Eibar antes de irse a Madrid. Allí el Alcobendas de Rafa Guijosa le ofreció algo diferente, podía jugar mientras estudiaba una carrera: «La verdad es que de agradecer a Guijosa eso». Y allí permaneció tres temporadas, mientras estudiaba INEF. Fue un baluarte para el equipo madrileño, con una gran aportación en defensa. Aunque su rodilla izquierda ya empezaba a dar síntomas de no dejarle jugar mucho más.
«Tenía una degeneración en la rótula del cartílago. Se podía operar o poner prótesis. Se descartó porque aún me dejaba entrenar y jugar pero en 2010 tomé la decisión de retirarme», recuerda. Era aún joven. Tenía 27 años. Pero lo hizo.
Volvió un par de años después a su Pamplona natal, donde aún vive hoy. Trabajó en el mundo del fitness y de la preparación física tanto en gimnasios como en equipos de balonmano de Primera y Segunda Nacional. También como monitor de natación. «Al cabo de unos años me llegó una oferta para cambiar de sector, entrando en el departamento de logística de una empresa de tratamientos de residuos. Fue un reto, como cuando llegué a Valladolid, acepté y hasta hoy», habla sobre su presente.
Su actual trabajo le impedía seguir vinculado al balonmano por incompatibilidad de horarios, pero esta temporada le llamó Javier Ortigosa, con el que jugó en juveniles, para ser su ayudante en el Beti Onak, de Primera Nacional. 
A Valladolid hace años que no viene. De hecho sus últimas visitas han sido con algo totalmente diferente al balonmano: «Me aficioné a las motos y he ido un par de años a Pingüinos». Y deja una nota para la nostalgia: «Alguna vez he pasado por Huerta del Rey y se echa de menos».

Motero en la concentración de Pingüinos y amante del buceo

Pablo Gamboa dejó de jugar en 2010. Tras licenciarse en INEF comenzó a trabajar como preparador físico dentro del mundo del fitness y en algún club deportivo. Como muchos otros jugadores, al dejar el deporte retoman algunas de las pasiones que no pueden realizar cuando se encuentran en la elite. Así, el navarro se ha dejado ver en la concentración invernal de Pingüinos, por su afición a las motos; y, como se ve en la imagen inferior, también es un amante del buceo.